Opinión

Hay que afrontar acertadamente la historia

Actualizado el 19 de enero de 2014 a las 12:00 am

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Hay que afrontar acertadamente la historia

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El 26 de diciembre del 2013, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, haciendo caso omiso de la fuerte oposición de China y de otras partes, descaradamente rindió homenaje al santuario Yasukuni, donde se honra a los criminales, de clase A, de la Segunda Guerra Mundial. Esta acción ha sido fuertemente condenada por la comunidad internacional, por constituirse en un descarado desafío a todos los pueblos víctimas de la guerra militarista japonesa de agresión, a los resultados de la Segunda Guerra Mundial y al orden internacional de la posguerra. La acción de Abe está dirigiendo a Japón por un camino extremadamente peligroso y ha socavado gravemente la paz y la estabilidad regionales. De ahí que ha sido el objeto de la fuerte oposición por parte de sus vecinos asiáticos.

El santuario Yasukuni fue el instrumento espiritual y símbolo del militarismo japonés en su guerra de agresión y la dominación colonial durante la Segunda Guerra Mundial. Hasta la fecha, todavía se aferra a su alegato de que la agresión está “justificada”, y venera piadosamente a 14 criminales, de clase A, de la Segunda Guerra Mundial como “héroes”, haciendo todo lo posible para pregonar la visión militarista de la historia.

Al rendir homenaje al santuario Yasukuni en calidad de primer ministro de Japón, Abe está tratando de avivar la arrogancia y ferocidad de los criminales de la guerra de agresión. Esto ha puesto plenamente de manifiesto su naturaleza derechista, revelando que, 70 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, Japón sigue sin entender y tratar correctamente su agresión del pasado. Esto es un intento de anular el juicio justo sobre el militarismo japonés hecho por la comunidad internacional después de la guerra, y de cuestionar los resultados de la Segunda Guerra Mundial y el orden internacional de la posguerra.

Solo con un enfoque acertado sobre el pasado se podrá abrazar el futuro. En diciembre de 1970, el entonces canciller federal alemán, Willy Brandt, se arrodilló ante el Monumento al Holocausto en recuerdo de las víctimas judías en Varsovia para pedir perdón por los crímenes cometidos por los alemanes en la guerra, gesto que conmovió a Europa y al mundo entero. Los sucesivos Gobiernos de Alemania no solo han asumido las responsabilidades de la guerra, sino que también han pedido disculpas con toda sinceridad y adoptado medidas para que los jóvenes conozcan plenamente las atrocidades de la Alemania nazi y sepan visualizar correctamente esa historia vergonzosa.

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Sin embargo, en los últimos 70 años, Japón no ha hecho nada para aliviar los graves daños causados por su guerra de agresión a los pueblos asiáticos. La guerra de agresión contra China, desatada por el militarismo japonés, ha infligido irreversibles calamidades sobre el pueblo chino, y el Ejército japonés invasor cometió la masacre de Nanjing y muchas otras atrocidades horribles. China sufrió nada menos que 35 millones de muertos y heridos, y $600.000 millones en pérdidas directas e indirectas.

Japón es el vecino de China. Estamos dispuestos a desarrollar relaciones normales de buena vecindad y de amistad con el pueblo japonés. Cuando China y Japón normalizaron sus relaciones diplomáticas en 1972, los dirigentes chinos hicieron la importante decisión de no exigir a Japón compensaciones de guerra. Esto es porque creemos que los crímenes y las responsabilidades de la guerra de agresión contra China deben ser asumidos por el pequeño puñado de militaristas, y que el pueblo japonés también es víctima de la guerra. Sin embargo, Abe se ha negado a asumir las responsabilidades históricas y a reconocer los crímenes cometidos por Japón, y ha sido tan atrevido como para adorar a los criminales de guerra, de clase A. Esto ha dañado severamente y subvirtió la base política de las relaciones entre China y Japón.

Los resultados victoriosos de la guerra mundial antifascista y el orden internacional de la posguerra se lograron a expensas de la vida y sangre del pueblo de China y del mundo.

Nunca permitiremos a Japón revocar el veredicto de su historia de agresión, ni volver atrás la rueda de la historia. Estamos dispuestos a trabajar, junto con el resto del mundo, para salvaguardar la justicia histórica y la paz mundial.

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