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Cuando chocan los bloques

Actualizado el 30 de diciembre de 2013 a las 11:55 pm

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BUENOS AIRES – Las dos grandes agrupaciones económicas de Latinoamérica –la Alianza del Pacífico y el Mercado Común del Sur (Mercosur)– están aplicando una mayor integración en la economía mundial de formas muy diferentes. Su éxito dependerá no solo de sus estrategias particulares sino, también, de que estas se complementen. Solo así puede llegar esa región a desempeñar un papel importante en la economía mundial.

La Alianza del Pacífico –compuesta por Chile, Colombia, México y Perú– representa casi el 40% del PIB de América Latina, después de haber crecido un 2,9% anual, desde el 2000. Las cinco economías del Mercosur –Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela– representan el 50%, aproximadamente, del PIB de la región y en el mismo período crecieron una media del 3,4 por ciento, aproximadamente, al año, si bien el crecimiento se ha desacelerado desde el 2010.

Pero aún no se ha hecho realidad todo el potencial de esas economías. Mientras que el Mercosur ha logrado, relativamente, la integración comercial, pues el comercio dentro de ese bloque representa el 15% del comercio total de los países miembros (y más del 25 por ciento en el caso de Argentina, Paraguay y Uruguay), no ha profundizado la integración de los mercados de bienes y servicios.

Además, aunque el comercio dentro de la Alianza del Pacífico representa solo el 4%, los dirigentes de los países miembros no se mostraron particularmente ambiciosos en la cumbre que celebraron el pasado mes de mayo. Si bien acordaron eliminar a corto plazo todos los aranceles correspondientes al 90% de los bienes objeto de comercio, el grupo aún no ha logrado avances hacia la formulación de normas comunes sobre la “acumulación de orígenes” (por la que los países miembros dan el mismo tratamiento a las mercancías que importan unos de otros que a las propias).

No es de extrañar que la Alianza del Pacífico, lanzada en el 2012, vaya a la zaga de Mercosur, que ya tiene dos decenios de vida, por lo que se refiere a las formas de integración comercial y de otra índole, pero eso no justifica que no haya adoptado medidas más concretas, sobre todo porque sus países miembros son los más receptivos de Latinoamérica a la liberalización comercial. De hecho, los miembros de la Alianza del Pacífico son los que tienen más acuerdos de libre comercio y figuran entre las economías más competitivas de la región.

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En cambio, los miembros del Mercosur siguen mostrándose cautelosos respecto a una excesiva liberalización del comercio y, con excepción de Brasil (y en menor medida, Uruguay), son mucho menos competitivos. Como consecuencia de ello, en los últimos años, esa agrupación ha ido convirtiéndose cada vez más en un motivo de frustración, al no avanzar en la integración, incluso por retroceder en algunos sectores.

En realidad, pese a algunos logros políticos y económicos, el Mercosur no ha logrado avanzar en gran medida hacia el “regionalismo abierto” –independencia económica y una mayor integración en la economía mundial mediante la liberalización preferencial y acuerdos de desreglamentación– que propuso hace dos decenios la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe. Los miembros del Mercosur no han establecido acuerdos de libre comercio con otros países y sigue sin haber posibilidades de concluir el acuerdo que llevan varios años negociando con la Unión Europea, al parecer por la oposición de Argentina.

Pero también el Mercosur es esencial para la integración económica mundial de América Latina, sobre todo por su país fundamental, Brasil, cuya influencia y sus conexiones internacionales no tienen igual en esa región. Si la creación de la Alianza del Pacífico refleja, como parece probable, un apoyo menguante para el Brasil como voz principal de América Latina en la comunidad internacional, los avances hacia la integración regional y las gestiones para negociar una mayor integración económica con los países de Asia y el Pacífico (uno de los objetivos básicos de la Alianza) podrían resultar más difíciles.

Con ese telón de fondo, la competencia entre las dos agrupaciones sería perjudicial para todos. Si el Mercosur y la Alianza del Pacífico no idean estrategias complementarias de integración, otros países pueden llegar a la conclusión de que vale la pena cooperar solo con la Alianza y dejar que el Mercosur se hunda en la insignificancia; pero, sin la fuerza económica de este último, los países no podrían impulsar el ascenso de Latinoamérica hacia la prominencia mundial.

Aun con un planteamiento constructivo, sería difícil lograr una integración económica más profunda y de mayor calidad con las economías en ascenso de Asia. Las exportaciones de América Latina a la región del mundo que ahora crece más rápidamente corresponden, sobre todo, a bienes primarios. Por ejemplo, el 70% de las exportaciones lationoamericanas a China, en el 2010, fueron productos básicos; y el 25%, productos manufacturados derivados de esos materiales, muchos de ellos con poco valor añadido.

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Esto expone un problema importante para América Latina. Los países asiáticos, como las economías desarrolladas, tienen un sistema de progresividad arancelaria: cuanto mayor sea el valor añadido a los bienes primarios, mayor será la protección. Entonces, si los países latinoamericanos quisieran exportar bienes con mayor valor añadido, afrontarían aranceles mucho mayores, lo que socavaría su competitividad en los mercados asiáticos.

En vista de ello, los acuerdos generales de libre comercio son esenciales. Pero, si bien podrían brindar oportunidades para una mayor participación en las cadenas mundiales de valor, su repercusión sería limitada sin políticas encaminadas a mejorar la competitividad y diversificar la estructura de producción. El aumento de la cooperación regional aceleraría ese proceso.

Juntas, las agrupaciones económicas de América Latina pueden constituir una plataforma importante desde la cual poder mejorar la estabilidad económica interna, aumentar la competitividad, impulsar la integración regional y conseguir un papel más importante en la economía mundial. De hecho, con estrategias audaces, amplias y armoniosas, el Mercosur y la Alianza del Pacífico podrían conseguir que Latinoamérica participara de forma destacada en la economía mundial.

José Luis Machinea, profesor de la Universidad Torcuato di Tella y de la Universidad de Buenos Aires, ha sido ministro de Economía y presidente del Banco Central de la Argentina, y secretario ejecutivo de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (Cepal). © Project Syndicate.

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