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Los 80 años del PIB

Actualizado el 05 de enero de 2014 a las 12:00 am

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Los 80 años del PIB

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Hace 80 años (el 4 de enero de 1934), el producto interno bruto (PIB) fue presentado como la primera medida del ingreso –de la creación de riqueza– de una economía. Desarrollado por el economista Simón Kuznets en un reporte comisionado por el Congreso de Estados Unidos para medir la actividad económica durante la Gran Depresión, el PIB rápidamente se convirtió en una medida ampliamente aceptada de la prosperidad de una nación. El crecimiento del PIB es la forma en que medimos si una nación está mejorando, y el PIB per cápita se ha convertido en la medida mas aceptada del estándar de vida.

Por varias décadas, sin embargo, un creciente número de analistas han empezado a cuestionar si el PIB es una buena medida del desempeño de una nación. Notablemente, como consecuencia de la crisis financiera de 2008, Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Jean-Paul Fitoussi presentaron su reporte intitulado “Malmidiendo nuestras vidas”, en el que argumentaban que, “si utilizamos las métricas equivocadas, tomaremos decisiones también equivocadas”.

El mismo Kuznets había advertido que el PIB era un lente limitado por su enfoque económico. Él escribió: “El bienestar de una nación difícilmente puede ser inferido de la medición de su ingreso económico”. Nuestro estándar de vida refleja activos sociales, ambientales y comunales, además de los económicos. La felicidad y la satisfacción dependen de muchos otros factores como la salud, el acceso al conocimiento, la tolerancia y la disponibilidad de oportunidades de crecimiento personal.

El PIB no está equivocado, pero solo mide lo que mide. El conflicto social que resultó en la Primavera Árabe en naciones económicamente prósperas son un síntoma de que las mediciones económicas hoy son insuficientes para evaluar el estado de una nación. Los disturbios y protestas en Brasil, un país con un buen récord de crecimiento en años recientes, indican lo mismo.

Las debilidades del PIB y la necesidad de contar con mejores medidas han sido ampliamente reconocidas. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) de las Naciones Unidas fue un importante primer paso hace 25 años, pero descansa en un número muy limitado de variables, una de las cuales es el PIB per cápita, y no aporta nada en términos de acceso a recursos y su sostenibilidad. El IDH es una guía incompleta de los retos y oportunidades que enfrentan las sociedades –igual en naciones ricas que en las emergentes– en el siglo XXI.

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Esta falla crítica en medición ha derivado en la creación del Índice de Progreso Social (IPS), el más inclusivo y ambicioso esfuerzo jamás realizado para medir el progreso social de una manera integral. El IPS define el progreso social de acuerdo a tres dimensiones: ¿tiene el país la capacidad de satisfacer las necesidades esenciales de su población?, ¿tiene el país las instituciones e instrumentos necesarios para que sus ciudadanos y comunidades mejoren su calidad de vida?, y ¿ofrece el país un ambiente en que cada ciudadano tiene la oportunidad de alcanzar su pleno potencial?

Con base en la literatura académica, el IPS utiliza los mejores datos disponibles para medir el desempeño de las naciones en las tres dimensiones señaladas, usando indicadores que miden resultados como la expectativa de vida, la escolaridad o la libertad de escoger un estilo de vida, en vez de medir esfuerzos como el gasto del Gobierno en algún área o la emisión de una nueva ley o programa. Este año, el Índice de Progreso Social medirá el bienestar en 129 naciones, que representan el 90% de la población mundial.

El Índice de Progreso Social intenta capturar un amplio rango de indicadores que definen el bienestar y permiten identificar áreas que requieren mejoras. Por ejemplo, en el caso de los Estados Unidos se muestra con claridad la debilidad del sistema de salud, el pobre desempeño ambiental y el rezago en incorporar a todos en la era digital.

Como el IPS mide el desempeño social directamente, con indicadores que excluyen factores económicos, se logra por primera vez examinar la relación entre el PIB per cápita y el progreso social. Anteriormente se suponía que el crecimiento económico impulsaba el bienestar. Y, de hecho, un PIB per cápita más alto en general está positivamente correlacionado con un mayor progreso social, pero la correlación dista mucho de ser automática. Para un mismo nivel de ingreso hay naciones mucho más eficaces en crear progreso social. Costa Rica, por ejemplo, ofrece mucho mayor bienestar que Sudáfrica, a pesar de tener un ingreso per cápita muy similar.

El PIB seguirá siendo una medida clave del desempeño de las naciones, pero hoy podemos medir el progreso social en formas que Kuznets y sus contemporáneos difícilmente hubieran podido imaginar. Mientras celebramos el 80 aniversario del PIB, podemos aspirar a mucho más. La habilidad de medir el progreso social mejorará significativamente en los próximos años y, así, mejorará la calidad de las inversiones y de las políticas dirigidas a incrementar el bienestar.

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Michael E. Porter, Bishop William Lawrence University Professor, Harvard University.

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