23 abril

Agota de veras el tránsito, aquel de la circulación vehicular, a la izquierda y a la derecha, y las motos, por poco metiéndose en medio de las piernas de uno, yo con mi Dodge, dos patas.

Pero también el tránsito, demasiado lento, de una estación a otra. Hace cuatro décadas, cuando los estudiantes todavía prestaban atención, por el inicio de abril, determinada clase de la tarde, a la una, de repente tenía encanto macondiano, hasta con mariposas amarillas: todos suponíamos y suplicábamos, sabíamos pues, que iba a llegar la primera ráfaga… y zaz… en un escándalo de ruido y raudales de agua… había llegado el tránsito hacia la estación de lluvias.

Ahora, por fin llegó Godot, que ya no esperábamos. Alabados los dioses, el trance. Nos estuvo entreteniendo o simplemente engañando el Instituto Meteorológico con sus anuncios… que ya, faltaba poco, que sí, ahora, ya….

Y claro, Rubén Darío nos acordó también de otro tránsito: el homo viator , la vida como un viaje. “Juventud, os vais para nunca volver”. Ya me di cuenta, gracias. Pero también nos enredó: ese memorable verso lo plantó en Canción de otoño en primavera.

El autor es educador.