28 abril, 2014

Generalmente, cuando se habla de problemas de la atención médica en Costa Rica, se hace referencia a una crónica falta de recursos humanos y materiales, que se ha agravado con el pasar del tiempo, pues la población ha aumentado y las enfermedades que ahora nos afectan más son sumamente complejas, relacionadas con nuestra genética o el proceso de envejecimiento, y exigen, para su debida atención, magníficos especialistas y tecnología avanzada, con un abordaje individual, muy diferente del abordaje colectivo con que tuvimos éxito en el pasado, cuando los problemas de salud eran propios del subdesarrollo, requerían tecnología simple de bajo costo y pocos especialistas.

Antes, el hospital, como espacio de trabajo, fue el lugar apropiado, pero hoy es en el centro de ciencias médicas, o centro médico, donde se pueden desarrollar la ciencia y la tecnología necesarias para diagnosticar y curar a los nuevos pacientes. Pero lo que quiero subrayar ahora es que, en este contexto y más allá de los recursos, requerimos urgentemente una conducta ética sin concesiones.

Modelo anacrónico. Aparte de lo anterior y como consecuencia directa de una antigua ceguera, se piensa que los servicios de salud deben ser prestados por el Estado, pero la evidencia indica que ese esquema ha fracasado, y todos los países modernos combinan juiciosamente, para beneficio de los pacientes, la medicina pública con la privada, logrando así reducir las citas a largo plazo, y las cirugías y procedimientos diagnósticos o terapéuticos anteriormente pospuestos indefinidamente.

Sin embargo, nosotros continuamos frustrando a los pacientes y dañando cruelmente su salud, al hacer muy difícil obtener una cita en clínicas periféricas, Ebáis y hospitales.

En este momento quiero advertirle al lector que esto lo he dicho, junto a muchos otros médicos conscientes de lo que nos está pasando, en infinidad de artículos, conferencias y foros, al grado de que a veces pienso que este esfuerzo es inútil, pues hemos avanzado poco en comparación con lo que vemos en países desarrollados. También debo señalar que solo quien nunca ha estado hospitalizado por una grave enfermedad cree equivocadamente que es igual la atención médica en unos países y en otros. De hecho, si el paciente tiene una póliza internacional de gastos médicos, los mejores galenos costarricenses, cuando diagnostican una enfermedad grave, le van a recomendar que viaje a un centro médico reconocido en el exterior.

Nuestro servicio, en general, es bueno en el caso de una emergencia o accidente y para muchos padecimientos de moderada complejidad. y esto debe reconocerse. Por otro lado, también somos exitosos en cuanto a tener un seguro social universal, y esto nos enorgullece. Pero es que ahora necesitamos pasar a una etapa superior en materia de organización de la atención médica, y, para esto, es indispensable una reestructuración de lo que tenemos y establecer alianzas público-privadas. De otra manera, o sea, haciendo lo mismo que hasta ahora, es imposible superar las limitaciones mencionadas.

Para reducir la brecha precitada –que está creciendo–, se deben introducir cambios en nuestro anquilosado modelo y, si bien las alianzas se necesitan, el riesgo de atropellar principios éticos es grande y, por ello, debe insistirse fuertemente en el tema central de este artículo.

Ética olvidada. No obstante todo lo dicho, lo más importante es reconocer que tenemos grandes fallas en la conducta ética en todos los niveles. Los escándalos recientes, sin necesidad de volver a mencionarlos, nos señalan con meridiana claridad que se están cometiendo numerosos actos reñidos con la ética más elemental, que esta es una disciplina olvidada y que la mayor parte de los grupos no quiere saber nada de ella.

Es más, en ocasiones existe una impunidad vergonzosa y, en lugar de condenar a los transgresores, se les ayuda a explicar su falta y a trasladar la responsabilidad a otras instancias o a desestimarla.

Aun si tuviéramos todos los recursos humanos y materiales, y una organización ideal para brindar servicios médicos del más alto nivel, sería imposible obtener buenos resultados, como necesitan y merecen todos los costarricenses, sin apegarse estrictamente a un moderno código de ética.

Por ese motivo, la Universidad de Ciencias Médicas y la Academia Nacional de Medicina y el Colegio de Médicos y Cirujanos han decidido poner sobre la mesa este tema esencial, organizando, por separado, diversas actividades que ilustren la importancia de la ética en los servicios de atención médica de todos los niveles, y cómo, sin ella, resulta imposible progresar tanto en lo público como en lo privado.

Para ampliar algunos conceptos expuestos aquí, recomiendo leer Por qué fracasan los países , de Acemoglu y Robinson, profesores de Economía en el MIT y en Harvard, respectivamente.

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