Durante décadas las instituciones públicas han competido entre sí por mayores beneficios

 20 marzo

En La Nación del 21 de febrero se informa sobre el pago irregular por ¢50 millones a tres viceministras y se publica el artículo de Paola Gutiérrez Mora, titulado “Las anualidades son una farsa”, donde se describe la irresponsabilidad de los últimos gobiernos con las anualidades.

Nuestra administración pública muestra un evidente caos en la calidad de los servicios públicos, originado en la pésima gestión de los recursos humanos, debido a la cantidad, variedad y mala calidad de leyes, regímenes salariales, pluses, convenciones colectivas, decretos, laudos, acuerdos, convenios y votos de la Sala Constitucional.

El caos actual es producto del desinterés de nuestros gobernantes y de la violación sistemática a nuestra Constitución. Esto le permitió a las instituciones autónomas, semiautónomas, empresas públicas, municipalidades, Poder Judicial, Poder Legislativo y muchas otras crear su propio sistema de gestión de recursos humanos, a su entera discreción y beneficio.

Durante décadas, las instituciones públicas han competido entre sí por mayores beneficios, y dependiendo de su poder económico, político y social, así son sus salarios, pluses y pensiones.

Privilegios crecientes. El resultado ha sido la desigualdad generalizada en puestos iguales; la creación de pluses en cantidad y variedad aún desconocida, salarios inferiores a la remuneración percibida por los sobresueldos y la aparición de salarios extravagantes, producto de la negligencia, errores o alevosía.

Otros beneficios, como la cesantía, vacaciones, horarios, comidas, transportes, horas extras y pensiones obscenas, constituyen también incoherencias generadoras de injusticias y del despilfarro descontrolado del dinero de los contribuyentes.

Otros elementos de la gestión del recurso humano, como el reclutamiento y la selección del personal, la capacitación, ascensos y concursos, así como la carrera administrativa y régimen disciplinario y de evaluación del desempeño, en las pocas instituciones que lo practican, presentan la misma patología de maraña confusa y desarticulada.

El problema es complejo y dañino, con metástasis en todas las instituciones. Si le dejamos este enorme problema a las generaciones venideras, como lo ha hecho este gobierno y los anteriores, a corto plazo peligrará la paz social.

Fórmulas viejas. La solución de crear una comisión de alto nivel ya se utilizó hace 30 años, con la Comisión de Reforma del Estado Costarricense (Corec 1, en 1987, y Corec 2, en 1992), además de la Junta de Notables del gobierno anterior.

Crear un órgano de alto nivel que controle los gastos de las instituciones autónomas y afines también se probó y opera desde hace 35 años con la creación de la Autoridad Presupuestaria. Se burocratizó y no dio los frutos esperados.

Otra solución son los proyectos de ley presentados, pero en realidad ninguno tiene una visión de conjunto, ni abarcan siquiera parte de los problemas y de las instituciones.

El proyecto 20.057, cuya visión es de largo plazo e integra a toda la administración pública, es una solución seria, pero sus efectos se irán viendo unos 10 años después de ser aprobado y esto puede llegar demasiado tarde, es decir, además de aprobarse ese proyecto, algo debe hacerse para ordenar el caos actual.

Faltan propuestas. Este gobierno lo conforman funcionarios públicos en el ejercicio del poder político desde la presidencia, ministerios, instituciones autónomas, juntas directivas y curules. Lógicamente no han mostrado ningún interés en proponer soluciones serias, ni siquiera han elaborado un diagnóstico creíble del problema. Sus decisiones están afectadas por los intereses personales y de las instituciones que los deberán recibir a partir de mayo del año entrante.

Sin una sincera voluntad política, no existe ninguna posibilidad de solución. Esta habrá que buscarla en los precandidatos a la presidencia para el próximo periodo de gobierno. Es preocupante oírlos, cuando se les interpela al respecto, responder con generalidades, frases hechas para salir del paso, desviar la atención y no afrontar la realidad.

Los periodistas, los líderes de opinión y de redes sociales, los líderes empresariales y todo aquel que cuente con interés y medios para conocer lo que realmente piensan hacer los candidatos a la presidencia con este país deberían retomar la frase que llevó a tres cuartas partes de los costarricenses a sentirse motivados de nuevo y recordarles a los precandidatos que este es el principal problema nacional y dejen de jugar con Costa Rica.

El autor es profesor de la UCR.