Opinión

¿Por qué no te callas, in-Maduro?

Actualizado el 02 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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¿Por qué no te callas, in-Maduro?

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Nicolás Maduro, heredero del poder chavista, terrorista de la palabra y hazmerreír internacional, está empeñado en demostrar que su apellido es un lujo. Es repelente para tan peculiar personalidad. Huérfano de luces, juega a ser el clásico bravucón de escuela de niños.

El inmaduro “presidente” ejerce el cotidiano deporte de propalar, vía cadena televisiva, obligada, las demagogias más exclusivas para convencer al pueblo venezolano de que se convive en el país de las maravillas, aunque sin Alicia, es decir, sin papel higiénico. El 12 de octubre varió el guion. Arremetió contra España desmesuradamente. La diatriba implica, para los venezolanos, ley… de impuesto rey.

Las perseguidoras baterías, pólvora mojada, ajenas al análisis puro, desleal con la historia. Enredado in-Maduro porque acusa a los ibéricos actuales por celebrar el arribo de las tres carabelas a nuestra parcela americana en el solemne 1492. Indignado, asegura estar el ignoto Nicolás, porque, para él, es fecha de inicio de la masacre, holocausto más grande de la humanidad. Por supuesto, quedaron englobados, en la porfía, conquista, religión e idioma.

Tan ligero de cultura como sobrado de volátil verborrea, in-Maduro, si algo le apetece desfigurar, a quien debe presentar reclamo es a los abuelos de sus abuelos, que llegaron con machete para abrir surco y domar asperezas, naturales y tantas veces sangrientas. También trajeron con ellos lo más valioso: la piedad profunda de la Cruz y el extraordinario idioma para hacer común los entendimientos.

El accidental mandatario deja entrever, con la andanada/catilinaria del 12 de octubre, que sus ancestros son desafortunados cómplices de haberse clausurado en el continente los amargos ritos de sacrificios humanos, el desprecio a la vida y la esclavitud como norma. Tal vez in-Maduro no puso atención escolar al manantial de la raza que traduce el hidalgo señorío castellano: Al rey vida y hacienda se han de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma solo es de Dios.

En sus carreras por el mundo, a bordo del alquilado avión cubano, para promocionarse repetidamente: “Soy Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, mayor reserva petrolera del planeta”, in-Maduro dedicó, por supuesto, tiempo y espacio para desplazarse al Vaticano y sacarse la foto con el papa Francisco, máximo líder de la religión que en1492 se introdujo en América. Según la variada circunstancia, un mes más tarde de aquel viaje, el Jesucristo del 12 de octubre debe ser coautor del exterminio… cartilla bolivariana.

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Todavía no se le ha ocurrido a in-Maduro –paciencia, lo intentará– inventarse un nuevo lenguaje porque su desprecio a todo lo español no alcanza límites. Más de 400 millones de personas son hispanoparlantes. A finales del presente siglo, será idioma dominante en Estados Unidos. La ONU celebró el 12 de octubre el Día de la Lengua Española. De reciente formación, 16 de setiembre pasado, es el Grupo de Amigos del Español en las Naciones Unidas (GAE), cuya tarea es difundir el verbo de Cervantes. Mientras, quien usa de escapulario a Simón Bolívar se olvida del pragmatismo del Libertador.

Escasea la serenidad en el presente. Somos dados a juzgar el trepidante pasado bajo el prisma de nuestro tiempo. Lo que ahora calificamos de horripilante, entonces, añejas centurias, formaba parte del cuadro inescrupuloso de la época. Y en todo análisis, para observar con objetividad y decoro, hay que ponerse a la altura del espacio/momento.

Basta un ligero asomo a la magnitud que se extiende de Alaska a Tierra de Fuego para darse cuenta del prodigioso traslado que hizo España de sí misma al otro lado del Atlántico y cómo en los antiguos virreinatos de México y Perú alcanza la condición de portento cultural. A pesar de los errores y dificultades que siguieron a la independencia, la Hispanidad subyace en las naciones emancipadas. España está en casi todo. Su obra permanece intacta en lengua, cultura política, social y religiosa, en los mejores modelos urbanos y en su impresionante patrimonio. Y pese a los En el devenir de los siglos, periódicamente son constantes los choques humanos. Destrucción y genocidio. Exterminaciones bélicas y migraciones masivas. Al final, quienes luchan tratan de garantizarse espacios para sobrevivir. También fulminaciones racistas como el caso, candente, de la matanza nazi sobre seis millones de indefensos judíos.

Directa o indirectamente, distanciados o no, creyentes o discrepantes, somos herederos de sangre de la España que creó un imperio donde no se ponía el sol, palabras reales de Carlos V para distanciarse, en comparaciones, del complicado poderío romano. Y para mayor asombro universal, el 7 de octubre de 1571, la batalla de Lepanto ( la más alta ocasión que vieron los siglos, Cervantes dixit) ganada por las naves al mando de Juan de Austria, hermanastro de Felipe II, salvó a Occidente del avance destructor del poder otomano que aterrorizaba el Mediterráneo en toda su extensión.

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Cervantes, manco en la batalla, fue el cronista del acontecimiento. Y en el decir –y escribir– de los historiadores, hacia las tres de la tarde del soberano día, y con un sol de justicia, fue capturado Alí Pachá, arrogante caudillo, que, esgrimiendo mandato de Alá, destruía, arrasaba a su paso. Con una rapidez inusual, su cabeza fue separada del soporte motriz.

Y, sostenido por la pica de un marinero español, sangraba profusamente el rostro del que había sido la mayor pesadilla de la cristiandad. Miles murieron en el enfrentamiento, ambos bandos. Muchos heridos. Naves destruidas. Sin embargo, eco de gloria, de los siglos por los siglos, que consolidó a la Iglesia católica.

Seguramente, in-Maduro y algunos copartícipes de sus ideas repudiarán los procedimientos de aquella era, pero su significación trasciende y ejemplariza hoy en el papa Francisco, que, por cierto, nació en Argentina, educado en idioma español. De seguir Alí Pachá su ruta imperial, brutal y religiosa ¿a qué Dios rezaríamos ahora? ¡Oh! Madre Patria, siempre tan oportuna… e incomprendida.

Por imborrable realismo mágico, en cada minuto de nuestra contabilidad física rendimos fervoroso homenaje a España, hablando/escribiendo su léxico inmortal. ¿Por qué no te callas, in-Maduro?

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