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Los beneficios de refinar en casa

Actualizado el 22 de octubre de 2015 a las 12:00 am

Es prioritario resolver el problema de la alta dependencia energética que tiene el país

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Los beneficios de refinar en casa

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La mayoría de los países no utilizan petróleo, sino los derivados que se obtienen del proceso de refinación: diésel, gasolina y jet fuel, principalmente.

De acuerdo con los datos de ventas anuales publicados en la página en Internet de Recope, del 2005 al 2014, Costa Rica consumió 150,2 millones de barriles entre los tres combustibles.

Tomando en cuenta el precio promedio anual reportado por la Energy Information Administration (EIA), el costo FOB acumulado de estos productos habría alcanzado los $14.882 millones. En ese mismo periodo, una refinería eficiente con una pérdida de refinación del 2,5%, habría consumido 154 millones de barriles, cuyo costo FOB, según la misma fuente, habría sido $12.468 millones, aproximadamente.

En otras palabras, si Costa Rica hubiese instalado una refinería eficiente en el 2005, en solo 10 años de operación se habría ahorrado cerca de $2.414 millones, con los cuales hubiera sido posible pagar una inversión cercana a los $1.500 millones y cubrir fácilmente los costos de operación y mantenimiento.

En el artículo “Apertura no bajaría los combustibles” ( Opinión, 2/10/2015), hice, a modo de ejemplo, un análisis puntual, tomando en cuenta los datos existentes en el momento en que fue redactado, pero dados los cuestionamientos planteados por Eli Feinzaig, en su artículo “El conejo en el sombrero de Recope” ( Opinión, 19/10/2015), es necesario profundizar en el análisis.

Ahorro real. De acuerdo con los datos de la EIA, en lo que va del año, y considerando un tipo de cambio de ¢540 por litro, la diferencia promedio entre el precio internacional del petróleo y el de la gasolina, el diésel y el jet fuel ha sido cercana a los ¢66, ¢63 y ¢59 por litro, por lo que si Costa Rica hubiese instalado una refinería eficiente en el 2005, como a la fecha ya estaría pagada, los ahorros que generaría permitirían disminuir considerablemente los precios de los combustibles.

Incluso si se construyera una nueva refinería, los costos esperados podrían ser: electricidad 35 megavatios en tarifa TMT-B; ¢5 por litro, combustibles y pérdidas de refinación (2,5 litros de petróleo por cada 100 litros procesados); ¢3,82 por litro, costo nivelado de capital ($1.500 millones a 20 años al 5%); ¢18 por litro, planilla, operación, mantenimiento y otros; ¢13 por litro, para un costo total de refinación, incluido capital, de ¢40 por litro, dejando un margen de ¢23 por litro para bajar el precio de los combustibles.

Es evidente que un análisis tan elemental como el anterior puede generar cuestionamientos, pues no corresponden a los resultados de un estudio de factibilidad, sino a datos a los cuales he tenido acceso después de laborar más de 20 años en el sector energía.

De acuerdo con el artículo “Oil field costs haven’t made crude oil prices rise”, publicado en la edición de Oil & Gas Journal del 29 de enero del 2013, la tercera parte del petróleo del mundo se produce a menos de $10 el barril y un 90% por debajo de $20 el barril. Por lo tanto, si tomamos en cuenta que según la EIA durante el periodo 2005-2014 el precio internacional promedio del petróleo fue de $80,45 el barril, se concluye que en esos diez años, por cada litro de diésel o gasolina que adquirimos ¢200 son de utilidades netas de las empresas petroleras internacionales, generadas principalmente por la especulación de bolsas internacionales como la de Wall Street.

De hecho, los 154 millones de barriles que hubiésemos requerido para producir el diésel, la gasolina y el jet fuel que consumió el país en ese lapso habrían costado, a lo sumo, $3.080 millones, en vez de los $12.468 que habríamos pagado por importarlos, generando un ahorro en divisas cercano a los $9.390 millones.

Realidad centroamericana. Cualquier persona que crea que con la apertura del monopolio de Recope vamos a resolver los problemas de competitividad, demuestra un desconocimiento total de la realidad energética, como es también irresponsable insinuar que la apertura rebajaría el precio de los combustibles ¢5 sin presentar un solo dato que lo justifique y, sobre todo, cuando la realidad centroamericana demuestra que la participación de varias empresas en un mismo mercado no ha marcado una diferencia significativa en los precios para el consumidor final.

El Comité de Cooperación de Hidrocarburos de América Central (CCHAC) prepara cada semana un análisis comparativo de los precios con impuestos y sin ellos, de las gasolinas y el diésel de los países centroamericanos.

Dado el rezago que produce la metodología utilizada por la Aresep, deben compararse los precios durante un periodo adecuado. Adicionalmente, debe tomarse en cuenta que algunos precios reportados no corresponden a la calidad de los combustibles que utiliza Costa Rica, donde el nivel de octanaje de la gasolina regular y el azufre en el diésel permiten un mejor rendimiento de los vehículos.

Por ejemplo, solo Costa Rica y Panamá ofrecen gasolina regular de 91 RON y el diferencial de precios entre esta y una de 88 RON, como en Nicaragua, Guatemala y Honduras, se encuentra entre los ¢7 y los ¢14 por litro.

De igual forma, según la EIA, la diferencia entre un diésel de 2.000 partes por millón y otro de 50 partes por millón, como el de Recope, alcanza hasta los ¢20 por litro.

Por otro lado, somos el único país que reporta el precio nacional; el resto indica el correspondiente a su ciudad capital, y como el precio para el consumidor en esos países depende de la distancia con respecto a los planteles de almacenamiento, es necesario calcular el precio promedio nacional para compararlo con el de Costa Rica.

Si se hacen estos ajustes a los datos del CCHAC, se concluye que, del 30 de enero al 9 de octubre, los precios de Costa Rica sin impuestos habrían sido entre ¢10 y ¢20 colones por litro más bajos que el promedio en la región, afectados, en gran medida, por los altos precios de Nicaragua.

Pero, aun si se comparan con el promedio de Panamá, Guatemala y Honduras, los precios son prácticamente iguales.

No hay duda de que Recope cuenta con grandes deficiencias que deben ser subsanadas, como también debe reconocerse que la red de poliductos, única en la región, permite obtener grandes ahorros en la distribución de los combustibles, así como la transparencia con que son adquiridos los combustibles en el mercado internacional; sin embargo, ¿vale la pena seguir discutiendo por algunos centavos cuando existen acciones que bajarían el precio de los combustibles en más de ¢150 colones por litro?

Creo que, en vez de destinar recursos para establecer los beneficios de abrir el mercado de hidrocarburos, es prioritario resolver el problema asociado a la alta dependencia energética que tiene el país, para lo cual Recope debe tener la responsabilidad de garantizar el suministro de petróleo que requiere el país explotando yacimientos existentes en su territorio.

Carlos Roldán es investigador del TEC

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