Opinión

La adversidad del nacionalismo en la crisis democrática

Actualizado el 11 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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La adversidad del nacionalismo en la crisis democrática

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Costa Rica ha sido ejemplo para el mundo, tanto en aspectos sociales como políticos, y por ello es triste ver que, en la actualidad, seamos una nación que vive una supuesta identidad nacional y un aparente orgullo patriótico.

Creemos que el sentirnos personas nacionalistas es identificarnos con una lengua, una religión y una tradición (como el tamalito en diciembre con un rico café recién chorreado, o apoyar con pasión un gol de nuestra selección). Sin embargo, estamos un tanto equivocados, ya que el ser nacionalistas va más allá de lo que creemos conocer.

Desde que nacemos en el seno familiar, y a través de la educación formal, se supone que deberíamos tener los elementos necesarios para formar nuestra identidad nacional, no solo como individuos sino a partir del una colectividad con la que convivimos.

Pero, ¿dónde está el bien común colectivo en nuestros días?

Carencia mundial. No solo en Costa Rica debe hacerse esta pregunta, pues miles de personas alrededor del mundo mueren a causa de la deshumanización, que incita los asesinatos a sangre fría entre miembros de una misma nación y que permite que niños y ancianos cuenten sus días de vida a falta de un poco de agua o unos cuantos granos de arroz para subsistir. Estos frecuentes casos deben recordarnos que el nacionalismo se nutre de hechos cotidianos.

El nacionalismo verdadero, ese que nace de una manera pura, el que hace que nos identifiquemos con nuestras naciones, así como un recién nacido lo hace con su madre pues sabe que ella le brindará protección y sustento, debe sentirse y trabajarse. Pero ¿será la falta de este innato sentimiento la causante de que nuestros gobernantes no sepan lo que es necesario en una democracia y, por ende, del progreso de la crisis democrática de nuestro país?

Si nos preguntáramos qué es una democracia, normalmente diríamos: “La que nace del poder del pueblo, esa que nació en Grecia y, luego, fue esparcida por el mundo. ¿Será esto lo que en la actualidad vivimos en nuestro país? ¿Contamos con un sentimiento nacionalista real en la actualidad?

La democracia debe ser la que sustente el orden y la que vele por la justicia y el bienestar social; de estos se derivan el progreso del país, la paz y la hegemonía social.

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Nacionalismo y democracia. Nuestros gobernantes deben buscar cómo relacionar la hegemonía entre el nacionalismo y la democracia, ambas fortalecidas y de la mano, sin ser una más que la otra, ya que el nacionalismo necesita de la democracia para ser organizada y no “direccionada”. Por otra parte, la democracia requiere del nacionalismo para escuchar la voluntad y necesidades del pueblo.

Estoy segura de que si nuestro país y los demás del mundo, basados en esta ideología, contaran con la perpetua unidad pura y transparente de la democracia y el sentir nacionalista, podrán surgir, podrán salir de esos hoyos negros en los cuales poco a poco se han sumergido.

El nacionalismo, por su parte, procura esa unidad de las masas, paz para la nación, bienestar, pero para su funcionamiento se requiere de orden, que sugiere uno superior, pero es ahí donde nuestros líderes, a esos que cada cuatro años les entregamos el poder, deben saber que es preciso liderar con integridad, justicia e inteligencia, en favor de la patria. Y nosotros, el pueblo, debemos colaborar como una sociedad civil integrada y comprometida con esos valores.

Todos, como colectividad, debemos recordar que pertenecemos a un mismo sentir nacional, que entre todos debemos hacer surgir a Costa Rica de la misma forma que nuestra democracia necesita del surgimiento de nuevas y valiosas ideas.

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