Los cambios hacen posible que estemos cerca de consolidar una inflación baja y estable

 4 mayo, 2016

Hace aproximadamente una década, el Banco Central de Costa Rica (BCCR) inició un proceso de modernización de la forma como se ejecuta la política monetaria. Este proceso aspira a lograr que Costa Rica tenga una inflación baja y estable, algo que es tan válido en la actualidad como lo era en ese momento.

La consecución de este objetivo, designado en la Ley Orgánica del BCCR, permitirá a los costarricenses mantener su capacidad adquisitiva a lo largo del tiempo y tomar decisiones con mayor certidumbre.

La crisis de inicios de los años ochenta desencadenó la aplicación de medidas que se preveía fueran temporales, pero que se mantuvieron por muchos años. Nuestra economía era un ejemplo de libro de texto de un régimen cambiario fijo que imposibilitaba acciones de política monetaria para controlar la inflación. La mayoría de los costarricenses tenía la certeza de que al transcurrir un año su ingreso perdería, al menos, una décima parte de su capacidad de compra.

Las consecuencias perjudiciales para los ciudadanos y el aparato productivo eran evidentes, por lo que el Banco inició la transición hacia una mayor flexibilidad cambiaria e introdujo cambios para utilizar la tasa de interés como instrumento de control monetario.

El régimen cambiario adoptado en el 2006 se anunció como temporal, con el propósito de que gradualmente la economía se adaptara a una flexibilidad creciente para facilitar moverse hacia un régimen de flotación cambiaria. Esta decisión fue tomada finalmente a inicios del 2015.

Las expectativas de inflación y los resultados de los últimos años en los precios demuestran que los cambios emprendidos por el BCCR han hecho posible que estemos cerca de consolidar una inflación baja y estable. La economía ha tenido el privilegio de tomar estas decisiones en contextos de estabilidad, mientras que muchos países adoptaron la flexibilización cambiaria como un recurso de emergencia.

Las variables económicas confirman lo que se esperaba al tomar dichas medidas. Los principales efectos de la crisis financiera internacional del 2008 sobre la economía nacional fueron administrados por el BCCR sin mayores costos gracias a los cambios.

Estabilidad. Como respuesta al incremento en el endeudamiento externo, público y privado, el BCCR ha participado activamente acumulando dólares para los programas de fortalecimiento de reservas y administrando las compras del sector público no bancario.

Esto ha permitido que el mercado cambiario tenga estabilidad a pesar de que los mercados externos experimenten alta volatilidad. Esta estabilidad ha sido beneficiosa para mantener los precios internos de productos importados sin variaciones considerables, y eventualmente conducirá a una mayor confianza en el régimen cambiario en vigor.

A corto plazo, el sector externo presenta una relativa estabilidad, por lo que no se anticipa un ajuste significativo del tipo de cambio. Los flujos de capitales y la inversión extranjera directa han sido coherentes con el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos, lo cual sugiere que el nivel de tipo de cambio es congruente con el estado actual de los fundamentales de la economía.

La inflación, medida con el IPC, es temporalmente negativa, primordialmente por los choques de precios internacionales y la desaceleración económica mundial, particularmente la de China. No obstante, es esperable que a corto plazo estos factores dejen de presionar los precios a la baja. Los indicadores de inflación subyacente señalan un crecimiento de los precios a mediano plazo.

Desempeño económico. El BCCR ha tomado decisiones de política monetaria congruentes con lo indicado, así como con el nivel de producción y la meta de inflación. Por ello redujo la tasa de política monetaria en 3,5 puntos porcentuales desde enero del 2015 hasta la fecha, la cual se encuentra en el nivel más bajo de su historia.

Esto tiene el potencial de mejorar el desempeño económico al reducir costos innecesarios por la tenencia de colones y llevar la inflación a valores cercanos a la meta a mediano plazo.

La economía nacional ha experimentado una aceleración en la actividad económica desde el cuarto trimestre del 2015, que se espera se mantenga a mediano plazo. Este crecimiento no proviene exclusivamente de una sola actividad, sino que es un fenómeno general de la economía, lo cual es una señal positiva acerca de la sostenibilidad y la capacidad de mejorar el bienestar de la mayor parte de la población.

Estos resultados contrastan con lo observado en Latinoamérica y otros países emergentes. Somos uno de los países que más crece y que muestra inflaciones menores, un resultado que puede resultar contraintuitivo, pero que demuestra las ventajas de mantener la estabilidad de precios.

Desempleo y déficit. La recuperación económica motiva discutir el problema del desempleo. Hay factores estructurales que han impedido aumentar el empleo a pesar del repunte económico. No existe un aparejamiento entre las necesidades de los empleadores con las características de aquellos que buscan empleo.

La producción y las exportaciones requieren cada vez más personas con mayores calificaciones técnicas, mientras que la oferta de este tipo de trabajadores no se puede expandir a corto plazo. No obstante, la recuperación económica tiene el potencial de incrementar, aún más, la confianza de los empleadores de manera que incrementen las planillas y se reduzca el desempleo.

Hay otras variables que afectan los resultados de la economía nacional que, aunque quisiéramos, un banco central no puede controlar. El elemento de mayor riesgo e importancia es el déficit fiscal. Afortunadamente, la baja inflación y la administración prudente de las necesidades de financiamiento han permitido que este faltante en el presupuesto del Gobierno haya podido ser financiado en el mercado interno sin un incremento de tasas de interés. No obstante, deben aprobarse las reformas y tomar medidas para desviar el déficit de la trayectoria insostenible que ha mantenido en el último quinquenio.

Competitividad. La competitividad de las empresas costarricenses siempre se ha basado en la calidad de la mano de obra y la capacidad de innovación y adaptabilidad al entorno cambiante de la economía internacional.

Costa Rica se ha mantenido como un lugar atractivo para invertir, en parte gracias a la estabilidad económica y social, así como por su posicionamiento dentro de la cadena productiva mundial.

No debemos cometer el error de pensar que un movimiento inducido del tipo de cambio, que no responda a las fuerzas del mercado, va a hacernos competitivos. Es posible que algunas actividades vinculadas al mercado internacional se vuelvan más rentables instantáneamente, pero esa condición rápidamente se perdería al transmitirse a los costos internos.

Es correcto que otros países han experimentado depreciaciones de sus monedas por ser exportadores de materias primas cuyo precio ha caído, lo cual ha afectado no solo sus términos de intercambio sino la actividad económica.

Estos países más bien luchan activamente en contra de la depreciación de la moneda para evitar la erosión de la capacidad adquisitiva de sus habitantes, y han tenido que adoptar medidas para contener las presiones inflacionarias, lo que inevitablemente desacelera su crecimiento.

En Costa Rica tenemos el efecto contrario, y lo hemos podido enfrentar exitosamente gracias a la flexibilidad de nuestro mercado cambiario. Afortunadamente, incluso en las condiciones actuales, existe todavía espacio para aumentos de la productividad local que permitan mantener la competitividad y fomentar el consumo de nuestros bienes y servicios en los mercados internacionales. Nos corresponde a todos los costarricenses lograrlo.

El autor es presidente del Banco Central de Costa Rica.