Por: Armando Mayorga 7 mayo, 2015

El hundimiento de la barcaza de Fertica sacó a flote el descontrol con que se maneja el transporte marítimo de tóxicos y generó, a la vez, una marejada de dudas sobre la prevención y el manejo de un futuro derrame químico. Esto no puede quedar como otro “accidente”; debe incitar una reacción, de buen oleaje, en el Gobierno porque, al final de cuentas, el Estado es el gran responsable. Vamos uno por uno.

--La División Marítimo Portuaria del MOPT fue totalmente inoperante al permitir que la barcaza navegara con los permisos vencidos desde julio del 2014, y sin mayor sanción. Podrá ser que cuentan con pocos inspectores, pero, al menos deben tener criterio para priorizar lo riesgoso, como lo es una nave que transporta 180 toneladas de químicos.

--El Instituto Costarricense de Puertos del Pacífico (Incop) estaba pintado en la pared. Las barcazas le pasaban enfrente, entre carga y descarga, y nadie cuestionó el porqué de los trasbordos de 6.000 toneladas de nitrato de amonio, barco-barcaza, mar adentro.

¿Quién autorizó esta peligrosa operación en pleno mar cuando hay un puerto seguro de 180 metros de largo en Caldera para manejo de carga a granel? Es cierto que cobra casi $7 por tonelada, pero tiene las condiciones para evitar derrames. ¿Cómo Fertica no fue obligada a descargar allí? Lo pregunto porque es solo una de las dudas que la empresa no responde y guardan silencio en esta emergencia. Por más que la prensa ha buscado una explicación, no dan la cara.

--La Asamblea Legislativa también ha sido omisa. ¿Cómo es posible que los diputados no hayan promulgado una ley para regular el tráfico de tóxicos en mares? Su transporte, carga y descarga es decisión de un simple capitán, y si hay un accidente, el Estado nunca supo. Llegó el momento de dejar el discurso y de poner reglas para evitar una verdadera tragedia humana y ambiental.

--El accidente también desnudó la inexperencia de la Comisión Nacional de Emergencias y del Ministerio de Ambiente para manejar un naufragio, pues, en un inicio, se minimizó el efecto del químico y 17 horas después se decretó alerta roja.

Lo positivo de este naufragio es que no fue catastrófico, solo desastroso en cuanto al manejo estatal. Si Dios nos salvó de esta, lo menos que puede hacer el Gobierno es actuar.

*Armando Mayorga es jefe de redacción en La Nación.