Opinión

Un cáncer que debemos erradicar

Actualizado el 19 de octubre de 2016 a las 12:00 am

Las instituciones y las políticas asistenciales están diseñadas para generar el clientelismo

Opinión

Un cáncer que debemos erradicar

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

En un artículo anterior ( Opinión, 10/10/2016) señalé que Robert Putnam había estudiado el fenómeno de la abstención en Italia y llegado a la conclusión de que, a diferencia del norte, donde existe una fuerte comunidad cívica y donde la gente se siente y actúa como dueña de la gestión, en el sur no se sienten ciudadanos gestores, sino clientes de patronos que median por ellos. Mencionaba también otras posibles causas que coadyuvan a este fenómeno, pero me parece importante concentrar el análisis en el sistema que genera clientelismo y resquebraja el civismo y la ciudadanía.

Este sistema opera, lamentablemente, cada vez con más fuerza en nuestro país y sus efectos son nefastos, pues la pasividad ciudadana, no solo en el ámbito electoral, debilita y resquebraja el sistema republicano al mismo tiempo que abre progresivamente las puertas al populismo y las soluciones violentas.

Patronazgo. La institucionalidad y las políticas públicas sociales asistenciales están articuladas y diseñadas para generar y promover el clientelismo, buscando subordinar el poder político a la ciudadanía y sus organizaciones de base.

Los patronos políticos se comportan ante los electores como si fueran los dueños de los recursos públicos y ofrecen resolver, a través del aparato público, sin necesidad de esfuerzos organizacionales de las bases, a los problemas y necesidades de los sectores.

La estructura institucional y las políticas están hechas para fortalecer su imagen de “dueños” de los programas y proyectos elaborados. Las soluciones se dan desde arriba con proyectos “proyectil” ampliamente publicitados para destacar el papel de los políticos. Estos proyectos están diseñados en los escritorios, sin participación de las comunidades.

Se asigna a los funcionarios y técnicos como los portadores de la soluciones para los problemas de los pobres y excluidos. Los funcionarios se apoderan de este rol y establecen, por su parte, relaciones de dependencia y clientelismo profesional.

A todo esto contribuye en gran medida la formación que subvalora el conocimiento local y coloca las soluciones en “manos profesionales”. De tal forma, el sistema institucional se organiza para comodidad de los horarios y tiempos de los funcionarios y no de las necesidades de la gente. En otras palabras: para adecuarlas a su comodidad y no para servir a la gente.

PUBLICIDAD

Esta visión de la política social “desde arriba”, aun cuando se pretenda superar con la mejor buena voluntad con mediciones y sistemas de información, desconcentrando la gestión, para establecer mecanismos de coordinación y aumentar la eficacia en el uso de los recursos públicos, tiene serias limitaciones.

En primer lugar, la coordinación entre instituciones descentralizadas no es una tarea simple, especialmente porque no existe en nuestro ordenamiento una instancia regional o territorial con autoridad suficiente para garantizar la asignación de recursos aprobados y evitar que los jerarcas locales o nacionales decidan otro uso.

Pero lo más grave de todo, y he ahí su talón de Aquiles, es que no se involucra a las comunidades, que son las que conocen su gente y problemas en la toma de decisiones.

Visión desde arriba. Existen experiencias en el ámbito continental en Chile y Colombia de focalizar la atención a la pobreza, desde arriba, como se hace en nuestro país, que han tenido algunos éxitos importantes, pero que permanecen de lejos en cuanto a sus alcances de políticas como Hambre Cero de Brasil.

En este país se procuró integrar la variedad y duplicidad de proyectos institucionales alrededor de un eje donde se encontraban las organizaciones y autoridades locales, en procura siempre de dinamizar la economía local.

Los resultados no solo numéricos sino cualitativos son de conocimiento mundial. Desde luego, como toda experiencia en estructuras clientelistas, no ha dejado de tener lunares, pero el dinamismo generado incorporando a la población y la economía local alrededor de las soluciones de los problemas sociales fue toda una experiencia que sacó más de 40 millones de personas de la pobreza y cambió la cara de regiones enteras de ese país.

Los problemas de la organización institucional promotora y cultivadora del clientelismo no se resuelven con declaraciones políticas ni con mejores niveles de coordinación y evaluación. Es fundamental ajustar las políticas e instituciones a las regiones y comunidades.

Nueva institucionalidad. En otras palabras, tenemos que construir una nueva institucionalidad que descentralice, pero, al mismo tiempo, capacite en organización e incorpore a las fuerzas vivas de las comunidades en la aplicación y ajuste de las políticas.

PUBLICIDAD

Descentralizar es necesario, pero las políticas deben estimular el apoderamiento organizativo, y la descentralización sin comunidad cívica organizada puede ser la puerta, como lo ha sido en México, para que se cuelen y apoderen de los poderes locales las organizaciones criminales.

El autor es sociólogo.

  • Comparta este artículo
Opinión

Un cáncer que debemos erradicar

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota