27 septiembre, 2014

A propósito de la construcción de un canal interoceánico en Nicaragua, el grueso de los costarricenses no fija una posición precisa. Me atrevería a señalar que ni el mismo Gobierno de la República lo ha hecho, al limitarse (por el momento) a exigirle al Gobierno de Ortega documentación de las implicaciones ambientales.

Hace poco más de un año fue adjudicada la concesión de la construcción del Gran Canal por el Parlamento nica, y recuerdo claramente las palabras del presidente Ortega, en una conferencia de prensa aquellos días, refiriéndose a eventuales beneficios económicos para Costa Rica.

Una oportunidad. Pese a esta realidad, en Costa Rica no ha caído en cuenta la trascendencia de este hecho histórico, y dentro de unos años seremos un país en medio de dos canales trascendentales para el comercio en América y el resto del mundo.

Esto nos abre millones de oportunidades para constituirnos en un centro logístico internacional, de servicios conexos, inversiones, negocios y demás. Por mucho podríamos llegar a ser el gran centro de distribución de mercancías en esta parte del mundo.

Sin embargo, aún hay compatriotas que les cohíbe y le temen a construcciones grandes y visionarias, pero necesarias, como el caso de la terminal de APM Terminals. Esta empresa cuenta con amplios ejemplos verídicos de calidad, proactividad y avances, como las terminales de Yokohama, Algeciras, Canal de Suez, Rotterdam, entre muchos otros.

Tenemos tiempo para planificar muchas ideas y hacerlas realidad: superiores y ágiles puertos, mejores aeropuertos, sobresalientes vías de comunicación, ferrocarriles, terminales y hasta un posible “canal seco”.

No se trata de ideologías de derecha-izquierda, estatismos o no estatismos; se presenta el forzoso desafío de lograr desarrollo por medio del comercio internacional en Centroamérica.

¡Que no se nos ocurra quedarnos de brazos cruzados!

Ernesto Escorriola Hernández, asesor en Relaciones Internacionales y Comercio Exterior.