Opinión

A confesión de parte

Actualizado el 03 de octubre de 2015 a las 12:00 am

Zamora descalifica los avances del país en derechos humanos y educación sexual

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El pasado 13 de setiembre refutamos detalladamente las afirmaciones sobre sexualidad, familia, equidad de género, derechos sexuales y educación sexual propaladas, desde estas páginas, por el señor Fernando Zamora, secretario general del Partido Liberación Nacional.

Zamora intenta responder pero, de nuevo, recurre a una retórica que descalifica nuestra posición y los avances del país en temas de derechos humanos y educación sexual, asustando con el fantasma de un marxismo que destruye a la familia, le roba a sus hijos y colectiviza a las mujeres. Nada de eso es cierto, pero se hace muy difícil discutir cuando se entienden cosas tan distintas al leer los mismos textos.

Aun así, respondemos, porque siempre habrá quien ceda ante el temor o crea que es cierta la perversión que se adjudica –por ejemplo– a los programas de Educación para la Afectividad y la Sexualidad que hoy, afortunadamente, son una realidad en Costa Rica.

Selección de términos. ¿Por qué insiste Zamora en referirse a la “ideología de género”, y no al enfoque de género o al feminismo?

La escogencia del término “ideología” en un sentido peyorativo remite al concepto de ideología como “falsa consciencia”, que Zamora estaría tomando prestado, irónicamente, del discurso marxista que tanto critica.

Es decir, entiende la “ideología de género” como un conjunto de creencias falsas que buscan instruir o adoctrinar a las personas en lo relativo a su conducta sexual. Eso es falso.

Por lo general, se habla de enfoque de género en un contexto de diseño y aplicación de políticas que contemplan como metas la creación de capacidades (Nussbaum, 2008) o libertades tanto para mujeres como para hombres como parte de la agenda de desarrollo humano, liderada por Naciones Unidas.

En cuanto al feminismo, debe entenderse como el conjunto de prácticas plurales y teorías críticas que analizan la posición social e histórica de las mujeres (Castells, 1996). No se trata, pues, de doctrinas o ideologías.

Así como el primer movimiento feminista se originó en una corriente de pensamiento liberal que buscaba extender la ciudadanía a las mujeres, el segundo movimiento feminista fue catalizado por la publicación de El segundo sexo, en 1949.

El llamado de Beauvoir a que las mujeres se reconozcan como seres autónomos y ejerzan su libertad fue detonante para que esta segunda ola impulsara una agenda que amplía los derechos reproductivos y económicos, y coincide históricamente con otros movimientos grass-root como el de la diversidad o los derechos civiles, en un contexto internacional que pretende definir y hacer valer los derechos humanos, y no solo los derechos del hombre.

Aunque las primeras campañas a favor de la anticoncepción datan de inicios de siglo, estas toman mayor fuerza a partir de la aprobación de la píldora Enovid en 1960, la incorporación de las mujeres al sistema educativo y la fuerza laboral y el contenido filosófico y político que provee el pensamiento feminista.

Si bien Costa Rica se ha sumado tarde a los cambios, esta corriente de pensamiento influyó en que se aprobase el voto femenino (1949), el divorcio por mutuo acuerdo e igualdad en relación al adulterio (1974), la Convención de la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (1984), la creación de lo que hoy es el Inamu (1989), la Ley de Promoción de la Igualdad Social de la Mujer (1990), la ratificación de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (1994), la Ley de Fomento a la Lactancia Materna y la Ley General para las Guarderías Infantiles y Hogares Escuela (1994); la Ley contra el Hostigamiento o Acoso Sexual en el Empleo y la Docencia (1995), la Ley Contra la Violencia Doméstica (1996), la Ley de Pensiones Alimentarias y la Ley de Protección General a la Madre Adolescente (1997), la Ley General de Centros de Atención Integral (2000), la Ley de Paternidad Responsable (2001) y la Ley de la Red de Cuido (2014).

