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El conflicto de intereses de las corporaciones semilleras

Actualizado el 17 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

No debemos caeren verdadesabsolutas a favorde los transgénicos

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El conflicto de intereses de las corporaciones semilleras - 1
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La solicitud de sembrar maíz transgénico patentado por Monsanto en Guanacaste ha recibido más de 60 pronunciamientos desfavorables. Esta discusión ha involucrado a numerosos sectores de la sociedad. Entre ellos destacan la Defensoría de los Habitantes, el Colegio de Ingenieros Agrónomos, El Consejo Institucional del TEC, la Escuela de Biología de la UCR, el Consejo Académico de la UNA, el Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo de la UNED, asociaciones de apicultura y agricultura orgánica, asociaciones de mujeres, indígenas y campesinos, concejos municipales, desarrolladores turísticos, estudiantes, más de 10.000 firmantes, entre otros.

El debate internacional alrededor de los beneficios reales que representan los transgénicos y sus paquetes tecnológicos está lejos de encontrar un consenso. Por eso, agencias de seguridad alimentaria alrededor del mundo han declarado moratorias al cultivo y venta de organismos genéticamente modificados (OGM). Tal es el caso de Suiza, Polonia, Irlanda, Austria, Hungría, Grecia, Bulgaria, Perú y Kenia, entre otros. Además, en países como Francia y Rusia se ha suspendido provisionalmente la importación de algunos transgénicos cuestionados.

Algunos cultivos transgénicos han sido liberados y posteriormente retirados de ciertos mercados, luego de constatar sus efectos negativos. Tal es el caso del MON810 prohibido en países europeos como Alemania, Francia, Austria, Hungría, Grecia y Luxemburgo, no así en el continente americano. En otro caso, la variedad Starlink fue prohibida para consumo humano en todo el mundo. De este modo no debemos caer en verdades absolutas a favor de los transgénicos.

La imposibilidad de evitar el flujo de transgenes hacia fuera de la plantación impide la coexistencia entre transgénicos en monocultivo y no transgénicos en sistemas agroecológicos. Esto lo explica el profesor de la Universidad de Berkeley Miguel Altieri en su libro “El mito de la coexistencia”, del 2005. Cabe mencionar que las formas de flujo o contaminación transgénica incluyen tanto el polen, capaz de ser acarreado por viento e insectos, como la sustracción ilegal y posterior cultivo del grano por parte de funcionarios de las empresas u otros particulares que decidan reproducir las semillas.

Transgénicos ¿con qué fin? Las aplicaciones biotecnológicas en el agro podrían aportar grandes avances en procura de alimentos seguros que cubran las necesidades de la población mundial, o bien para prevenir enfermedades e incluir suplementos alimenticios. Pero lejos de este escenario, más bien se ha orientado en la dirección contraria, pues busca satisfacer intereses económicos particulares sin considerar el bienestar común. Actualmente, una decena de corporaciones comercializan semillas transgénicas, de las cuales la multinacional Monsanto posee cerca del 90% de las patentes.

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Monsanto ha sido condenada en Estados Unidos y Europa por publicidad engañosa, ya que por décadas promocionó su fórmula herbicida de glifosato y aditivos (Roundup) como una sustancia biodegradable y amigable con el ambiente.

Además, esta corporación tiene un expediente de desprecio a la vida y dignidad humanas, con tal de defender sus intereses multimillonarios. Destacan la contaminación de agua para consumo humano con sustancias tóxicas por décadas en Alabama; la producción del agente naranja, altamente mutagénico, utilizado como arma química en la guerra de Vietnam; y el cobro indebido de regalías por derechos de propiedad intelectual, por lo cual fue condenada en Brasil. Incluso se le ha vinculado con las olas de suicidios masivos de agricultores arruinados en los campos algodoneros de la India y más recientemente con la destitución del presidente Lugo en Paraguay.

A principios de este año, WikiLeaks reveló cómo los diplomáticos estadounidenses por años han apoyado una agenda política a favor de los productos transgénicos alrededor del mundo, promoviendo incluso una “guerra de mercados estilo militar”, según el cable confidencial. Esto demuestra cómo lamentablemente las decisiones en temas de bioseguridad responden a presiones políticas y no a criterios técnico-científicos. ¿Estará ya sucediendo algo similar en Costa Rica?

¿Queremos a empresas irresponsables experimentando tecnologías que implican muchos riesgos no evaluados y ningún beneficio real para la sociedad costarricense?

La Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad (CTNBio) tiene la palabra.

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