Opinión

Una ciudad, muchos dueños

Actualizado el 03 de mayo de 2017 a las 10:00 pm

Existe una falta de coordinación institucional en la Gran Área Metropolitana

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En el llamado bulevar del barrio Los Yoses, concretamente en los aproximadamente 150 metros comprendidos entre la calles 35 y 37, de oeste a este, son evidentes el relativo buen estado de la calzada, de sus aceras y de su ornato: ¿por qué razón no es así en los casi 600 metros restantes en dirección este?

La respuesta, por sencilla, parece absurda: esos 150 metros son los únicos pertenecientes al Municipio josefino, mientras que la distancia restante es responsabilidad de la Municipalidad de Montes de Oca. En dicho trecho, los conductores añoran las “comodidades” de la trocha 1856. Tal es el estado de la calzada, para no hablar de las aceras, sobre todo, cuando esa vía se acerca a la Fuente de la Hispanidad, donde, por cierto, existe un paso peatonal regulado y altamente transitado.

Descoordinación y derroche. Como esa, son decenas las situaciones que serían ridículas, si en realidad no fueran trágicas para la ciudadanía que las sufre cotidianamente, sea a pie o desde sus autos. El motivo es la falta de coordinación –cuando no de simple entendimiento– intermunicipal o interinstitucional, en lo relativo a las acciones de toda índole emprendidas en la Gran Área Metropolitana.

Por ejemplo, todo costarricense de la subregión metropolitana sabe –porque lo ha visto decenas de veces en la vida y ha sufrido sus consecuencias– que basta con que la municipalidad respectiva asfalte una calle cualquiera –por lo general más mal que bien, pero es asfaltado al fin–, para que un día se le ocurra al AyA reparar o cambiar una tubería en ese mismo sector.

El pobre asfaltado, entonces, y el más pobre ciudadano aun –pues paga por todo aquello–, ve repetirse un calvario muy nuestro: una cuadrilla abrirá la zanja, y solo luego aparecerá otra para reparar la tubería… lo que resulta imposible de saber es cuándo vendrá la cuadrilla encargada de cerrar la zanja aquella y medio reparar el asfaltado roto con lo que pueda.

Cuando venga, si lo hace con asfalto, será uno que por ser distinto no va “a pegar”; lo hará con concreto mal preparado y peor aplanchado en otra ocasión y, en el último de los casos, con un lastre de mala calidad que, en cuanto empiecen las lluvias, se lavará drásticamente y dejará la calle de nuevo en un estado tan lamentable como el que pretendía reparar la municipalidad con su trabajo.

Así, el resultado de esa autónoma acción institucional será muy parecido al del famoso bacheo municipal, o sea, hacer los huecos al revés: ya no hondos hacia abajo, sino altos hacia arriba y, en cualquier caso, peligrosos para el auto que pase por allí. ¿Y al peatón?… a ese que se lo lleve quien lo trajo a este metropolitano valle de lágrimas, pues si de algo se carece en la subregión es de aceras y, peor aún, de la conciencia de su necesidad para la seguridad de quienes pagan sus impuestos por ellas.

Son muchos los dueños. La reparación de la tubería del ejemplo pudo haberse efectuado antes de que el municipio asfaltara, pues la lógica dictaría que antes de emprender alguna acción es necesario coordinar con los otros gestores de la ciudad. Mas, en San José, eso no es posible, con el consecuente derroche de los muchos recursos pagados por el público anualmente e invertidos por dichas instituciones.

No es posible porque en nuestra ciudad y en su área metropolitana la infraestructura hidráulica y sanitaria es del AyA; los postes y los cables, de Fuerza y Luz; las vías nacionales, del MOPT; los hospitales y otros centros de salud menores, de la CCSS; la telefonía fija e inalámbrica, del ICE; y los “centros educativos” –como llaman a las escuelas y los colegios, sabrá Dios por qué– son del MEP, cuando no andan como moro sin señor en manos de las juntas educativas… solo para brindar unos ejemplos.

Por eso, se comprende, una municipalidad como la josefina es poco en realidad lo que puede hacer por la planificación urbana básica del casco central capitalino, eje y origen de todo (des)orden urbano en el resto del país.

Frente a instituciones manejadas como feudos por sus mandos medios, cotos cerrados constituidos en fines en sí mismos desde hace décadas, ni ese ni ningún otro municipio tiene gran cosa qué hacer.

Un San José donde los dueños institucionales son tantos se convierte, en su área metropolitana, en una cosa informe, en una mancha seudourbana donde a los feudos de acción institucional se suman los feudos territoriales que son las municipalidades cantonales.

El resultado es, y no puede ser otro, que el caos que estamos viviendo: ¿hará falta explicar con mayor detalle la necesidad de un distrito metropolitano único?

El autor es arquitecto.

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