9 julio, 2015

Como diputados integrantes de la Comisión Especial de Economía Social Solidaria, celebramos que La Nación se haya ocupado, aun con precipitada alarma, del tema de la economía social solidaria, respecto del cual estamos elaborando un proyecto de ley que, sin duda alguna, generará un amplio debate nacional.

No puede existir legislación trascendente para la vida de los costarricenses que no sea fruto de la discusión democrática. Por ello, nos alegra que este diario dedicara el titular principal de su primera página a informar que el “INA enseña 'economía social solidaria' en clases” (7/7/2015). Esta es una buena forma de empezar la discusión, aunque no está exenta de discrepancias.

Nos preocupa, por ejemplo, el sesgo ideológico con que se aborda el tema y la exaltación que se intenta hacer de visiones prejuiciadas, como las que el reportaje atribuye a Ottón Solís y a Rosibel Ramos, apreciados compañeros de la Asamblea Legislativa y ambos oriundos de Pérez Zeledón, circunstancia que no es ajena al asunto por debatir.

Ejemplo en el sur. Gracias al espíritu laborioso, emprendedor y solidario de su gente, Pérez Zeledón se ha convertido en cuna de una de las expresiones más exitosas de economía social solidaria en Costa Rica: Coopeagri.

Esta empresa cooperativa en sus inicios tenía únicamente un par de centenas de asociaciones y hoy son más de 13.000 asociados y da empleo directo permanente a más 1.000 trabajadores.

Preguntemos a los verdaderos líderes de Pérez Zeledón: ¿Cuál ha sido el aporte de Coopealianza y Coopeagri al desarrollo del Valle de El General? y, por esa vía, conozcamos opiniones razonadas sobre el tema en discusión.

Dichosamente, se han sembrado experiencias de este tipo que han dados excelentes frutos, porque los modelos de economía social solidaria se han aplicado en Costa Rica durante muchos años. Y se pueden ver todos los días y en cualquier parte; por ejemplo, las señoras que se unen para vender pan, aquellas que se agrupan para producir miel de abeja, entre otras.

En el mismo Pérez Zeledón, la Unión de Productores Independientes y Actividades Varias (Upiav) enseña que la unidad de los productores para la defensa y promoción de sus intereses resulta esencial para vivir dignamente de la tierra. Igual lección dan los horticultores de Cartago, los frijoleros de la zona norte y los agricultores afiliados a Upanacional y a las diversas cámaras de productores.

Los guanacastecos, los sancarleños, los zarcereños y los pobladores de los Santos saben lo que las cooperativas de electrificación rural y la producción cafetalera y lechera han significado para su desarrollo.

El cantón de Grecia conoce el ejemplo de Coopevictoria y la industria de pequeños cafetaleros de todo el país entiende que su progreso se lo debe, en mucho, a la capacidad asociativa que tienen sus productores y a su relación reglada con torrefactores y exportadores.

Las asociaciones solidaristas también ofrecen diversas experiencias en que la producción de bienes y servicios se enmarca en esquemas de economía social solidaria. Pero la proyección va más allá y abarca todos los ámbitos de producción nacional, pero en especial los pequeños y medianos que requieren una mano que los apoye.

En estos y muchos otros casos, el debate trasciende la teoría o los dogmas y se nutre de experiencias prácticas. Ciertamente, también ha habido experiencias fallidas y omisiones con funestas consecuencias, pero muchas otras iniciativas también han sacado a comunidades de la pobreza.

El ITCO-IDA, por ejemplo, se preocupó por años de dotar de tierras a nuestros agricultores, pero nos los capacitó para producir de manera tecnificada y, menos, los estimuló a organizarse para competir en una economía abierta.

La actual ley del Inder al menos reconoce que en este ámbito también hay retos que vencer. Y es que se engaña quien crea que un pequeño o mediano productor agropecuario puede aventurarse a exportar por sí solo; quizá haya excepciones, pero solo para confirmar la regla.

Para potenciar nuestro desarrollo, fortalecer nuestra paz social y resguardar nuestra democracia, el país necesita que los productores nacionales avancen hacia esquemas asociativos de diferente nivel y naturaleza que les permita enfrentar con éxito al competidor extranjero, a la gran transnacional o al productor subsidiado de los países desarrollados que cuentan con tecnologías y apoyos que nosotros no tenemos.

Este es el centro de la discusión: ¿Cómo aprender a producir unidos, o en forma más articulada, para tener éxito en una economía globalizada? ¿Cómo hacer que la propiedad privada y la economía de mercado sean motores de desarrollo para una sociedad más solidaria? Hacia esa discusión vamos. Estas son las preguntas a las que pretendemos buscar respuesta con el proyecto de Ley de Economía Social Solidaria.

Ojalá La Nación nos acompañe en este debate y la satisfacción será mayor si lo hace sin prejuicios, sin fantasmas y sin condenas o censuras previas.

Estamos seguros de que en un debate riguroso, leal, profundo y transparente encontraremos muchas coincidencias y probablemente convengamos, por ejemplo, que el INA puede operar con una visión más futurista y no sujeta a solo capacitar obreros.

Nuestro país también necesita nuevos empresarios y nuevos emprendedores que entiendan la dimensión social de la producción y, por ende, la responsabilidad integral del empresariado. Solo así se construye el verdadero progreso.

Diputados Víctor Morales Zapata (PAC), Javier Cambronero Arguedas (PAC), Aracelli Segura Retana (PLN), Juan Marín Quirós (PLN), Suray Carrillo Guevara (FA), Carmen Quesada Santamaría (ML) , Jorge Rodríguez Araya (PUSC).