La retirada británica de la UE inspiraría probablemente iniciativas similares en otros países

 19 mayo, 2015

ESTOCOLMO – Es probable que en los próximos 18 o 24 meses se decida la forma de Europa para decenios venideros, y el Reino Unido ha puesto en marcha ahora el reloj para ese proceso. El primer ministro, David Cameron, reelegido con una mayoría clamorosa –y totalmente inesperada– en la Cámara de los Comunes, debe ahora utilizar su mandato mejorado para exponer un plan de reformas de la UE que sea atractivo para todos los Estados miembros.

En los últimos años, el Reino Unido ha sido como el mundo al revés, al postrarse Cameron ante el ala fanáticamente antieuropea de su Partido Conservador, aunque solo sea para mantener a raya al Partido de la Independencia del Reino Unido, pero ahora que su autoridad se ha visto reforzada en gran medida por su victoria y el UKIP ha resultado el mayor perdedor en las elecciones, puede dar un paso adelante como el europeo comprometido, pero pragmático, que es en realidad.

En una serie de discursos de los últimos años, Cameron ha hablado sobre un programa europeo de reformas centrado en el aumento de la competitividad de la UE y la mejora de la transparencia de sus instituciones. Después del revanchismo ruso y la propagación del caos por Oriente Medio, si Cameron hubiera de hablar actualmente de los cambios que debe hacer Europa, yo esperaría que añadiese su apoyo a una política exterior y de seguridad común más eficaz.

Si Cameron expone semejante programa de reformas en el Consejo Europeo del próximo mes de junio y está dispuesto a escuchar, además de hablar, podría poner en marcha un proceso que beneficiara a toda Europa. Ahora bien, corresponderá primordialmente al presidente del Consejo de la UE, Donald Tusk, durante las presidencias de Luxemburgo, los Países Bajos, Eslovaquia y Malta de la UE a lo largo de los dos próximos años, hacer avanzar un plan de reformas a principios del 2017.

Será un proceso que deben dirigir los 28 Estados miembros de la UE, en lugar de la Comisión Europea. La reforma de la UE solo puede tener éxito recurriendo a sus instituciones políticas nacionales y logrando su participación.

El próximo año debería ser un período de debate intenso sobre un plan de reformas que, cuando esté concluido, acuerden –es de esperar– todos los miembros de la UE, porque Cameron debe cumplir su promesa de celebrar un referéndum sobre la permanencia en esta asociación económica y política o la salida de ella antes de que su país se haga cargo de la presidencia rotatoria el 1.° de julio del 2017.

De momento, las encuestas de opinión indican que el electorado del Reino Unido votaría a favor de continuar dentro de la UE. Ahora bien, ninguna encuesta de opinión predijo que el resultado de las elecciones generales sería un gobierno conservador mayoritario. Así, pues, nadie debería hacerse ilusiones sobre los riesgos inherentes a cualquier referéndum británico sobre la permanencia en la UE.

Naturalmente, la UE no carece de capacidad para influir en el resultado. La Unión puede desempeñar su papel en los dieciocho próximos meses demostrando su capacidad para no solo presentar un potente plan de reformas, sino también aplicar otras políticas fundamentales, como, por ejemplo, la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión con los Estados Unidos y el Mercado Único Digital. El éxito en esos sectores y los beneficios económicos que aportarán harán que el abandono de la UE resulte aún menos atractivo para el Reino Unido.

Pero una decisión de abandonarla por parte del Reino Unido, en caso de que llegara a producirse, iniciaría un proceso doloroso y complicado para negociar la salida y acordar algún tipo de relación nueva. No habría opciones atractivas y el resultado –independientemente de la mayor o menor buena voluntad con la que las partes vayan a las negociaciones– dejaría tanto al Reino Unido como a la UE visiblemente disminuidos, entre otras cosas en el escenario mundial.

Además, sería ingenuo esperar que el resto de la UE pudiera continuar simplemente como antes. Al contrario: la retirada británica inspiraría probablemente iniciativas similares en otros países, con el riesgo de que la UE, ya debilitada, empezara a fragmentarse. Y, en vista de sus intentos actuales de dividir a Europa, podemos estar seguros de que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, haría todo lo que pudiera para alentar y financiar semejante división.

Durante ese período, la UE tendría también que abordar las actuales amenazas a sus vecinos orientales –en particular Ucrania– planteadas por el revisionismo de Putin, además del desplome de gran parte de sus vecinos meridionales de Oriente Medio y de África del Norte.

En ese marco, una Europa debilitada y fracturada –incapacitada para afrontar amenazas procedentes de sus vecinos más inmediatos– sería un lugar más peligroso para vivir.

Se debe ver la notable victoria de Cameron como una oportunidad para lanzar una UE renovada y reformada en los dos próximos años. Los socios europeos del Reino Unido esperan que Cameron prepare el debate que ahora debe comenzar para que de él surja una UE en verdad más fuerte, que pueda afrontar su futuro y los imperativos futuros, pero también existe la posibilidad de que todo salga pésimamente. En estos tiempos peligrosos, no se deben subestimar las consecuencias de una desintegración de Europa.

Carl Bildt es ex primer ministro y exministro de Asuntos Exteriores de Suecia. © Project Syndicate 1995–2015

(*) Carl Bildt es ex primer ministro y exministro de Asuntos Exteriores de Suecia.