Opinión

De cara al proceso electoral

Actualizado el 08 de junio de 2017 a las 10:00 pm

Los candidatos a la presidencia deben decir cómo van a resolver los problemas del país

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Costa Rica se enfrenta a un nuevo periodo de elecciones y ya empezamos a buscar ese “ser mágico” que resuelva situaciones que van desde “el ruido que hace mi vecino” hasta la exploración de la vida en Marte. Pero cabe preguntarse: ¿Cuáles son los principales problemas que deben resolverse en este país? ¿Es el acceso libre y universal a la Internet? ¿La colocación de ciclovías en las calles del país? ¿O tal vez algo más importante, como aumentar la cantidad de policías?

En mi opinión personal, curtida y modelada por los años de trabajo al lado de las poblaciones más vulnerables del país, me atrevo a pedirles a los candidatos definir cómo van a atacar lo que son para mí los más profundos y graves problemas que destruyen nuestra paz y estabilidad social, a saber:

1- La destrucción de la familia como base de la sociedad. Un cáncer que carcome a niños y adultos por igual; generador de procesos judiciales donde se destruyen mutuamente quienes un día juraron amor eterno, pero que a la vez destruye a los pequeños más frágiles y genera, en muchos casos, jóvenes con lamentables trastornos de su percepción personal e incremento del riesgo de abuso infantil, entre otros.

2- La violación, el abuso y el maltrato infantil. ¿De qué nos sirve tener el mejor aeropuerto del mundo si nuestros niños son víctimas de abuso o son violados y agredidos, principalmente en los núcleos familiares, donde deberían recibir el amor, la protección y la educación de sus seres más cercanos? ¿Cómo podemos sanar las heridas de esos miles de inocentes para que no lleguen más tarde a repetir el abuso? ¿Cómo proteger a niñitos de progenitores que los ensalzan cuando logran hacer un buen “perreo”? ¿Cómo protegerlos del abuso que reciben mediante los medios electrónicos y de comunicación masiva?

3- El sinsentido de la juventud. Probablemente uno de los flagelos que más ataca a nuestros jóvenes es la búsqueda de alguna forma de llamar la atención, de un escape de la realidad mediante el consumo de licor y un sinfín de drogas, cada una más nefasta que la anterior (que producen los trastornos psicóticos de más difícil manejo que podamos imaginar). Existe, además, el tabú de que ser una persona de bien, con valores morales y sociales y el respeto por sí mismo y por su cuerpo, es un sinónimo de “deséxito” y “cavernicolidad”.

4- La percepción de la corrupción y el chorizo. En tanto, sigamos definiendo “chorizo” y “corrupción” como “dícese de todo aquello que hacen los demás”, sin tener una clara percepción de que el chorizo es nuestro deporte principal (aun por encima del fútbol), no existirán suficientes cárceles o policías que logren eliminar la corrupción que a todos nos parece agobiar.

5- El delirio de la “magia electoral”. Una sociedad producto de los puntos antes mencionados parece esperar que la elección de una persona, que será acompañada (si no resolvemos el punto 4) de la selección nacional del deporte anteriormente citado, con los mismos servidores públicos, la misma empresa privada, los mismos ninis y los mismos ticos (que preferimos, en la máxima expresión de la desidia, sentarnos a ver media hora de una comedia barata que debatir y proponer soluciones reales para el país), aplaudirá fervorosa cualquier inauguración de una fuente ornamental, antes que resolver un problema real y trascendental para la ciudadanía.

Si bien quisiera conocer cuáles son las propuestas de nuestros candidatos para resolver estas situaciones, tengo muy claro lo que dijo John F. Kennedy, “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país”.

O nos apuntamos todos a cambiar esta aterradora realidad o seguimos siendo cómplices de segunda, que sentimos una gran satisfacción en expresar una frase lastimera o violenta acerca de lo que consideramos que está mal, antes de volver prontamente a concentrarnos en el último chisme de una “modelo” nacional.

La autora es anestesióloga.

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