Opinión

Éxitos y retos digitales

Actualizado el 06 de enero de 2013 a las 12:00 am

En 15 años pasamos de las obesas computadoras fijas en los escritorios a celulares que se movilizan en los ajustados bolsillos de los jeans.

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Éxitos y retos digitales

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El jueves 20 de diciembre, la empresa NYSE Euronext aceptó vender todas sus operaciones, incluida la bicentenaria Bolsa de Nueva York, a Intercontinental Express, un gigante de las transacciones electrónicas de productos básicos con apenas doce años de existencia.

Cuatro días después, la legendaria revista Newsweek publicó su última edición impresa e invitó a los lectores a abrazar su “futuro digital”. El 17 de febrero próximo habría cumplido 80 años en tinta y papel.

Ambos hechos pertenecen a universos distintos y responden a dinámicas propias. Hacer un paralelismo entre ellos sería exagerado. Sin embargo, también los movilizan factores comunes que impactan nuestra vida y sociedad, y que han transformado los medios de comunicación y las finanzas.

Claras diferencias.- En el ámbito de las diferencias, lo primero son las magnitudes. La oferta para comprar NYSE Euronext alcanza 8.200 millones de dólares; Newsweek había sido vendida en el 2008 por un dólar y $40 millones en deuda.

El nuevo conglomerado financiero dominará una gran porción de las transacciones mundiales de acciones, derivados y commodities (mercancías y productos básicos); Newsweek se diluirá en la cultura informativa del sitio web The Daily Beast, más conocido que respetado. De allí a su extinción total la distancia es corta.

La Bolsa de Nueva York, asentada en Wall Street, mantiene su preeminencia universal; Newsweek siempre fue la segunda revista noticiosa estadounidense, después de Time, y su declive era irreversible. En 1991 su circulación llegó a 3,3 millones de ejemplares semanales; en junio de 2012 alcanzaba 1,5 millones.

La oferta de Intercontinental Express, por su trascendencia para el sistema financiero mundial, no podrá ejecutarse hasta que reciba el visto bueno de los reguladores; la digitalización de Newsweek es una decisión sin consecuencias sistémicas.

La absorción de NYSE Euronext por Intercontinental Express responde a un movimiento global hacia la consolidación de los operadores financieros; la de Newsweek por The Daily Beast es consecuencia de la fragmentación de la información y el entretenimiento.

Tendencias comunes.- A pesar de tantas diferencias, ambas decisiones se vinculan con tendencias comunes, que pueden resumirse en cuatro dinámicas interconectadas: la prevalencia de lo digital sobre lo analógico; de los intercambios virtuales sobre los físicos; de lo móvil sobre lo fijo, y del “tiempo real”, simultáneo e incesante, sobre aquel organizado en ciclos, pausas y segmentos.

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Estas tendencias han producido –y siguen haciéndolo con rapidez– nuevas prácticas sociales, estilos de vida, empresas, medios, riquezas y poderes. Pero también han alterado o eliminado otros, en particular aquellos que no logran adaptarse o transformarse ante las nuevas realidades. Los periódicos y revistas han sufrido particularmente.

Newsweek, al igual que Time, representó desde los años 30 un modelo clásico de revista informativa dirigida a públicos heterogéneos. Con periodicidad semanal, sus componentes esenciales eran la organización por secciones; los resúmenes informativos con interpretación; la identificación y revelación de tendencias políticas y sociales; el estilo depurado y compacto, y el afán de brindar perspectiva a sus lectores.

Por décadas compitieron únicamente entre sí: Time más sólida, literaria y sistemática; Newsweek más arriesgada y desafiante.

A finales de los años 70 comenzó una primera transformación. Enfrentados al desafío informativo de la televisión abierta y por cable, varios diarios diversificaron sus temas y estilos. Optaron por diseños, contenidos y calidad de impresión más “revisteriles”, y dieron el primer gran golpe a la identidad de los semanarios informativos, en Estados Unidos y otros países. A partir de entonces Time y Newsweek comenzaron una cadena de rediseños que se aceleró con los años.

Luego vino el big bang de la nueva era, con la conectividad digital instantánea mediante redes (encarnada por Internet) y su impacto inmediato en los medios y las finanzas.

La disrupción.- En 15 años pasamos de las obesas computadoras fijas en los escritorios a celulares que se movilizan en los ajustados bolsillos de los jeans; de la espera por la información de cada día a su irrupción constante y en tiempo real; de imágenes casi fantasmales en pantallas ovaladas, a representaciones nítidas y luminosas en cristales líquidos; de los medios concebidos como totalidades cerradas a su descomposición en contenidos abiertos y a la carta; de las transacciones cara a cara a las realizadas virtualmente por programas alojados en supercomputadoras o en la “nube”.

