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Se agotan los gases lacrimógenos en Caracas

Actualizado el 29 de abril de 2017 a las 10:00 pm

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Se agotan los gases lacrimógenos en Caracas

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Todo parece agotarse en Caracas, Venezuela. Se agota la comida, se agota la paciencia del pueblo, se agota la retórica populista, se agota el papel higiénico, la pasta dental y, al ritmo que van las cosas, con la represión institucional se agotarán pronto los gases lacrimógenos y las balas de goma que lanzan diariamente la Policía y la Guardia Nacional bolivariana contra el pueblo.

Es el pueblo marchando en las calles en protesta permanente y es la represión permanente, pero seguramente bajo el lente de Nicolás Maduro son “decenas de miles de agentes del imperialismo yanqui que salen a diario a protestar y, mejor dicho, a buscar cómo derrocar a la revolución bolivariana”, por lo tanto no hay tregua hasta agotar las existencias de gases lacrimógenos y balas de goma.

Entonces, cuando finalmente se agoten las abundantes existencias de gases lacrimógenos y balas de goma, en su obsesión represiva, a Nicolás Maduro solo le quedará la opción de usar las balas de plomo, aunque ya algunos paramilitares motorizados de su régimen despótico se han adelantado disparando las balas de verdad que han matado a 24 ciudadanos, entre ellos –con certeros tiros a la cabeza, mientras caminaban pacíficamente por las calles– están Carlos José Moreno Barón, de 17 años, en Caracas, y Paola Andreína Ramírez, de 23, en San Cristóbal, estado de Táchira.

Nuevo cargamento. Otra opción que quizás considere Maduro, antes de recurrir a las balas de plomo, sería pedir una dotación de emergencia de gases lacrimógenos y balas de goma a los países hermanos del ALBA que le quedan, para contener a los agentes del imperialismo hasta que se cansen, sin tener que asesinarlos en las calles de Caracas y otras ciudades venezolanas.

A lo mejor me adelanto o a lo mejor ya lo hizo secretamente y el cargamento va volando, con la urgencia de un courier, hacia su destinatario.

Con independencia de eso, podría optar por una salida que no necesite más gases lacrimógenos, balas de goma y mucho menos, balas de verdad.

Podría convocar por adelantando a elecciones libres, ya que con sus poderes omnímodos suprimió la posibilidad del referéndum revocatorio, liberar a los presos políticos, permitir una irrestricta libertad de prensa, en fin, volver a la tradición democrática venezolana que en una época fue el ejemplo en América Latina para los países que vivíamos bajo regímenes dictatoriales.

Esta misma tradición democrática, que parecía estar arrasada por el populismo chavista, es la llama que mantiene encendido hoy al pueblo venezolano en protesta permanente contra un régimen despótico y es la misma que sorprende y causa admiración a millones de demócratas latinoamericanos que contemplamos por la televisión, desde la comodidad de nuestras salas, su gesta heroica.

Llanto. La verdad es que la situación en Venezuela es tal, que quienes no lloran en las calles por el efecto de los gases lacrimógenos, lloran en sus casas por el efecto de la escasez de los productos más elementales para el consumo humano: un contrasentido en un país tan pródigo en recursos naturales y una prueba irrefutable de un experimento político fallido del siglo XXI.

Palabras de reconocimiento especial y admiración merecen aquellos ciudadanos venezolanos que con sus celulares se transforman en el periodista independiente que derrota la censura y a los periodistas de CNN en Español, liderados por ese incisivo Fernando del Rincón, que se encargan de divulgar al mundo y devolver a Venezuela todo cuanto allí sucede.

Al vencer a diario la censura oficial, devolviendo al pueblo venezolano su propia verdad, CNN en Español ha demostrado que la censura en el siglo XXI es ya una herramienta obsoleta para los dictadores, pues ha quedado enterrada por la tecnología y el coraje de un pueblo. Con las redes sociales y millones de reporteros improvisados, armados con sus celulares, mientras se alzan en protesta contra la opresión, la verdad derrota a la censura.

Los refuerzos de gases lacrimógenos, una reminiscencia de la Primera Guerra Mundial, no llegarán a tiempo ni serán suficientes contra todo un pueblo que está dando a nuestra América un ejemplo digno de ser emulado.

El autor es periodista, exministro y exdiputado nicaragüense.

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