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El cinismo político y sus remedios

Actualizado el 27 de enero de 2013 a las 12:00 am

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El cinismo político y sus remedios - 1
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Algo debe de correr en la venas de nuestra humanidad que explique porque el poder sin control y propósito de progreso humano, transforma a las personas para mal. No es la corrupción política, ni la falta de preparación para el puesto o la ocupación de un puesto para fines clientelistas; la mayor de las enfermedades en la política. En el centro de estos males existe una falencia, una pieza vital del rompecabezas, algo que quizás es el origen de estas y otras molestias o enfermedades y tiene por nombre, cinismo. Un cinismo que tiene su raíz en algunas costumbres sociales, definido como “desverguenza en el mentir o en la defensa o práctica de acciones o doctrinas vituperables”. Quizás la mejor, forma de entender las manifestaciones de cinismo político es de la mano de dos grandes observadores del cinismo; Ambrose Bierce y Diógenes. Sus vidas separadas por un poco más de 2000 años nos enseñan que el cinismo es una debilidad humana.

Lo viejos hábitos de la política. Ambrose Bierce fue periodista y escritor. Participó en la guerra civil norteamericana. A sus 71 años, enfermo, abandonado por su esposa y recién muertos dos de sus hijos , decide emprender su última aventura y participar en la revolución mexicana, en sus palabras: “Quiero bajar y ver si los mexicanos pueden disparar derecho”. Su definición de cinismo: “Miserable cuya defectuosa vista le hace ver las cosas como son y no como deberían ser. Los escitas acostumbran arrancar los ojos a los cínicos para mejorarles la visión”, nos lleva a reflexionar sobre la base del cinismo, como mentira fabricada, como un teatro, donde los personajes son inventados y sus trajes y escenario artificiales. Muy alejados de las realidades de las personas o de la sociedad. El disfraz o mascara oculta las verdaderas intenciones o la verdadera acción política. Así Brice nos define la política como: “Conflicto de intereses disfrazado de lucha de principios. Manejo de los intereses públicos en provecho privado”. El común de las personas que trabaja y lucha por su vida todos los días queda alejada y sin posibilidades de entender los entretelones de la política. Diógenes, ateniense, respondía siempre a la pregunta de dónde era con “ciudadano del mundo”, tenía como únicas posesiones una capa y un bastón. Se dice que en una ocasión sentado cogiendo el sol, se le acercó Alejandro Magno, quien le dice: “Pídeme los que quieras”, a lo que este le respondió: “Pues no me hagas sombra”. Las sombras que proyecta el cinismo, no nos permite ver con claridad los asuntos públicos, de allí que con más cinismo, tengamos menos confianza y seguridad en la política. Diógenes nos lo explica en forma simple: “Los que dicen cosas buenas y no las hacen, no se diferencian de una citara, pues esta ni oye ni siente”.

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La administración pública. El cinismo en el ámbito de la administración pública, nos lleva a vigilar que la dirección de los recursos y beneficios del Estado sean dirigidos a pocos y que los costos sean dirigidos a muchos, Bierce, define la República como “Entidad administrativa manejada por una incalculable multitud de parásitos políticos, lógicamente activos pero fortuitamente eficaces”. Y profundiza en lo que para él es decidir: “Sucumbir a la preponderancia de un grupo de influencia sobre otro grupo de influencia”. No revisar la veracidad en la administración pública es dar licencia sin límites para ideas o acciones descabelladas o perjudiciales para el bien colectivo. Diógenes, era de la misma época que Platón. En cierta ocasión, habiendo dicho Platón que el hombre era “una animal de dos pies sin plumas”, Diógenes tomó un gallo y le quitó las plumas. Luego, y ante Platón y sus discípulos, les echa el animal en el piso, diciendo: “Este es el hombre de Platón”. Comparar los que se dice con lo que se hace o hizo. Es lo que determina la diferencia entre el gallo desplumado de Diógenes y el hombre y la mujer real. La razón de ser de la política es precisamente la capacidad de transformar una idea, una visión, un objetivo en realidad verificable por los hechos, no por las palabras. Bierce, era un joven idealista, que luchó 4 años para abolir la esclavitud. El asesinato de Lincoln y el incumplimiento de sus promesas y abusos y corrupción del Gobierno que le siguió, lo llevó ha ser un crítico muy agudo contra la corrupción y a una enorme decepción. La práctica del cinismo en la administración pública lleva a la deshumanización del sistema político y a la pérdida de confianza en lo político.

No votar o votar nulo es votar. Quizás no se ha reflexionado lo suficiente sobre las enormes consecuencias de no votar o votar nulo, Bierce, nos apunta a una definición algo extraña del voto: “Instrumento y símbolo de la facultad de hombre libre de hacer de sí mismo un tonto y de su país una ruina”, quizás la mejor forma de entenderlo es con su definición de votante: “El que goza del sagrado privilegio de votar a un candidato que eligieron otros”. Para ilustrar nuestra regla de votación imagínese que hay un candidato minoritario que tiene 2 votos de un total de 10, esto significa que tiene un 20% de la intención de voto. Ahora agreguemos el hecho de que la mitad de población que puede votar, no vota, sea porque no se presenta a votar o porque su voto queda nulo. En tal caso, de las 10 personas que antes iban a votar solo irán 5 personas, la cantidad de votantes se redujo a la mitad por lo que las dos personas que votaran por el candidato minoritario representaran un 40% de los votos validos emitidos. Esto significa que el candidato con apoyo minoritario puede ser presidente, simplemente por el voto de abstención o nulo de la inmensa mayoría. El cinismo en una campaña electoral, lleva a que muy pocos decidan el destino de muchos. No es que el sistema electoral tenga problemas, es la manera en que lo usamos. En una ocasión Diógenes cogía higos, y como el guarda le previniese sobre aquella higuera: “De ella poco hace se colgó un hombre”, respóndele Diógenes; “Pues yo la dejaré pura”.

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El mejor de los remedios. Consiste en ver las cosas desde la óptica de la realidad, no de nuestras ilusiones o deseos. Puede ser duro y difícil, pero, es el mejor camino, como decía Simón Bolívar, “prefiero la dura realidad de una desilusión que mil ilusiones falsas”. Bierce, ya en México, le dirige su última carta a su esposa, le dice: “Si oyes que me pusieron contra una pared de piedra mexicana y me hicieron harapos a tiros, toma nota de que pienso que es una buena manera de partir de esta vida, mucho mejor que morir de viejo, de enfermedad o caer de las escaleras del ático”. Como dice Bunge, “la actitud científica puede hacernos más sabios: nos haría más cautos, sin duda, en la recepción de información, en la administración de creencias y en la formulación de previsiones' robustecería nuestra confianza en la experiencia'; nos daría una visión del mundo eternamente joven, basada en teorías contrastadas, en vez de estarlo en la tradición, que rehúye tenazmente todo contraste con los hechos”. No se sabe con exactitud qué pasó con Bierce, los más creíble es que que cayó preso junto con soldados villistas en la batalla de Ojinaga, y luego fusilado.

Este famoso personaje desapareció para siempre si saber sus causas. En el caso de Diógenes, muere en Grecia el mismo día que Alejandro Magno en Babilonia, él a los 90 años, Alejandro a los 33. Verificar si lo que se nos dice es cierto, exigir la virtud de la veracidad en el ejercicio de puestos públicos o de candidatos electorales, es un buen inicio para llegar a ese futuro que Bierce, modelo del Gringo Viejo de la novela, nos propone: “Época en que nuestros asuntos prosperan, nuestros amigos son leales y nuestra felicidad está asegurada”

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