Opinión

Al borde del abismo

Actualizado el 24 de octubre de 2014 a las 12:00 am

Opinión

Al borde del abismo

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Debería alarmarnos que en plena discusión del nuevo presupuesto nacional ni a los poderes Ejecutivo, Judicial y parte importante del Legislativo les preocupe el déficit fiscal o, más mundano, de dónde se van a sacar los fondos para pagar el costo del aparato estatal. Tampoco les importa a los sindicatos del Estado y mucho menos a los estudiantes de las universidades estatales.

Mientras el Ejecutivo les sube los salarios a los empleados públicos y aumenta el aporte estatal a las universidades públicas, el Judicial sigue otorgando pensiones cuatro veces mayores que el máximo del regimen IVM de la Caja, los empleados públicos insisten en sus “pluses” y “otros reconocimientos”, y el presidente de la Asamblea Legislativa marcha en defensa del aumento al presupuesto universitario. O sea, en estado crítico de déficit fiscal y cuando no nos alcanza para pagar los gastos del Gobierno, en vez de buscar una forma de reducir ese gasto, los poderes del Estado, los sindicatos y las universidades publicas nos dicen “esto no es conmigo”.

El caso de Grecia. Precisamente esa actitud hundió a Grecia en abril del 2010. Para entonces, ese miembro de la Unión Europea había acumulado un importante déficit, había sufrido una degradación de su capacidad de hacerle frente a su deuda externa y había solicitado la ayuda del FMI. El Estado era el principal empleador y su presupuesto estaba cargado de salarios (14 por año), “pluses” y pensiones que habían subido 87% en unos cuantos años mientras que la captación de impuestos había disminuido en 31% en el mismo periodo. Para hacerle frente a estos gastos, Grecia emitió bonos, pero tenía un límite. Observadores dentro y fuera de ese país comenzaron a señalar que el modelo de gasto era insostenible, pero el Gobierno los ignoró. Y de pronto, llegó el momento en que, simplemente, la fiesta se acabó.

Cuando llegó el momento en que los ingresos del Gobierno, incluyendo los de bonos emitidos en el exterior, no alcanzaban para pagar los compromisos adquiridos, Grecia acudió en busca de ayuda a la Unión Europea, al Banco Central Europeo y al FMI. Creyeron que por ser miembros les facilitarían los fondos para seguir el modelo, mas se equivocaron de plano, ya que el diagnóstico reveló un déficit fuera de control y un modelo insostenible e impagable. Grecia estaba en bancarrota y junto al colapso económico, colapsaba su modelo social. En cuestión de semanas y en medio de masivas y violentas protestas, se anunciaron las primeras medidas correctivas: despido de miles de funcionarios públicos, reducción de salarios para los que quedaban, eliminación de pluses, la rebaja de pensiones, el aumento de la edad para pensionarse, la paralización de inversión pública en infraestructura y la venta obligada de 25% de las entidades públicas. Mientras tanto, el PIB cayo a -7,1% y más de 110.000 empresas se declararon en quiebra. Hoy, Grecia tiene un nivel de desempleo general del 20%, y de 45% entre los jóvenes.

De lo que podemos aprender de esta tragedia es que un colapso de esta naturaleza es la consecuencia de endeudar al Estado más allá de sus posibilidades. La otra lección es que todos salen perdiendo: empleados públicos, privados y estudiantes. Todo esto porque los poderes del Estado, los sindicatos, las universidades y los que no pagaban sus impuestos decían “esto no es conmigo”.

  • Comparta este artículo
Opinión

Al borde del abismo

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota