Las claves de la ‘Sele’
Opinión

Las claves de la ‘Sele’

Actualizado el 08 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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Las claves de la ‘Sele’

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Lo que alcanzó la Sele en Brasil no es resultado de alguna dormida virtud mística consustancial a nuestra nacionalidad, que se conjura a voluntad en ciertas ocasiones especiales. Lo digo, pese a que parece ser algo tan evidente, pues he escuchado cientos de veces que los éxitos alcanzados son una comprobación irrefutable de que, “cuando los ticos quieren, pueden lograr lo que se proponen”, es decir, de que la sola voluntad de obtener el éxito es suficiente para obtenerlo.

Esta simplificación de procesos, que son muchísimo más complejos, es algo que desafortunadamente no solo vemos en el fútbol, y que resulta un lastre para nuestras posibilidades de acometer seriamente algunos de los retos más perentorios que tiene el país por delante.

Trabajo enorme. El propósito y la voluntad son importantes, pero de ninguna manera suficientes. La Selección Nacional de Fútbol obtuvo éxitos no porque un buen día amanecieron todos sus jugadores decididos a ganar, sino porque se hizo un trabajo enorme, sacrificado y, muchas veces, doloroso, no siempre con el viento a favor, pero siempre con una gran convicción.

Tuvimos la suerte de elegir, a la cabeza del grupo, a una persona que tuvo siempre muy claro lo que quería hacer. Los ataques de algún sector de la prensa y aficionados nunca lo desviaron del camino que tenía trazado.

Se concentró en el fondo y, cuando las críticas arreciaron, no se arrugó, ni tampoco quiso vendernos como éxitos cosas que no lo eran, ni trató de validar lo que hacía, criticando lo que habían hecho otros.

No hubo excusas como “Así me encontré a este grupo”. Se decidió por el trabajo riguroso y permanente, y no cayó en la tentación de hacerle gestos a la gradería para aliviar la presión. Nunca había estado en un Mundial, pero se preparó de tal manera que no se llevó ninguna sorpresa. Por eso, lo respetamos y lo respetaron sus jugadores.

Pinto se benefició de la colaboración de un cuerpo técnico experimentado y que se alineó con su idea de juego desde el principio: personas nuevas en estas lides (salvo, quizás, Gabelo, que ya había estado en otros procesos), pero con una experiencia invaluable en el campo, que llegaron a complementar su trabajo. No se improvisó en estos nombramientos, y se escogió a quienes podían aportar desde su propia trayectoria. El grupo trabajó unido, sin contradicciones, malentendidos o rectificaciones públicas de disensos reales o imaginarios, como pasa con los grupos que tienen una ruta común definida con claridad por su líder.

Contó, además, con su vocero en la cancha, el capitán del equipo, en sintonía con lo que venía desde el banquillo. Nunca hubo contradicción entre el cuerpo técnico y su capitán, nunca malos entendidos o confusiones. Y contó con un grupo de jugadores sin dudas, sin discursos opuestos o ambivalentes, ni en lo futbolístico ni de frente a la prensa y a la afición. Escogidos por su capacidad y por lo que podían aportar a la idea de juego, que, por supuesto, debía estar clara desde el principio.

Conocimiento y disciplina. Con una idea de juego definida, con conocimiento profundo y riguroso de lo que se tenía que enfrentar, y con todo el grupo matriculado, venía la ejecución. Lo que más le admiramos a esta Selección fue su disciplina. Era, de verdad, un placer ver a esa línea de cinco defensas moviéndose coordinadamente hacia delante o hacia atrás. Nos llenó de confianza y esperanza, contrariamente a los equipos en que todos parecen moverse por la libre. Esa disciplina fue fundamental.

Tener disciplina, por supuesto, no es solo un ejercicio de voluntad personal. Es también, y sobre todo, un ejercicio de convicción, ratificando una visión común, claramente definida y practicada una y otra vez en los entrenamientos y los amistosos. Y, sobre todo, de un conocimiento riguroso de lo que venía, de los rivales, de los retos y de las reglas del juego, por más básico que suene esto. De planificar los partidos, de no dejar nada por fuera. De conocer la música que venía para poder bailarla sin problemas.

La voluntad de ser mejores tiene que concretarse con mucho trabajo, preparación, rigor, consistencia, concentración, y sin perder legitimidad con excusas vagas y gestos inútiles, eludiendo la responsabilidad y desviando la atención. Disciplina, solidaridad y orden. Una visión común, claramente explicada y ejecutada. Esas fueron las claves de la Selección Nacional de Fútbol.

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