Derechos reproductivos. Lo que realmente preocupa de la réplica de Zamora es que insiste en demonizar el enfoque de género y, en particular, los Programas de Educación para la Afectividad y la Sexualidad aprobados y puestos en práctica desde 2012.

Como un curioso quijote de la moralidad, arremete contra los molinos de viento de “la doctrina sexual que Garnier promovió en los colegios”.

Así, por ejemplo, quiere convencer al lector de que nuestra educación sexual es abortista porque “las políticas de educación sexual del Sr. Garnier promovieron dentro de sus bloques temáticos la agenda de los derechos reproductivos, eufemismo para referirse al aborto”.

La falta de lógica es sorprendente: hablar de derechos reproductivos es hablar de aborto. Zamora niega así todos los otros derechos reproductivos: el derecho a la salud reproductiva, a decidir sobre la reproducción, entrar voluntariamente al matrimonio y formar familias, igualdad y equidad de género, seguridad sexual y reproductiva, el derecho a la privacidad y la educación sexual, y el estudio de cualquiera de los 20 métodos anticonceptivos existentes (Unfpa, 2007, OMS, 2015).

Más aún, Zamora se rasga sus vestiduras porque en el programa “se recomienda que los menores estudien las declaraciones de Pekín o El Cairo”.

Pero es que las declaraciones de El Cairo surgen de la IV Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, realizada en 1994; y fueron aprobadas por 179 países, incluida Costa Rica.

La Plataforma de Pekín, resultado de la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Mujer, fue suscrita en 1995 por 189 países, incluida Costa Rica. Pero hoy –veinte años después– Zamora se escandaliza porque nuestros jóvenes estudian esas importantes declaraciones, oficiales y vigentes aquí y en casi 200 países porque, en su mente, “son indudablemente abortistas”.

¿Qué cosa tan terrible dice sobre este tema nuestro programa? Leamos: “El eje de la salud reproductiva se aborda integralmente. No se limita a describir los procesos de la reproducción, sino que se amplía, reconceptualizándolo desde el vínculo, la responsabilidad, el respeto y la madurez emocional. Este enfoque le permite al educando fortalecer y crear barreras de protección con la vivencia y manejo de su ciclo reproductivo. Se abordan temas de anatomía, respuesta sexual, toma de decisiones y comunicación, todo relacionado con el vínculo humano en sus tres dimensiones: afectiva, corporal y espiritual. Se integra también el tema de los derechos sexuales y reproductivos y se busca conocer los alcances y limitaciones de los mismos así como la promoción de un espacio de reflexión y desarrollo de pensamiento crítico”. ¿Alguien puede ver esto como adoctrinamiento?

Contrario a la supuestamente “equilibrada doctrina sexual” de Zamora, consideramos que no se debe educar para adoctrinar eliminando opciones o información. Se educa para que las personas desarrollen pensamiento crítico, acumulen conocimiento y sepan tomar decisiones.

El objetivo de un programa educativo debe ser el de potenciar las capacidades individuales dotando a las personas de instrumentos de análisis y conocimiento para que puedan ejercer su libertad y asumir su responsabilidad.

Finalmente, hay un detalle en la respuesta de Zamora que no puede pasar inadvertido, porque es particularmente revelador de las posiciones más profundas que subyacen en su supuesta defensa de la moralidad y la familia. En su réplica, Zamora no solo subordina sino que invisibiliza a la mujer al querer entablar una conversación exclusivamente con “el Sr. Garnier”.

Sus palabras son más que evidentes: “La segunda estrategia de Garnier”, “el Sr. Garnier se equivoca al referirse”, “la afirmación que hace Garnier”, los argumentos del Sr. Garnier”, “aunque don Leonardo lo quiera negar”. Es como si Zamora quisiera discutir “de hombre a hombre”, como en tiempos idos. A confesión de parte…

Laura Cristina Blanco es economista y profesora en la Escuela de Economía de la UCR. Leonardo Garnier es economista y fue ministro de Educación del 2006 al 2014.

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