Lo importante es no perder el apoyo de la sociedad para alcanzar la descarbonización

 30 noviembre, 2015

Entre el 2006 y el 2010, en el marco de la proclama Paz con la Naturaleza, el presidente de entonces, Óscar Arias, lanzó el 6 de julio del 2007 la meta de convertir a nuestro país en carbono neutral en el 2021, año del bicentenario de nuestra independencia.

Es decir, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) menos las acciones de reducción y de compensación debían ser iguales a cero.

Se estableció la estrategia de cambio climático y se conformó una comisión nacional adscrita al Poder Ejecutivo, con el apoyo directo de Roberto Dobles, en ese momento ministro de Ambiente.

El propósito era cumplir la meta propuesta; y la comisión citada impulsó la creación de la Norma Nacional de Carbono Neutralidad.

Estas etapas sirvieron de plataforma para iniciar las acciones de divulgación. En el gobierno Chinchilla Miranda (2010-2014), varias empresas, con apoyo de la universidad Earth y el Minae, se certificaron como carbono neutrales.

El impulso de la administración Arias Sánchez motivó al Programa Bandera Azul Ecológica (PBAE) a establecer nuevas categorías, entre ellas una denominada “cambio climático”, con dos variedades “mitigación” y “adaptación”; con el objetivo de fomentar, en las entidades públicas y privadas, el ahorro del agua, el papel, la energía eléctrica y los combustibles fósiles, así como de emplear prácticas limpias en beneficio del ambiente y la salud pública.

En las fincas agropecuarias, en la variedad de adaptación, se incorporaron acciones en el manejo adecuado de las aguas, el reciclaje, el uso correcto de antibióticos en el ganado y otros.

Estos hechos tangibles permitieron en el 2014, mediante 331 comités locales galardonados, un ahorro de 2.082.882 metros cúbicos de agua, equivalentes a ¢3.925 millones; reducir el uso del papel en 359,7 toneladas, o sea, 9.947 árboles no cortados; la economía de corriente eléctrica por 2.378 toneladas de dióxido de carbono; la disminución del uso de combustibles fósiles, por un monto de ¢2.718 millones, que representan 18.243 toneladas de dióxido de carbono.

Aunado a lo anterior, entre las 12 categorías, del Programa Bandera Azul Ecológica, en vigor al año 2014, se habían sembrado aproximadamente dos millones de árboles en todo el país.

Fundamentados en la encíclica Laudato si, del papa Francisco, y como complemento a la labor realizada, se ha creado una nueva categoría del Programa Bandera Azul Ecológica, con el apoyo de la Conferencia Episcopal, denominada “eclesial ecológica”, con el propósito de que los templos impulsen la protección de nuestra “casa común”, la Tierra.

También se trabaja con el actual gobierno, por medio de la Cancillería, en la creación de la categoría “ecodiplomática”, enfocada a las embajadas y consulados de Costa Rica, ubicados en otras naciones del mundo.

Esta sana aspiración, establecida con la carbono neutralidad, mediante el Programa Bandera Azul Ecológica nos ha permitido ejecutar acciones tangibles en beneficio del ambiente.

Lo importante es no perder el paso y el apoyo de la sociedad civil para alcanzar, paulatinamente, pero en forma consistente, la descarbonización de la economía de Costa Rica.

El autor es salubrista público.