18 marzo, 2015

El índice del año 2014 de la renombrada revista Nature , el cual evalúa la calidad de investigación en ciencias básicas y naturales a escala mundial, sitúa a Costa Rica en el puesto número 10 de Latinoamérica, superado por Chile, Brasil, México, Argentina, Colombia, Perú, Venezuela, Puerto Rico y Panamá (natureindex.com).

El índice Nature (IN) reporta únicamente el número de publicaciones de un país o institución dentro de 68 revistas científicas de prestigio.

Costa Rica publicó 25 artículos del IN en el 2014. En términos relativos, Costa Rica produce cinco publicaciones IN por millón de habitantes (INMH), mientras que el líder latinoamericano, Chile, alcanza 50. El logro de Chile se acentúa en comparación con Estados Unidos y los cinco de la Unión Europea (España, Italia, Alemania, Francia e Inglaterra), los cuales consiguen un INMH cerca de 85. Suiza es líder mundial, con 338.

El éxito de Chile. Aunque el IN es poco robusto y ha recibido considerable crítica, simplifica el análisis del rendimiento científico. En el caso de Chile, de los 856 puntos del IN, cerca de 677 corresponden a publicaciones en astronomía. Esto se debe en parte a sus cinco observatorios internacionales, que están dentro de los más importantes del mundo. Sin dichas colaboraciones, el INMH chileno baja al estándar latinoamericano de menos de 10 publicaciones por millón de habitantes, cerca de 10 veces por debajo de los países desarrollados.

No obstante, el caso sirve para ejemplificar que la colaboración es el ingrediente primordial de la tradición y productividad científica. Aunque esto no es para nada nuevo, Chile nos enseña cuál tipo de colaboración es la más importante en el contexto latinoamericano: la de importar mentes.

Becas de importación. Brasil, Chile y Argentina ofrecen entre 80 y 200 becas de posgrado para nacionales por año por cada millón de habitantes (Nature: Issues 7318, 7358 y 7510). Sin embargo, Brasil y Argentina siguen muy por debajo de Chile en el INMH: 2 y 7, respectivamente. El fenómeno se interpreta de la siguiente manera: investigadores de las más importantes universidades mundiales colaboran continuamente con Chile gracias a su infraestructura única. En el proceso, tienen la oportunidad de compartir una cultura investigativa que solo existe en los países desarrollados. En cambio, los becados nacionales que se reintegran luego de formarse en el extranjero, afrontan más dificultades para establecer una cultura de investigación.

Más allá de estadísticas. Establecer un fuerte afluente de personal académico extranjero como estándar de investigación científica, tampoco es nuevo. Suiza debe su éxito al laboratorio internacional CERN y a un 50% de personal extranjero en sus universidades federales.

Aunque introducir 50% de investigadores extranjeros en el país no es viable a corto plazo, es interesante evaluar el posible impacto de profesorado internacional ejerciendo una cátedra doble en Costa Rica. Un ejemplo es el del célebre investigador de origen costarricense Samuel Stupp. Su laboratorio en Chicago produjo más de la mitad del IN en el 2014 (13) del que produjo toda Costa Rica en el mismo año (25). El caso no es excepcional. El IN de mi subgrupo de investigación en Múnich es de 6. En términos toscos, tan solo dos profesores o cuatro posdoctorandos internacionales, trabajando con estudiantes costarricenses, tendrían la posibilidad de doblar el INMH de Costa Rica, de 5 a 10. Es decir, en menos de dos años se podría encabezar el IN en Latinoamérica como el segundo país por millón de habitantes y el quinto en términos absolutos.

Esta inversión no sería significantemente más alta que la de becar a dos o cuatro estudiantes al extranjero y, sobre todo, abriría puertas internacionales a muchos más estudiantes nacionales. Cualitativamente, las ganancias de una formación extranjera in situ para estudiantes y pequeñas empresas irían más allá de un simple número.

El autor es investigador de la Universidad Técnica de Múnich.

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