Opinión

Los caminos de mañana

Actualizado el 16 de febrero de 2014 a las 12:00 am

Estamos enpresencia deuna genialidad ciudadana

Opinión

Los caminos de mañana

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

No hay duda de que el resultado electoral del pasado 2 de febrero arroja un escenario nuevo en la historia de la política costarricense.

Transición. Por primera vez desde la década de los cuarenta del siglo XX aparece en la batalla final de un proceso electoral un partido político de centro-izquierda (Acción Ciudadana) con claras posibilidades de obtener la victoria en las elecciones del próximo mes de abril, a lo que debe agregarse tres hechos: el ascenso de la izquierda política representada por el Frente Amplio (FA), el desplazamiento de la intencionalidad sociopolítica del electorado hacia la centro-izquierda y la izquierda, y el serio problema de identidad ideológica y partidaria del Partido Liberación Nacional (PLN).

El carácter de centro-izquierda del Partido Acción Ciudadana (PAC) no es una condición orgánica o permanente de esa organización. Tanto por su historia como por su composición política interna, el PAC es un partido político versátil, capaz de moverse a través de todo el espectro ideológico, desde la derecha hasta la izquierda, según sean las circunstancias. Esta característica la comparte con el PLN y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), no con el FA.

Los hechos referidos configuran una transformación política que presagia correcciones y ajustes en el modelo de desarrollo seguido por el país desde 1982. Tres enunciados expresan tal ajuste: un crecimiento económico que no generalice el bienestar, no es un crecimiento deseable; los mercados encierran méritos, pero reducir la sociedad a lo mercantil es un absurdo; la democracia requiere mercados poderosos y globalizados, pero dentro de un modelo de desarrollo socialmente inclusivo.

A la luz de lo dicho puede afirmarse que el resultado electoral del 2 de febrero es una genialidad ciudadana, tanto por el fondo como por la forma: que Liberación Nacional intente vencer en segunda ronda, pero con alta probabilidad de pasar a la oposición; que el PAC gobierne a través de liderazgos ilustrados y equilibrados, pero que deba trabajar muchísimo para que esa posibilidad se convierta en realidad; que el FA tenga la oportunidad de crecer como izquierda democrática y pragmática; que el socialcristianismo explore las vías de su reposicionamiento; que el Movimiento Libertario (ML) profundice en su incompleto y tímido giro hacia el centro; y que el conservadurismo extremo, favorecedor de un anticomunismo fosilizado y propiciador de odios, disfrute de un compás de espera para que realice su autocrítica y sintonice con la nueva circunstancia política.

PUBLICIDAD

Ascenso del FA. En el marco de la genialidad ciudadana apuntada, un hecho sobresaliente es el ascenso de la izquierda. Desde la década del cuarenta del siglo XX la izquierda costarricense no había logrado ser uno de los movimientos mayoritarios, pero ahora el FA ha superado esa circunstancia. Este es un resultado inimaginable en el caso de la tradición sectaria agrupada en el Partido Vanguardia Popular y en los grupos trotskistas y/o anarquistas. Se trata de un mérito trascendental del FA y de la corriente histórica que hereda: el morismo.

¿Cómo puede el FA transformar su fuerza electoral en una corriente permanente de su crecimiento? Una vía para lograrlo es desarrollarse como una izquierda democrática y pragmática que sintoniza con los movimientos sociales y con los méritos de los modelos de desarrollo, incluida la estrategia de apertura comercial y desmonopolización del sector público. Este derrotero evolutivo es factible porque el FA no es una alternativa al sistema capitalista costarricense, sino una expresión política de ese sistema, es la izquierda del mercado, ni más ni menos. Una de las fortalezas de esta izquierda del capitalismo es la diversidad de sentires políticos y electorales que la conforman, pero tal diversidad se convierte en un autoengaño cuando falta la síntesis teórico-política que la articula y cohesiona. Esa síntesis no existe en el FA, y le conviene crearla para mejorar la eficacia de su comportamiento político.

Rosa con espinas. En cuanto al PLN, se sabe que ha disfrutado de la hegemonía política, pero en esta oportunidad participa de la segunda vuelta electoral en condiciones de hegemonía disminuida o sin hegemonía. Desgastado en el ejercicio del poder, dividido internamente y en un país donde se han consolidado otros polos de atracción electoral, Liberación Nacional atraviesa una etapa en extremo riesgosa de su historia, en la que necesita un esfuerzo mayúsculo para rearticular una identidad partidaria que unifique la impronta de los creadores de la II Internacional con la herencia de Rodrigo Facio, los expresidentes de la República liberacionistas y las actuales tendencias partidarias.

Divisiones, ausencia de una visión de país compartida entre las distintas tendencias, poca capacidad de adaptación a los cambios de la historia e influencia de una maquinaria clientelista son factores que conspiran contra el PLN. La rosa –símbolo del liberacionismo– tiene espinas que la hacen sangrar, y la hemorragia en curso amenaza con transformarlo, gane o pierda en abril, en una pequeñísima sombra de lo que fue.

PUBLICIDAD

Ave fénix. Respecto al socialcristianismo, en su historia ha experimentado ascensos y descensos. La cronología es la siguiente: 1940-1948: ascenso, 1948-1958: descenso, 1958-1970: ascenso, 1970-1982: descenso, 1982-2004: ascenso, 2004-2014: descenso. Este movimiento político forjó una síntesis teórico-política formada por tres tradiciones clásicas: el liberalismo político, la economía social de mercado vinculada al ordoliberalismo alemán y a la Escuela de Friburgo, y el humanismo judeocristiano y secular. ¿Se inicia ahora un nuevo período de ascenso? Como el ave fénix de la mitología, quizás se encuentre en la antesala de un nuevo renacer, pero ahora debe alzar vuelo dentro de un colectivo nacional que ha desplazado su sensibilidad cultural hacia la centro-izquierda, y después de una crisis partidaria que casi lo hace desaparecer.

Demasiado poco. El ML, por su parte, ha sufrido claramente un retroceso político y electoral. Un hecho influye en esa circunstancia: su evolución hacia el centro es incipiente e incompleta, y los contenidos de ese viraje no han sido desarrollados y no se han expresado en la propuesta programática. Sigue el ML prisionero de una visión del desarrollo humano que reduce las realidades sociales a solo mercados, dinero y economía, sin atender, con sentido integral, los asuntos socioculturales y políticos.

La transformación de los libertarios en un partido político de centro implica que tradiciones liberales representadas por pensadores como Bastiat, Hayek, Popper y Friedman se sinteticen con humanismos como los expresados por Maritain, Mounier, Levinas, Wojtyla (Juan Pablo II), Novak y Weigel. Sin embargo, una articulación teórico-política de semejante magnitud está ausente en el ML actual.

Este partido político se sitúa por debajo de los méritos de las tradiciones liberales y de las corrientes del humanismo secular y judeocristiano.

Esto pone en duda su capacidad de transformar los principios liberales –prioridad de la libertad, énfasis en las libertades ciudadanas y en la autogestión de las personas como límites al poder de los políticos de turno– en mayorías político-electorales.

  • Comparta este artículo
Opinión

Los caminos de mañana

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota