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La carretera a Turrialba

Actualizado el 04 de julio de 2015 a las 12:00 am

Turrialbacontempla el paso del tiempo, rezagada del progreso

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Turrialba es tierra ubérrima, de belleza indescriptible, de ríos caudalosos, cuna de extraordinarios poetas y partícipe del sabor del Caribe. Es un crisol de tradiciones, mezcla de razas que estimula la riqueza cultural.

Hace más de 30 años era un cantón pujante, con un nivel de desarrollo similar a Pérez Zeledón o San Carlos, pero de un momento a otro empezó a perder el impulso y quedó rezagada.

Creo que al menos dos factores incidieron: la eliminación del ferrocarril al Atlántico y la construcción de la carretera a Guápiles. Sobre todo el comercio, sufrió un fuerte golpe, del cual creo no ha logrado sobreponerse.

A esto ha de agregarse la caída de los precios del café en los mercados internacionales, pues debemos recordar que Turrialba, por la poca altura a la que está situada, produce un café no tan apetecido en aquellos mercados, como si lo es el de altura.

Supongo que han sido los mecanismos del mercado, y no el sabor, lo que nos ha perjudicado. Esto, sin lugar a dudas, ha afectado sensiblemente a los agricultores de zonas como Turrialba.

Por otra parte, está la degradación de los precios del azúcar, pues desaparecieron importantes fábricas que industrializaban la caña y únicamente permanece el ingenio Atirro, pero disminuido, porque, ante la falta de recursos económicos, se quedó rezagado de las nuevas técnicas, que estas industrias necesitan para mantenerse a la vanguardia en el procesamiento del grano.

Estos dos últimos factores impactaron muy fuertemente a los medianos y pequeños propietarios, quienes enfrentan hoy problemas económicos agravados por la ausencia de políticas adecuadas de los distintos gobiernos. No pocos productores han tenido que abandonar sus fincas porque no pueden sostenerlas ni mantener a sus familias.

Faltan líderes. Otro aspecto, que puede ser causa o efecto de la problemática a la que hago referencia, es que Turrialba perdió el alma, perdió el espíritu, sus habitantes se tornaron conformistas y eso ha generado ausencia de líderes comunales. Pareciera que se ha prolongado en el tiempo, el letargo en que se encuentra sumida esa comunidad.

Tal vez, la ausencia de líderes se deba al fenómeno del individualismo, que predomina sobre la comunidad, de manera que las luchas comunales han pasado a un segundo plano.

En este orden de ideas, es oportuno recordar las palabras del autor argentino Ernesto Sabato: “Trágicamente, el hombre está perdiendo el diálogo con los demás y el reconocimiento del mundo que lo rodea, siendo que es allí, donde se dan el encuentro, la posiblidad del amor, los gestos supremos de la vida”.

Este fenómeno de la ausencia de líderes, no solamente se presenta en esta particular localidad, y llama poderosamente la atención porque, en principio, la preparación académica de los jóvenes cada vez es mejor, pero creo que el sistema educativo no responde en muchos aspectos a las necesidades del país; de ahí que a la misma Asamblea Legislativa lleguen diputados menos aptos, con pocas y honrosas excepciones.

Vías de comunicación. El progreso en Turrialba ha sufrido por la ausencia de buenas vías de comunicación. Es una realidad que la carretera a Turrialba, a partir de Paraíso, tiene el mismo diseño y similares características en infraestructura que la que construyeron nuestros abuelos en los años cuarenta.

A partir de Paraíso, la vía es sinuosa y sumamente angosta, lo cual imposibilita una rápida comunicación con el resto del país, algo inadmisible en el siglo XXI.

El problema se agudiza aún más a partir de Juan Viñas. De manera que si un conductor tiene la mala fortuna de ir detrás de un vehículo más pesado y muy lentos, el trayecto entre Juan Viñas y Turrialba, de escasos diez kilómetros, se convierte en una eternidad.

Sabemos muy bien que las deficientes vías de comunicación son un obstáculo para el desarrollo de los pueblos y, al contrario, las buenas carreteras estimulan y favorecen el mejoramiento de las comunidades.

Recordemos que esta vía es sumamente importante por tratarse de una ruta alterna hacia la zona Atlántica y de tal importancia es que, cuando la ruta treinta y dos colapsa por los frecuentes derrumbes, todos los vehículos que se dirigen hacia allá tienen que viajar por Turrialba.

Es gratificante ver que los habitantes de los cantones de la provincia de Alajuela, San Ramón y San Carlos, están luchado denodadamente para que el Gobierno les construya una buena carretera; ver cómo esas comunidades se han organizado para presionar y luchar por buenas vías de comunicación es ejemplarizante.

Los turrialbeños, por el contrario, no parecen interesarse, o al menos no ha trascendido a los medios que hayan hecho esfuerzos para que los gobiernos les construyan una buena vía de comunicación. Se han refugiado en la rutina diaria y el conformismo y se han olvidado de las luchas comunales.

He oído decir que existe un proyecto desde hace varios años para construir una nueva carretera hacia Turrialba, pero al igual que muchos costarricenses desconozco el trazado que tendría. Al paso que vamos, por la inercia comunal y porque en Costa Rica las obras se congelan en el tiempo, me atrevo a afirmar que esa nueva vía no pasará de ser un proyecto y que en esa categoría permanecerá durante muchos años.

Turrialba contemplará el paso del tiempo, rezagada del progreso, y lo doloroso es que el precio lo pagamos todas las personas, sobre todo, las nuevas generaciones.

El autor es abogado.

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