Opinión

A 110 años del natalicio de don Pepe

Actualizado el 25 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

Su mejor afán fue el mejoramiento de las condiciones de vida de los menos favorecidos

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A 110 años del natalicio de don Pepe

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Él mismo lo dejó escrito en la obra El espíritu del 48: “Yo nací el 25 de setiembre de 1906 en San Ramón de Alajuela”.

Hoy se cumplen, pues, 110 años de su natalicio y no es posible que tal fecha venturosa pase de largo, sin rendirle homenaje de respeto, admiración y gratitud a un hombre que se lo ganó, en su andadura vital, por la claridad de su genio y la decisión sin vacilaciones con la que pudo transformar en realidad sus ideas, tendientes a forjar –para todos– una patria mejor.

Lo había dicho Goethe: “Pensar es fácil; lo difícil es actuar conforme al pensamiento”. Don Pepe pensó y actuó.

Tuve el privilegio de departir con José Figueres Ferrer –el don Pepe por antonomasia– muchas horas y muchísimos días, ocasiones en que reiteradamente me sorprendió la hondura de su talento, afán de cultura, visión penetrante de la historia y preocupación por el destino de su país.

Así también calaron en mí su sensibilidad, compasión y espiritualidad. Y, por sobre todo, su ilusión de que esta “pequeña” Costa Rica –a la vez grande en inusitadas determinaciones– fuera el crisol donde se realizara el milagro de la alquimia económica, política y social para construir una sociedad democrática consecuente con los postulados de libertad y fraternidad, con igualdad de oportunidades y la garantía de participación, sin exclusiones, en la mesa del bien común.

Fue su mejor afán el mejoramiento de las condiciones de vida de los menos favorecidos y, por encima de sus concepciones ideológicas, don Pepe fue un pragmático en la búsqueda de soluciones posibles a los apremiantes problemas de la sociedad nacional.

Sus acciones políticas y su actuación como gobernante pueden haber sido discutibles, sobre todo para los que buscan manchas al sol, pero la realidad de sus empeños está ahí, firme, imbatible en la historia, porque los hechos hicieron posible una patria mejor y, en ocasiones, convirtió a Costa Rica en país señero en el concierto internacional de naciones.

Abrió caminos, corrigió rumbos, atisbó el futuro y dejó su impronta grabada en el espíritu costarricense.

Día inolvidable, pues, ese 25 de setiembre de 1906, que hoy a la distancia de 110 años recordamos y festejamos.

El autor es periodista.

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