Opinión

El autoempleo es la respuesta para las zonas más pobres

Actualizado el 28 de febrero de 2015 a las 12:00 am

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El autoempleo es la respuesta para las zonas más pobres

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El desempleo creciente, el estancamiento de la pobreza y los postulados del Plan Rescate del actual gobierno han generado polémica. ¿Es posible dinamizar la economía tradicional y superar la pobreza? ¿Se puede impulsar el autoempleo con los desocupados? ¿O sería esta la vía para un populismo desatado?

La realidad es dura. En las zonas donde se registran mayores índices de pobreza y desempleo, por la falta de suficientes empleadores, donde impera el bajo nivel educativo y hay escasas inversiones públicas importantes, la única forma de generar ingresos es mediante el autoempleo individual o asociativo. Las personas demandan políticas y servicios públicos de calidad. Proveérselas no es clientelismo, sino la satisfacción legítima de las aspiraciones de la población, amparadas en la propia Constitución Política. Hacerlo mal para obtener réditos político-electorales no es lo que corresponde y tiene efectos no deseados.

Solución regional. Pero ¿es posible que esta población integrada en gran parte por peones o campesinos de subsistencia emprenda la tarea de montar una empresa? Aunque sea la única alternativa, ¿es también técnicamente posible? Pues sí. Lo es si existe voluntad política. En los años setenta y ochenta, la presión de los campesinos sin tierra y de los obreros desplazados generó este mismo dilema en la región centroamericana. En Costa Rica se resolvió mediante la creación de diversas formas de asociación empresarial y en Honduras se formaron, en procesos de capacitación masiva, 1.064 empresas asociativas del año 73 al 76, y hoy día sobreviven palmares de miles de hectáreas como Hondupalma y Coapalma. En nuestro país se crearon cooperativas de diversos tipos como Coopesilencio, que en este 2015 cumple 42 años, y, más tarde, Coopeagropal, que aglutina a más de 600 productores. En Honduras, la presión social se descargó sobre la tierra, y el país evitó caer en la vorágine armada que condujo a la guerra civil en Nicaragua, El Salvador y Honduras. Costa Rica, gracias a la sabiduría de don Teodoro Quirós, como gerente del ITCO, y Armando Alfaro, del IMAS, quienes cooperaron con las organizaciones campesinas, se conjuntaron organización de base y decisión política. Parte de las tierras que antes pertenecían a las bananeras están actualmente en manos de población local.

El dilema vuelve a colocarse sobre el tapete. Frente a la desocupación y la pobreza, surge la oposición de los políticos influenciados por tecnoburócratas que ignoran el tema y no quieren verse enfrentados al ajuste necesario del aparato estatal. En la raíz de esta oposición, además del desconocimiento de la historia y de la tecnología para capacitación, está la convicción de que “solo los gerentes formados en la academia pueden desarrollar empresas”; los demás, solo pueden obedecer.

En la práctica. La experiencia internacional ha demostrado que, entre las personas con bajo nivel educativo, existen grandes talentos que llegarían a desarrollarse organizacional y técnicamente si se les brinda la oportunidad de hacerlo de forma autónoma, siempre y cuando se les den las condiciones políticas y técnicas. En nuestro país, el proyecto Germinadora es ejemplo de esto. El programa ha preparado a más de 3.000 personas en la región sur del país y ha puesto en marcha al menos 208 empresas, incluso sin que se hiciera efectivo el seguimiento institucional concertado por convenio y ordenado por decreto presidencial.

Esto ha generado temor a que, como el aparato institucional es incapaz, por falta de coordinación y dirección, de darles seguimiento a los proyectos, surja un descontento y les pase la factura a los políticos.

Germinadora, lamentablemente, fue descartado, al menos en esta zona, a pesar de estar en el Plan Nacional de Desarrollo, lo cual equivale a decir: “Como las instituciones no pueden verificar cómo caminan las iniciativas de la gente, olvidemos la solución técnica que ha demostrado eficiencia”. Se desechan, así, proyectos de personas apoderadas de sus ideas de negocios y a quienes, en una cuarta parte de los casos, han conseguido sobrevivir por su propio esfuerzo.

Unión de factores. Pienso que esta es la solución del avestruz: meter la cabeza en la tierra para evadir el problema; es expresar temor al descontento que generaría la falta de respuesta del Gobierno en vez de hacer un ajuste institucional. Se equivocan si piensan que las entidades estatales pueden generar el cambio “desde arriba”, solo con financiamiento del Sistema de Banca para el Desarrollo. Este es un camino peligroso, que prioriza las lealtades y conduce al populismo. Es más lógico, eficiente y eficaz, empalmar la reactivación del Sistema Banca para el Desarrollo precisamente con las capacidades gerenciales que se producen “desde abajo”, y superar así el defecto que señalan a la germinadora, uniendo autonomía de la gente con respuesta institucional.

No estamos para improvisaciones, las cosas en nuestro país han cambiado radicalmente desde que nos incorporamos a la economía regional e internacional.

Amenaza. Existe un nuevo poder económico que emerge virulentamente y se enfrenta al Estado: el narcotráfico. Los carteles reclutan sus tropas entre los excluidos. Una estructura institucional anacrónica, la pobreza estancada y el desempleo crónico se constituyen en caldo de cultivo para la penetración del narco.

No es a la población organizada, que propone y posee voluntad de lucha, a la que debe temerse. Por el contrario, hay que aliarse con ella para ajustar las instituciones. A lo que sí se le debe tener miedo es a las protestas y a la furia de la gente frustrada por la ineficacia estatal y maltratada por la pobreza y el desempleo.

Este gobierno no debe olvidar que su triunfo generó profundas esperanzas de cambio. La población espera, de don Luis Guillermo Solís, visión y decisiones, como actuó Pinto a la cabeza de la Selección Nacional. Costa Rica es un pueblo generoso, dispuesto, incluso al sacrificio, para lograr este fin, pero cuya paciencia tiene un límite.

El autor es sociólogo.

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