Por: Nuria Marín Raventós 21 septiembre, 2014

¿Es lo óptimo vivir en una solución habitacional de 18 metros cuadrados? Aunque sorprenda, esta podría ser la única opción de vivienda –condominios verticales– a la que podrían tener acceso personas solteras y parejas jóvenes de clase media.

Para familias más amplias, la perspectiva espacial no es mucho mayor, pues rondará los 50 metros cuadrados, y, de ahí, la afirmación de la Cámara de la Construcción en cuanto a que los costarricenses deberán acostumbrarse, cada vez más, a vivir en espacios más reducidos.

La reducción de espacio no es el único reto que enfrenta este segmento de la población, llamado a ser el pilar y cimiento de nuestro equilibrio social. Lo cierto es que la clase media –y, en especial, el núcleo familiar con ingresos cercanos a ¢1 millón– ha sido la gran sacrificada en el país, al tener cada vez menos posibilidades de obtener una vivienda propia.

Para los grupos más pobres, existe una variedad de programas, aunque insuficientes, con accesos diferenciados a un bono, mientras que los más privilegiados tienen acceso a crédito adecuado a sus aspiraciones, o no requieren de ayuda.

Si bien se creó el Fondo para el Financiamiento para la Clase Media (ley 9157), este, tristemente, no ha impactado de forma significativa, dado el tamaño de la demanda, la reducida capacidad de endeudamiento (¢30 millones) y la poca oferta disponible.

Esta es una de las conclusiones del estudio “Situación de Vivienda y Desarrollo Urbano en Costa Rica” (Fuprovi, 2013), que también apunta como factores adversos los altos valores de la tierra, el manejo territorial por las municipalidades y el bajo nivel de ahorro (prima).

Las condiciones resultan más adversas ante las recientes restricciones del crédito en dólares, y aún se desconoce el impacto en el tipo de cambio y las tasas de interés luego de la rebaja en la categoría de riesgo del país (Moody´s).

Dar soluciones a esta clase media tan olvidada no solo resolverá una deuda social, sino que también servirá para reactivar un sector tan relevante para la economía y la generación de empleo como lo es la construcción.

En este esfuerzo, en el que no estamos solos, pues Chile y Colombia enfrentan retos similares, será importante la articulación de los sectores público y privado, así como la búsqueda de innovadores instrumentos financieros (por ejemplo, menores cuotas al inicio o combinación de monedas).

Pensando en el bienestar de la gente, debemos propiciar lugares públicos –parques y zonas verdes– que ayuden a amortiguar los estresores psicosociales –como la violencia social e intrafamiliar– que puede producir la convivencia en espacios más reducidos.

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