13 septiembre, 2014

“Como el hueso al cuerpo humano, y el eje a una rueda, y el ala a un pájaro, y el aire al ala, así es la libertad la esencia de la vida. Cuanto sin ella se hace es imperfecto” (José Martí, Obras Completas ).

En una nota editorial y mediante un comunicado dado a conocer el pasado 9 de setiembre, el periódico venezolano El Impulso señaló que, el próximo lunes 15, vivirá una página negra en su historia de 110 años, pues se ejecutará el “amargo trance de hacer un alto en la circulación”.

“A partir del lunes 15, y por un tiempo que ansiosamente esperamos sea el más breve posible, las páginas de este vocero del sentir de los larenses (Lara, región occidental de Venezuela) no acompañarán el cafecito de las mañanas, conforme al decir popular”.

La razón principal: los obstáculos que enfrenta la empresa de comunicación, para contar con el necesario suministro de papel, cuyas reservas van llegando a su fin. Esta situación representa, de acuerdo con el editorial, apenas “un eslabón en una pesada cadena de adversidades inherentes a la grave situación económica del país, al heroísmo que supone sostener, en esta hora plagada de incertidumbres, una empresa privada en Venezuela, y, particularmente, un medio de comunicación social independiente”.

La noticia, difundida solidariamente por otros medios electrónicos e impresos en distintos países de nuestra región, ha tocado las fibras más íntimas de mi corazón de periodista.

Recordé cuando, hace exactamente 20 años, siendo presidenta del Colegio de Periodistas de Costa Rica, viajé a Venezuela a ofrecer una conferencia sobre libertad de prensa en el marco de un congreso nacional, que incorporó a profesionales de todas las regiones del hermoso país, muchos de los cuales se expresaron con absoluta valentía y certeza de que, en su nación, eran y seguirían siendo baluarte de democracia, libertad y respeto por los derechos fundamentales.

Pero la realidad es que, con palos, tiros, vejaciones, desprecios, verborrea y sangre, en los últimos años les han caído encima a los medios y periodistas independientes en Venezuela, desde las épocas del ahora “pajarito fantasma” Hugo Chávez hasta nuestros días, cuando las locuras de Maduro son solo una muestra del desorden y desparpajo con que nuevos e improvisados liderazgos han dado al traste con la paz y la prosperidad que tanto le costó alcanzar a la patria de Bolívar.

Con los ojos húmedos, leo la nefasta noticia que nos da el diario El Impulso . Repaso las viejas luchas y me conmuevo ante la tristeza que seguramente se ha apoderado de su personal.

El cierre de un periódico constituye uno de los episodios más dolorosos por los que los periodistas transitamos, sobre todo cuando sucede ante los impávidos ojos de quienes no comprenden el papel fundamental que representa un medio de comunicación en la tarea de salvaguardar el sistema democrático, los derechos civiles y las libertades más elementales.

Así como acudí, al principio de este sentido escrito, al pensamiento de José Martí, así regreso, al final de estas líneas, a sus preclaras palabras cuando emplazaba a los liderazgos sin rumbo, diciendo: “Asesino alevoso, ingrato a Dios y enemigo de los hombres, es el que, so pretexto de dirigir a las generaciones nuevas, les enseña un cúmulo aislado y absoluto de doctrinas, y les predica al oído, antes que la dulce plática de amor, el evangelio bárbaro del odio” ( Obras Completas , tomo 7, página 230).

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