Opinión

El comienzo de la vida

Actualizado el 23 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

Es posible transformar un país a través de sus ciudadanos más pequeños

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“Cada niño que nace es una especie de sorpresa para la humanidad, y para mí ese es el espíritu con el que debemos darle la bienvenida a un niño”. Con estas palabras, la artista Vea Vecchi introduce el documental El comienzo de la vida (producido por Maria Farinha, de Brasil) y, a la vez, hace una invitación poética y muy poderosa a conectarse con la posibilidad, la vida y la infancia.

Un documental de 90 minutos que resalta la importancia de la primera infancia, sus desafíos, el respeto al tiempo y al desarrollo natural, la importancia del apego y de vivir en comunidad.

Todos estos temas son abordados desde distintas disciplinas por pedagogos, economistas, psiquiatras, médicos e investigadores, que comunican mensajes y evidencias poderosas sobre cómo mirar y darle valor al comienzo de la vida desde una perspectiva científica, humana, comunitaria y de relaciones.

Niño fuerte. A partir de una gran influencia del enfoque de las escuelas Reggio Emilia, en Italia, se describe al niño como uno de los mejores sujetos de aprendizaje y como un científico e innovador por excelencia.

Con su capacidad de asombro, de generar conexiones, de plantearse e investigar hipótesis, de relacionarse con el otro empáticamente, este niño es ejemplo de las mejores capacidades del ser humano.

Como adultos, debemos empoderarlo para aumentar su autoconfianza y, además, respetar sus tiempos naturales de aprendizaje y desarrollo, para así darle la libertad de entender el mundo y recrearlo según su experiencia y las conexiones neuronales que va formando, gracias a los vínculos seguros que tiene con los adultos y otros niños.

Cerebro superpoderoso. Hemos escuchado muchas veces lo increíble que es el cerebro infantil, pero los números lo hacen aún más evidente. Jack Shonkoff, pediatra e investigador del Centro del Niño en Desarrollo, lo plantea así: “En los primeros años de vida de una persona, el cerebro realiza entre 700 y 1.000 conexiones nuevas por segundo”, y a esto, agrega el economista Flavio Cunha: el afecto es la cinta adhesiva que une a las neuronas. Esas relaciones e interacciones humanas son un ingrediente crucial para garantizar estas conexiones de doble vía.

La familia. Desde una perspectiva de diversidad familiar, la maternidad y la paternidad deben asumirse en igualdad de condiciones, independiente del género de quien lo asuma. Un cuidador primario es, como dice el psiquiatra Stanislav Grof, el primer ejemplo de humanidad con el cual el niño tiene contacto y determina cuánto apoyo podrá esperar de otras personas. Este rol puede ser asumido por una o varias personas, lo valioso es el apoyo y respeto mutuo y el tiempo de calidad que cada uno brinda a la relación.

Juego y naturaleza. Jugar para los niños no solo es divertido, sino que es su forma primordial de aprender, así viven su día a día. El juego en y con la naturaleza es de las vivencias más puras, bellas y éticas que pueden tener.

Los niños piden tiempo y espacio para jugar. Los materiales cotidianos y abiertos ellos mismos los encuentran en su contexto y los transforman simbólicamente una y otra vez, con su fuerte sentido creativo y metafórico.

Depende del adulto que no limite ese juego, sino que se pueda sumergir en el asombro, escuchar y dialogar con el niño. Se necesita, como dice Vea Vecchi, “adultos que continúen encantándose”.

Crecer en comunidad. Sin embargo, cada vez los humanos nos aislamos más, cuando en cambio los niños necesitan de sus iguales y de otros adultos como referencia para crecer.

El sentido de pertenencia a una comunidad debe ser un valor que viva cada individuo y a la vez nos hace responsables a todos de estos ciudadanos pequeños: madres, padres, abuelos, tíos, vecinos y la humanidad completa.

Los niños deben sentirse acogidos y los adultos deben poder apoyarse. Las escuelas deben ser lugares de participación y de vivencia en comunidad.

“La ciencia dice que no se puede ayudar a los niños sin ayudar a los adultos que cuidan de ellos. Los niños no son ayudados por programas, sino por personas. “Las consecuencias de no darles a los niños lo que necesitan cuesta mucho para la sociedad”, afirma Shonkoff

Esta es una invitación de urgencia para ver el documental y pensar cómo podemos soñar y actuar por una Costa Rica donde todos los niños tengan el mejor comienzo de vida. Lo digo porque creo que es posible transformar un país a través de sus ciudadanos más pequeños.

La autora es educadora.

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