16 febrero, 2015

Quienes hemos vivido muchos años, tenemos la ventaja de que la vida, y no los libros, nos ha enseñado parte de la historia y a entender mejor la realidad. Existen tres sistemas procesales penales, es decir, tres maneras de llegar a una sentencia penal: el inquisitivo, el acusatorio y el mixto.

En el sistema inquisitivo, vigente en Costa Rica entre 1933 y 1973, el procedimiento era totalmente escrito. El juez encargado de la instrucción, al tener noticia de un delito, ordenaba de oficio el inicio de una investigación, se constituía en el lugar de los hechos, realizaba una inspección, identificaba testigos, recopilaba la prueba, ordenaba la detención del sospechoso si encontraba mérito para ello y, previa audiencia a las partes, dictaba la sentencia en delitos menores. Si eran mayores, lo trasladaba al juez penal, quien otorgaba la audiencia y dictaba sentencia.

El sistema mixto rigió entre 1973 y 1998. En este caso, la etapa de investigación era escrita y el juicio era oral. El proceso se iniciaba solo a instancia del Ministerio Público (MP). Así, éste requería ante el juez la existencia de un delito. Una vez activado el proceso, el juez, con la participación del MP, realizaba la investigación. Terminada la investigación, el MP podía acusar, pedir un sobreseimiento o una prórroga extraordinaria para ampliar la investigación. Los testigos estaban obligados a decir verdad, en ambas etapas del proceso, pudiendo el juez incluso ordenar su detención en caso de encontrar discrepancias entre sus propias declaraciones o con otras pruebas.

En el proceso acusatorio, en vigor desde 1998, el MP acusa, la defensa pública o privada defiende, y el juez dicta sentencia de acuerdo con lo que oye en el juicio oral. Así, el MP realiza la investigación y, una vez terminada, presenta ante el juez la acusación o pide un sobreseimiento si no encuentra mérito para acusar. El juez examina los requisitos formales y puede acoger la solicitud de sobreseimiento o la acusación y, en este caso, eleva el proceso ante el Tribunal de Juicio.

Ni condenar ni absolver. Como se ve, en el sistema inquisitivo era preponderante la actuación del juez; el MP y la defensa tenían, en la práctica, poco margen de acción. Por su parte, en el sistema mixto, los jueces tienen también una actuación preponderante en la búsqueda de la verdad real. El tribunal puede ordenar de oficio y para mejor resolver la prueba que considere pertinente, independientemente de que lo hubieran o no solicitado las partes. En este caso, no se podría ni debería culpar al MP ni a la defensa por sus insuficiencias en el ofrecimiento de las pruebas.

Por el contrario, en el sistema acusatorio, el MP y los abogados de la defensa y de la víctima son quienes tienen una actuación preponderante, mientras que el Juez se limita a resolver apreciando los alegatos y la prueba que le ofrecen esas partes, de tal manera que las facultades del Tribunal para ordenar pruebas, y así resolver mejor, están muy limitadas. Por eso se aduce que en este sistema el juicio no es para condenar ni para absolver, sino para juzgar, mientras que en los otros dos sistemas el juicio es para condenar al culpable y para absolver al inocente.

El sistema mixto imperó en el país respaldado por la Corte Suprema de Justicia y con el apoyo de varios magistrados, pero principalmente con el de don Ulises Odio, uno de los juristas más destacados de la época. Se escogió ese sistema por la experiencia que se había tenido en Argentina y su conformidad con nuestra idiosincrasia. Sin embargo, en la reforma de 1998, tuvo mucho peso el parecer de un grupo importante de abogados jóvenes que habían estudiado en prestigiosas universidades de Alemania y que promovieron la adopción del sistema acusatorio imperante en ese país.

Hoy, luego de haber aplicado los tres sistemas, es quizás hora de que el país debata sobre el que más le conviene a Costa Rica. Sé que grandes penalistas locales defienden el sistema acusatorio. Por mi parte, defiendo el sistema mixto, porque, en definitiva, deben ser los jueces, y solo los jueces, quienes asuman la responsabilidad de dictar una sentencia justa, que en efecto absuelva al inocente y condene al culpable. El resultado del caso de Jairo Mora pudo haber sido más justo, si el sistema hubiera sido diferente.

El autor es abogado.