Este nuevo universo ha erosionado la razón de ser de muchas revistas informativas y otras publicaciones: ¿por qué pagar para recibir cada semana un resumen de hechos que están a la mano de un clic o del simple roce de la pantalla de un iPhone o un Galaxy? ¿Por qué comprar publicidad en el soporte impreso, que impide conocer con precisión su impacto, si podemos medirlo en sus versiones digitales, mucho más baratas?

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Hasta ahora, Time ha resistido el embate, gracias a sus plataformas impresa y digital, a su mayor capacidad transformadora, la fuerza de su marca y los profundos bolsillos de la empresa madre: el gigante multimediático Time Warner.

Por su parte, la revista británica The Economist ha prosperado sobre cinco claves: su orientación a la tribu de la élite global; la amplitud, calidad y relevancia de su contenido; su valentía para opinar con certeza; su capacidad de adaptación digital, y la creación de nuevas fuentes de ingresos consecuentes con su misión periodística.

Newsweek, abatida por años, lenta en sus reacciones, con pérdidas crecientes, dueños resistidos a seguir asumiéndolas y un público socialmente indefinido y comercialmente poco atractivo, llegó a la asfixia. Ahora solo le queda sobrevivir, si puede, con el respirador de The Daily Beast.

Modelo alterado.- La Bolsa de Nueva York, su matriz NYSE Euronext y su comprador Intercontinental Express, son otra historia. Su futuro es brillante si los reguladores permiten la fusión. Aunque suene paradójico, su integra- ción ha sido impulsada por las mismas fuerzas digitales, virtuales, móviles e instantáneas que causaron el derrumbe de Newsweek.

Con 220 años, la Bolsa de Nueva York es el eje mundial de las transacciones en los instrumentos financieros más tangibles que existen: las acciones en empresas, que equivalen a participaciones en sus edificios, canales de distribución, marcas o flujos de caja. La Bolsa es, para las finanzas, lo que The New York Times para el periodismo.

Así como el más indispensable de los periódicos ha desarrollado una exitosa (pero aún no salvadora) estrategia de suscripciones digitales, así NYSE Euronext, propietaria de la Bolsa, adquirió años atrás Liffe, de Londres, centro de transacciones del más virtual, volátil y complejo de los instrumentos financieros: los derivados.

La naturaleza de estos “productos”, casi teológicos en su nebulosa complejidad, es altísimamente especulativa. Sus precios se basan en los de otros instrumentos (por ejemplo, índices de bolsa, tipos de interés, divisas o materias primas) y siempre se liquidan a futuro. Además, se transan frenéticamente en microsegundo, en el incesante flujo de las redes virtuales.

Si Intercontinental Express está dispuesto a pagar $8.200 millones por NYSE Euronext, no es tanto por la relativa materialidad de la Bolsa neoyorquina, sino por la total virtualidad de Liffe. Ambas operaciones, sumadas a su liderazgo en los mercados de mercancías, productos básicos y energía, también en extremo volátiles, dará a la nueva empresa su imponente músculo global.

Las implicaciones.- Quizá lo ocurrido con Newsweek y con NYSE Euronext haya sido un resultado inevitable de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, y de las transformaciones socioeconómicas que han desatado. Sin embargo, esto no implica, de forma automática, que su dinámica sea deseable.

La información sin pausa y en tiempo real es buena en muchos casos. Pero también genera confusión, disloca prioridades, facilita la multiplicación de rumores y vulnera los controles de calidad que velan por la exactitud o la ética del contenido.

Las transacciones en valores financieros casi abstractos, decididas por algoritmos y realizadas sin pausa por programas informáticos que sustituyen el juicio humano, son capaces de generar enormes riqueza, y quizá progreso. Pero también multiplican los riesgos para los inversionistas y –sin adecuada regulación– pueden amenazar la estabilidad del sistema financiero.

Por esto, otro elemento común a ambos casos es la necesidad de desarrollar herramientas que, sin afectar la innovación o la libertad, protejan bienes públicos tan importantes como la integridad de los contenidos, la transparencia y solidez del tejido financiero y el manejo de los riesgos de las inversiones, para que sus consecuencias los asuman sus protagonistas, no la sociedad.

¿Cómo lograrlo? La respuesta es difícil. Hay que seguir buscándola.

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