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La causa por el río Colorado

Actualizado el 08 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Actividades mineras y agroindustriales en Nicaragua contaminan el río Colorado

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La causa por el río Colorado - 1
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Hace unos días, el señor Salvador Montenegro Guillén, director fundador del Centro para la Investigación en Recursos Acuáticos de Nicaragua de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, publicó un artículo sobre la contaminación del río Colorado.

Es curioso el artículo de este nicaraguense, cuyo propósito, parece ser, es lanzar una llamada de alerta sobre la situación del río Colorado. De la lectura se desprende que el autor está de acuerdo en que la sedimentación del río San Juan no es producto de la Ruta 1856, sino de un proceso histórico y geológicamente provocado que tiene miles de años de producirse. Eso es bueno pues se trae abajo la acusación de su Gobierno que actualmente se tramita ante la Corte Internacional de Justicia.

Si este nicaraguense es nuestro aliado en la causa por el Colorado, entonces definitivamente podemos contar con su concurso para hacer ver al Gobierno de Nicaragua el grave daño que sus acciones de dragado sobre el río San Juan causan y causarán al costarricense río Colorado y a los territorios que éste baña, así como los efectos nocivos provocados por las otras acciones nicaraguenses en el río San Juan.

Estamos seguros de que también será una firme voz opositora pública a las manifestaciones de Pastora y otros funcionarios nicaraguenses, en el sentido que lo que buscan es la destrucción del río Colorado, al desviar sus aguas hacia el bajo San Juan. Más aún, al ser un opositor de la construcción del tan publicitado Canal Interoceánico, la obra que garantiza la más absoluta destrucción ambiental de todos los humedales, bosques y ríos por donde sea que lo quieran construir, está consiente que las afectaciones alcanzarán los ríos San Juan y Colorado.

Para evitar ese resultado, le instamos a que instituya prontamente procedimientos legales en su país para detener esa faraónica como ominosa obra.

Abrigamos la esperanza que el señor Montenegro esté dispuesto a compartir con los costarricenses sus preocupaciones e información técnica sobre la grave situación de contaminación y sedimentación en el Lago de Managua, el Gran Lago de Nicaragua y las fuentes de contaminación provenientes de las actividades agroindustriales y mineras en Nicaragua, y que contaminan el río Colorado.

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Sería importante conocer si está dispuesto a exigir al Gobierno de Nicaragua a realizar un estudio sobre los efectos que ha causado al río San Juan la construcción de un puente, justo en su lecho o, más grave aún, la construcción de un aeropuerto en un humedal registrado como de importancia internacional ante la Secretaría de la Convención Ramsar, específicamente el Humedal Refugio de Vida Silvestre Río San Juan, obra que no fue comunicada con antelación a su construcción a Ramsar, y mucho menos a Costa Rica.

Si, por el contrario, las intenciones de este nicaraguense fueran otras, como culpar gratuitamente a Costa Rica en el tema ambiental, y con ello jugar las cartas de Nicaragua para tocar fibras sensibles en Costa Rica, queremos que sepa que su juego ha quedado al descubierto, y sus cartas han sido vistas. No será fácil entonces manipular la opinión pública nacional.

Costa Rica, por su tradición, es un país abierto al constante escrutinio, porque ello le permite seguir mejorando. La denuncia y la crítica fundada en el deseo genuino de contribuir al mejoramiento de políticas públicas es siempre bienvenido. Pero eso es una cosa, y otra enteramente distinta es la de dar pie a estratagemas montadas por regímenes agresivos al país, y vestirlas con ropaje ambiental.

Cualquiera que vea con debida objetividad los movimientos del tablero propiciados por nuestros adversarios saben que se busca que los costarricenses juguemos sus cartas, como algunos en efecto lo hacen.

En el legítimo y genuino interés de dar debida protección a nuestros ríos, bosques y humedales, el país debe atender, con debida responsabilidad, todos los asuntos que permitan la mayor protección posible a esos bienes de los(as) costarricenses. Justamente Costa Rica había promovido un estudio significativo de la cuenca del río San Juan, y especialistas internacionales, en un programa coauspiciado por la OEA y el PNUMA, rindieron hace unos años un estudio donde se recoge la realidad de la cuenca y las acciones necesarias para protegerla.

Costa Rica debe tomar todas las medidas necesarias para continuar esos esfuerzos, pero la responsabilidad de la cuenca no es solo de Costa Rica; también requiere el concurso y verdadera acción del Gobierno de Nicaragua. Debe proponerse un nuevo proyecto de PROCUENCA, reactivar los grupos técnicos de ambos países, e implementar políticas públicas dirigidas a la protección de esos recursos naturales.

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En el caso de Nicaragua, su verdadera vocación ambiental empieza por cerrar todas las minas que tiene operando en su territorio, combatir la contaminación de sus ríos y lagos, y detener la rampante tasa de deforestación actual, entre otras acciones. Cuando eso pase, el señor Montenegro y cualquier otro nicaraguense, sandinista o no, puede preocuparse por los recursos naturales de Costa Rica, porque ello eliminará la duda sobre si su interés está apoyado en hechos y no en artificios políticos.

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