29 julio, 2014

Toda empresa joven que pretenda expandirse, crecer y consolidarse en el mercado nacional debe contar con recursos económicos que coadyuven al impulso de sus operaciones. Sin embargo, la búsqueda de fondos puede resultar un asunto nada fácil, especialmente cuando se hace uso de los tradicionales mecanismos de financiamiento (crédito bancario, por ejemplo), en los que usualmente quien invierta tiene la prerrogativa de participar activamente de las decisiones que la empresa ponga en práctica.

Una modalidad alternativa de financiamiento es el denominado capital de riesgo. Bajo esta figura, el inversionista pretende –como es lógico– obtener un alto retorno de su aporte, pero también vender su participación luego de algún tiempo.

Según el Segundo informe de la situación de las pymes en Costa Rica, estas generan alrededor del 50% del empleo en el sector privado, representan el 97% del total de empresas nacionales y aportan hasta un 30% del PIB. Pese a la comprobada importancia del sector, no se ostenta una adecuada red institucional para atenderlo. Si bien contamos con una ley para las pymes (No. 8262), esta no ha dado los frutos esperados a doce años de su promulgación.

Otra vía. Ante tal panorama, el capital de riesgo puede suponer una alternativa de financiamiento para impulsar el desarrollo de esas empresas. Es un mecanismo que admite mayor acceso a información, menos burocracia, disposición más ágil de fondos y la seguridad de que la organización continuará en manos de aquellos emprendedores que entablaron su génesis.

Costa Rica muestra dos ventajas respecto a otros territorios a nivel mundial: la calidad del recurso humano que ofrece y la riqueza de la biodiversidad que aglutina. Estos ingredientes se confabulan para que podamos llegar a aspirar a un desarrollo más amplio de nuestra agroindustria y de las tecnologías de información. Ambos campos pueden ser candidatos ideales de financiamiento con capital de riesgo, pues presentan no solo expansión sostenida, sino que también demandan inversión creciente en investigación y desarrollo. Prueba de ello es el reciente inicio de un proyecto financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo y relacionado a las tecnologías de la información, cuya meta es propiciar la creación y el progreso de pymes de base tecnológica, donde el capital de riesgo se presenta como uno de los principales mecanismos para alcanzarla.

Coordinación. Como la anterior, pueden detectarse muchas otras oportunidades de las cuales sacar ventaja e impulsar el uso del capital de riesgo; pero para lograrlo es necesario articular esfuerzos.

Por un lado, el Gobierno debe impeler el marco normativo y dictar iniciativas para el fomento de este mecanismo, atraer inversión de este tipo desde el extranjero, contribuir a la creación de capacidades empresariales y promocionar el uso de la herramienta financiera.

En tanto, el sector empresarial debe abrirse a los espacios de capacitación y al uso de esa alternativa, de tal manera que sus beneficios sean integrados y diseminados adecuadamente.

Esfuerzos en tal dirección permitirán a mediano plazo crear la plataforma institucional y normativa necesarias para dar cabida a una industria de capital de riesgo donde las pymes sean las beneficiarias directas.

Vianey Loaiza Camacho, estudiante de la Maestría en Gestión de la Innovación Tecnológica, UNA.

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