Opinión

El agua de mar y la salud humana

Actualizado el 28 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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El 97% del agua del planeta se encuentra en los océanos, con un volumen total estimado de 1.370 millones de km³. Estas constituyen el origen de las aguas dulces de los lagos, ríos, casquetes polares y acuíferos, debido a que su evaporación se condensa en las nubes y regresa a la tierra en forma de lluvia y nieve. Estas, a su vez, sustentan las aguas superficiales y subterráneas, cargadas de minerales, y estas al entrar en contacto con los suelos y rocas, regresan a los mares. Las características fisicoquímicas, la salinidad promedio del 3,5% y la luz solar, propiciaron la “sopa” ideal para gestar el origen de la célula y la vida en el planeta tierra.

Comparativamente, el agua de los océanos y mares cubre el 70% de la superficie terrestre, valor muy semejante al contenido de agua en el cuerpo humano. Esta coincidencia le permitió a Claude Bernard (Francia, 1813-1878), establecer la analogía de que los seres humanos somos “peceras vivientes”, en donde las células son la equivalencia a peces sumergidos en un líquido plasmático parecido al agua marina, con sales disueltas, lo que es la piedra angular para una buena homeostasis y nutrición celular.

Paradójicamente, la óptima salud ambiental del planeta tierra y de los seres vivos, incluida la especie humana, dependen de la buena calidad del agua marina y del líquido plasmático e intersticial de los organismos vivientes, respectivamente.

Estas conexiones místicas entre el agua de mar y la vida en el planeta han impulsado a los seres humanos a buscar el poder curativo marino para las afecciones agudas y crónicas de su organismo. En el periodo de 1750 a 1840, se fomentó el uso del mar como fuente medicinal. Este poder curativo del mar se basa en la recarga hidroelectrolítica de las células; el reequilibrio de la función enzimática; la regeneración celular; y la capacidad antigermicida y antinflamatoria que posee.

Estos aspectos beneficiosos para la salud se pueden obtener por contacto de las zonas afectadas, tanto internas como externas, con pequeños volúmenes de agua marina, o por consumo mediante gárgaras, introducción nasofaríngea para combatir infecciones de garganta y sinusitis. Además, puede desinflamar y atenuar las hemorroides, mientras que el contacto con heridas superficiales infectadas, por periodos y frecuencias adecuadas, mitigan o eliminan la carga microbiológica causante.

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Lógicamente, ante el poder curativo del mar han existido posiciones extremas y polémicas, como los experimentos realizados por el filósofo francés René Quinton (1866-1925) para sustituir el plasma sanguíneo por “plasma marino”, amén del uso de agua de mar como nutriente y para la hidratación del cuerpo humano. No obstante, otros médicos han rechazado lo afirmado por Quinton, e indican que el consumo de agua marina es tóxica para el ser humano.

Sin embargo, la realidad es que el agua de mar es la “madre de todas las aguas”, con capacidades curativas físicas y mentales. En este último beneficio, nadie puede negar la higiene mental que provoca escuchar y contemplar el mar, sobre todo en las hermosas playas de Costa Rica.

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