Opinión

La caverna de Platón y ‘la platina’

Actualizado el 15 de marzo de 2017 a las 12:00 am

¿Cuándo vamos a cambiar nuestra historia y a no seguir disfrazando realidades?

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La caverna de Platón y ‘la platina’

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Es peligroso que hagamos creer a nuestros hijos y a las futuras generaciones proyecciones que son meras apariencias.

Platón plantea en el mito de la caverna una historia donde todo transcurre dentro de una caverna y los habitantes de esa caverna estaban siempre de espaldas a la luz de un fuego; y entre el fuego y los habitantes, otros objetos se mueven creando sombras, razón por la cual los habitantes solo conocerían la realidad de esas sombras, y no su luz.

Hoy nos toca discernir entre las sombra de un nuevo puente. La construcción del puente no es razón de progreso, sino de la mediocridad de no haber podido repararlo.

No creo que ningún benemérito de la patria hubiese querido estar en la lista de elegibles para el nombre del puente, y seguramente elegirían que se siga llamando “la platina”.

No es justo tocar la memoria de don Alfredo González Flores. Él no pudo defenderse para relacionar su gran legado con una obra tan simple, pequeña y trágica como dicho puente.

Obra prolongada. Hemos invertido en reparaciones aparentes e imprecisas. Fueron necesarios tres diferentes gobiernos para poner fin a la noticia más tristemente comentada en los últimos tiempos. No hay nada de orgullo en hacer un puente nuevo, luego de muchos millones desperdiciados y ocho años transcurridos.

La construcción de un puente nuevo, más que por necesidad, se hizo para ocultar la frustración que ocasiónó las constantes reparaciones a la vieja estructura. Aunque se pagó por ello, nadie pudo arreglarlo.

Nos queda un puente que ha contribuido más a fomentar el teletrabajo que el propio Ministerio de Trabajo. Un puente que ha contribuido a que nos levantemos tempranito. Que nos ha llevaba a conocer otras rutas y localidades de este hermoso país. Que ha generado todo tipo de análisis, estudios, denuncias y que ha fomentado la investigación en muchísimos campos.

Al final los trabajos de construcción han generado trabajo para muchísimas personas, formal, dichosamente, e informal, tristemente, como los vendedores de mango verde, papás y gelatinas en las gigantescas presas vehiculares.

Realidades disfrazadas. ¿Cuándo vamos a cambiar nuestra historia y a no seguir disfrazando realidades?

¿Acaso no es disfrazar la realidad del país sabernos maniatados, ineficientes y que no hemos solucionado el problema de una pequeña obra? ¿Acaso hoy alguien puede presumir de que construimos un puente?

Por qué razón sancionar el legado de nuestros abuelos, asociándolo a nuestra falta de compromiso y determinación. Triste sería el desenlace de nuestra Costa Rica si a nuestros abuelos, incluido don Alfredo González, les hubiese tomado tanto tiempo solucionar los problemas y construir los puentes.

Ellos, con menos recursos, en un periodo de medio siglo hicieron los puentes, carreteras, muelles, aeropuertos, hospitales, escuelas y muchas más obras de las que a diario utilizamos. Nosotros, en cambio, hemos creado burocracia, hablamos de ingobernabilidad y licitaciones. Pero hoy no hemos construido ni con calidad, ni cantidad.

Tenemos que aceptar que no hemos actuado dignamente con el país que nos legaron. Tal vez a nosotros nos afectó que al nacer aquí encontramos todo tan bien en infraestructura, educación y salud, que nunca nada de ello nos preocupó.

Tiempo de cambio. El puente de “la platina” es y será un triste recuerdo para los costarricenses, y nos debe impulsar a cambiar la historia, a querer cambiar las cosas.

Cuando nuestros pequeños hijos crezcan y nos pregunten qué construimos para ellos, La respuesta debería ser más que un puente.

Si no cambiamos nuestra conducta, “la platina” seguirá manchado nuestro currículo, nuestro orgullo.

Les propongo hacer algo hoy, para que nuestros pequeños hijos quieran voltear a ver el fuego y no se queden con la sombra de esta generación.

El autor es administrador de negocios.

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