Desde la infancia, el ser humano comienza a darle forma a su decisión vocacional

 21 noviembre, 2016

El trabajo que decidimos realizar en nuestra vida es la imagen de uno de los aspectos más importantes de nuestra personalidad.

A diferencia de lo que comúnmente se cree, la decisión de qué profesión elegir o a qué ocupación dedicarse no es una decisión del último año de secundaria, sino algo que se ha venido gestando desde nuestros primeros años de vida.

Nuestros años de infancia son sumamente importantes en la adquisición de destrezas de aprendizaje, de actitudes y conductas que van a determinar cómo seremos en etapas posteriores de vida, así como dónde comenzamos a desarrollar intereses y habilidades que nos harán únicos y con una determinada personalidad.

Pero, curiosamente, también es una etapa del desarrollo en donde no prestamos la suficiente atención en cuanto a los distintos aspectos que van a determinar hacia qué carrera, profesión o área vocacional se dirigirán los niños cuando llegue el momento de decidir.

En este sentido, tenemos que tomar en cuenta varios aspectos, los cuales, una vez identificados, nos pueden ayudar a padres, madres, profesionales de la educación, autoridades educativas, etc., a desarrollar estrategias que ayuden a potenciar tanto la identificación temprana de estos como las experiencias que pueden ayudar a que nuestros chicos logren desarrollarlos y “pulirlos”.

Es importante señalar que todos aquellos aspectos que intervienen en la escogencia de una carrera conforman lo que llamamos en orientación “desarrollo vocacional”.

Etapas. Cada una de las etapas del desarrollo vocacional, a su vez, está conformada por diferentes tareas de desarrollo cuyo cumplimiento es vital para alcanzar otro de los aspectos intervinientes en la elección de carrera: la madurez vocacional.

De esta forma, por ejemplo, en la etapa del desarrollo llamada de “fantasía”, los niños entre los 4 y los 10 años deben fantasear e imaginarse realizando roles en ocupaciones que les llamen poderosamente la atención.

Es aquí en donde el juego se constituye en una actividad imprescindible que se debe estimular. Por esta razón, es común observar en niños de esta edad jugar al bombero, al policía, a la maestra, al futbolista, etc.; juegos e inclinaciones que, además de acercarlos en una visión lúdica de las ocupaciones, los ayudan a construir intereses, a practicar habilidades y a “darse cuenta” de los valores del trabajo.

Si un niño a estas edades no tiene la oportunidad de “fantasear” y de jugar a “aquello que le gustaría ser cuando sea grande”, no podrá madurar vocacionalmente y esto, de una u otra forma, le dificultará desarrollar adecuadamente su personalidad ya que no logrará madurar, en el sentido expuesto, al no cumplir las tareas de desarrollo de las edades y etapas posteriores de vida.

Las etapas de desarrollo a las que se hace mención son: fantasía (de los 4 a los 10 años), intereses (de los 11 a los 12 años), capacidades y aptitudes (de los 13 a los 14 años), período de exploración (de los 15 a los 24 años), período de establecimiento (de los 24 a los 40 años aproximadamente), período de mantenimiento (se inicia alrededor de los 40 años y se prolonga hasta los 65 años) y el período de declive (se da anterior al momento de la jubilación o retiro, y finaliza cuando ya no se participa en el mundo laboral).

Desarrollo. Todas estas etapas del desarrollo vocacional poseen tareas que las personas debemos cumplir para alcanzar un desarrollo óptimo e integral, así como la sensación de una vida plena. Además, es en cada una de estas en donde construimos nuestros intereses, habilidades, metas y adquirimos el dominio de la información de las oportunidades que nos ofrece el medio.

Así que cuando usted observe a su hijo, nieto o estudiante decir que le gustaría ser policía, que le gusta hacer figuras con plastilina, que le gusta bailar, que expresa saber en lo que es hábil, que demuestra una actitud positiva hacia las demás personas o que tiene una pregunta a cada cosa que observa que hacen los otros, sepa que ese es un espejo del desarrollo por el que usted probablemente ya pasó y, además, tenga certeza de que, desde ese momento, ese niño está comenzando a darle forma a esa decisión vocacional que tomará en años posteriores.

El autor es orientador.