Opinión

Un maldito descuido

Actualizado el 28 de marzo de 2014 a las 03:05 pm

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Un maldito descuido

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El último mensaje por WhatsApp fue contundente: "Tiene un choque de calor con todos los organismos afectados y muerte neurológica".

Eran las 3:19 de la tarde del miércoles cuando un buen médico me contaba, sin afán de hacerlo público como lo es ahora, de una situación que nunca había visto en su vida y que, luego de que la conté a varios de mis compañeros en Redacción de La Nación, nadie era capaz de creerlo: un bebé estaba al borde de la muerte no por la violencia de un padre enfurecido, ni por por nada que se le pareciera, sino por el descuido de su progenitor al dejarlo olvidado en el carro, bajo un calor alajuelense y en pleno verano. Era en día despejado, para peores. El resto de la historia ya la sabemos.

Entre todo lo que pensamos ese día antes de publicar el caso, fue imposible no imaginar, primero, en el sufrimiento del bebé (no se le compara, pero cuántas veces al mediodía nos montamos al carro para ir a hacer una vuelta y adentro es un infierno; abrimos ventanas, un poco de aire acondicionado y hasta el rato es que baja la temperatura); y segundo, lo que estaría sufriendo el padre. ¡Inimaginable!

Para entonces no se conocía mucho sobre cómo se habían dado las cosas, pero comenzamos a juzgar sin conocer detalles y sin tratar de ponernos, al menos un minuto, en los zapatos de esa familia.

Horas después la historia se volvió más cruel. Se trataba de una pareja que durante varios años había intentado tener un hijo. Cuando por fin lo lograron ya terminaban sus 30's, no sin antes haber sufrido una pérdida en un primer embarazo.

Una persona muy cercana a esa familia nos contó lo que podría uno imaginarse: aquel hijo (el sueño hecho una realidad) era los ojos de sus padres. Fotos iban y venían, y hasta una fiesta hubo en celebración a aquella noticia, tiempo atrás, de que un bebé venía de camino.

La historia sobre esa familia es todavía más extensa en estos últimos meses. Contarla es confirmar lo tanto que querían a su bebé. Alguien (muchos) se preguntará cómo es posible que un padre olvide a su bebé en un carro; la respuesta también ya la conocemos y sabemos que todo fue un descuido, un maldito descuido.

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¿Debe caer sobre ese padre el peso de la ley? Podría ser, pero la Fiscalía ya desestimó cualquier delito. Yo estoy de acuerdo.

Lo que cabrá es lo que llaman la "pena natural": el dolor de por vida será tanto que ningún otro castigo será suficiente para hacer 'pagar' al padre su error. Y es aquí donde viene lo último de esta historia de no-ficción: hoy vi una fotografía de la madre del bebé abrazando y consolando a su esposo, ese que le arrebató a su hijo. Horas antes, otro médico me había contado "lo hecho leña" que estaba el papá en el hospital y, al lado de ese señor, su esposa.

Ayer le di muchas vueltas a lo que le pasó el bebé, pero hoy no he dejado de pensar en esa pareja, en cómo será su convivencia a partir de lo sucedido, qué se dirán, qué sentirá realmente el uno por el otro luego de hoy, en cómo estarán sintiéndose en este justo momento, mientras algunos nos tomamos un rato para escribir sobre algo no tan irrelevante y corto como lo que en mi caso suelo publicar.

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