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La otra cara de Brasil 2014

Actualizado el 16 de octubre de 2013 a las 12:05 am

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No se trata solo de la efervescencia de los aficionados en todos los continentes, o el efecto en las identidades nacionales que representa ganar o perder uno de los soñados cupos. La Copa del Mundo del 2014 trae consigo otras implicaciones sociopolíticas y económicas, particularmente en el país anfitrión, Brasil.

Que Brasil ocupe los primeros lugares en el ranking de la FIFA no es noticia nueva en el mundo; pero que forma parte del llamado bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) donde están representados 5 de los países con mayor poder económico y geopolítico es seguramente una de sus dimensiones menos conocidas. Reconociendo que ese bloque agrupa al 40% de la población y el 20% del producto interno bruto (PIB) mundial, se evidencia que no es en el fútbol donde está el liderazgo sustantivo que este país puede cumplir en el presente y futuro global. El Mundial 2014 se trata de un evento coyuntural, pero el mayor comercio internacional y cooperación multilateral son oportunidades más trascendentales para los 190 millones de brasileños y brasileñas en el mediano y largo plazo.

Contradicciones. Los procesos de desarrollo abarcan dimensiones diversas tales como la ambiental, política, social y económica. Brasil tiene la mayor diversidad biológica y cuenta con el 11% de los recursos hídricos del planeta pero tiene la mayor desigualdad social de la región (50% de la riqueza se concentra en el 10% de la población) y la pobreza es padecida por el 28,7% de las familias. En la última década, ha tenido un crecimiento económico promedio del 4% y tiene un superávit comercial de $9310 millones de dólares, pero el censo escolar del año 2010 muestra una disminución del 85% en la cantidad de estudiantes que pasan del nivel escolar a la educación secundaria. Ciertamente, la bonanza económica de los últimos 10 años no se ha traducido en una expansión de las libertades y derechos de amplios sectores de la población.

Las movilizaciones ciudadanas, durante la Copa Confederaciones y la visita del Papa Francisco a Brasil, no son azarosas. Son una manifestación de la privación de libertades definida por el economista hindú Amartya Sen. Es decir, la negación sistemática y estructural de las libertades y derechos que la población ha venido a reclamar a sus gobernantes. La Presidenta, Dilma Rouseff, así lo entendió al reconocer que las demandas de la población son válidas y que los éxitos conseguidos son aún insuficientes.

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A pocos meses del partido inaugural del Mundial de Fútbol, los sectores movilizados podrían encontrar otra oportunidad para fortalecer su estrategia mediática y forzar compromisos de atención pronta a sus demandas.

No obstante el conflicto sociopolítico latente en Brasil, las perspectivas son más favorables que en regiones como la Unión Europea, donde altos porcentajes de desempleo y un débil crecimiento de las economías trazan una senda más dolorosa y extensa de recuperación.

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