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Cómo controlar la tormenta perfecta de Europa

Actualizado el 06 de octubre de 2015 a las 12:00 am

Un motivo de preocupación es que el continente no afronta una crisis, sino varias

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NUEVA YORK – Los chinos señalan frecuentemente que en su idioma el ideograma que representa la crisis y el que representa la oportunidad son el mismo. Sin embargo, aunque es cierto que la crisis y la oportunidad frecuentemente vienen juntas, es difícil percibir oportunidades en las circunstancias actuales de Europa.

Una de las razones por las que la situación a la que se enfrenta Europa actualmente es tan difícil es que fue tan inesperada. Resulta que, súbitamente, 70 años después de la Segunda Guerra Mundial, 25 años después del final de la guerra fría y más o menos dos décadas después de la guerra de los Balcanes, el futuro político, económico y estratégico de Europa es mucho más incierto de lo que se predecía apenas hace un año.

Otro motivo de preocupación es que Europa no solo afronta una crisis, sino varias. La primera es económica: no se trata solo de la actual realidad de que el crecimiento es lento, sino de que continuará debido, sobre todo, a las políticas que a menudo desalientan a las empresas a invertir y contratar.

El crecimiento de partidos políticos populistas de izquierda y derecha en todo el continente pone de manifiesto las frustraciones y los temores del pueblo.

La decisión que se tomó hace varias décadas de introducir una moneda común sin una política fiscal común empeora las cosas para la economía europea. La disciplina desapareció a nivel nacional en muchos países; Grecia fue el caso más reciente, pero es poco probable que sea el último.

La segunda crisis se deriva de las acciones rusas en Ucrania. No hay perspectivas de que Rusia vaya a renunciar a Crimea y las dudas sobre sus intenciones en Ucrania oriental y el Báltico aumentan.

El resultado es un regreso de la geopolítica en un momento en el que el gasto para la defensa en Europa es bajo y el apoyo público para intervenciones armadas prácticamente no existe.

La tercera crisis, que es la más urgente, es resultado de los flujos masivos de migrantes del Medio Oriente y otros lugares hacia Europa. La avalancha de personas ha expuesto nuevas divisiones entre los miembros de la Unión Europea y plantea dudas sobre el principio de fronteras abiertas y de libre circulación que ha estado desde hace mucho en el corazón de la UE.

Alemania y algunos otros países han respondido al desafío de forma admirable, pero insostenible. Unos 8.000 refugiados al día – especie de Volkerwanderung moderna – ingresan a Alemania en parte debido a la difícil situación en sus países y en parte porque Alemania está dispuesta a recibirlos. El desafío de darles atención y empleo y de integrarlos pronto se enfrentará a los límites de la capacidad física, los recursos financieros y la tolerancia pública.

Es evidente que las políticas públicas no pueden tener éxito si se centran en las consecuencias, y no en las causas, de la crisis de los refugiados. El cambio que tendría el mayor impacto positivo sería el surgimiento de un nuevo gobierno en Damasco que fuera aceptable para la mayoría del pueblo sirio y un socio satisfactorio para Estados Unidos y Europa. Desafortunadamente, esto solo podría ocurrir con la bendición de Rusia e Irán, y ambos parecen estar más dispuestos a aumentar su apoyo al presidente Bashar al-Asad que a trabajar para derrocarlo.

Sin embargo, otras medidas podrían mejorar la situación. Una de ellas es aumentar el apoyo financiero internacional a los países en Europa o el Medio Oriente que reciben grandes cantidades de refugiados. Idealmente, ese financiamiento ayudaría a convencer a otras naciones de que siguieran el ejemplo de Alemania.

También sería útil crear enclaves en Siria, donde las personas pudieran acudir y recibir algo de seguridad. Dichos enclaves requerirían apoyo local de las fuerzas kurdas o de determinadas tribus árabes con respaldo militar de Estados Unidos y otros países.

Es necesario también un nuevo acuerdo extensivo con Turquía para reducir el flujo de reclutados yihadistas hacia Siria y el número de refugiados que van hacia el norte. Turquía recibiría asistencia militar y financiera a cambio de ejercer mayor control sobre sus fronteras, mientras que el asunto de la relación a largo plazo de Turquía con Europa se dejaría de lado hasta que pase la crisis.

Los Estados Unidos tienen la obligación especial de ayudar. Por lo que han hecho y por lo que no han podido hacer en Irak, Siria y en otros lugares de Medio Oriente. La política exterior estadounidense tiene gran responsabilidad por los hechos que han conducido al éxodo de refugiados.

Los Estados Unidos tienen un interés estratégico en ayudar a Alemania y Europa a lidiar con la situación actual. Europa sigue constituyendo una cuarta parte de la economía mundial y sigue siendo uno de los principales socios geopolíticos de los Estados Unidos.

Una Europa abrumada por desafíos demográficos, aunado a sus problemas de seguridad y económicos, no le permitirían ser ni la harían una aliada efectiva.

En estas circunstancias, el tiempo es clave. Europa –y Alemania en particular– no pueden mantener el statu quo. Esperar una solución al problema de Siria no es la respuesta; si bien medidas menores no resolverán los problemas de Europa, sí podrían permitir controlarlos.

Richard N. Haass es presidente del Consejo de Relaciones Exteriores (Council on Foreign Relations).

© Project Syndicate 1995–2015

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