Opinión

Mi adiós a estas páginas

Actualizado el 12 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

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Mi adiós a estas páginas

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Cuando usted lea estas líneas, yo no estaré ya más en la Redacción de este diario en la que trabajé durante los últimos 20 años. Comienzo ahora una etapa diferente de mi vida profesional y creo dejar atrás una estela de golpes noticiosos, polémica y entrega.

Por el respeto a ustedes, lectores y fuentes de información, quienes me han nutrido de primicias, denuncias y alertas durante la mitad de mi vida, les pedí a las autoridades de La Nación que me permitieran publicar estas líneas para despedirme desde las páginas en que plasmé mi nombre, mi estilo, mi cariño y mi esfuerzo.

Hoy no me queda más que agradecerles su lectura, su atención, su comprensión, su amabilidad y su respeto.

Con muchos coincidí y también con otros diferí, y eso nutrió mi trayectoria periodística.

También agradezco a una empresa que durante toda mi gestión me permitió capacitarme y crecer como profesional, cubrir los hechos de mayor relevancia histórica y política de los últimos quinquenios, conocer a miles de personas y cientos de lugares, tener contacto con decenas de fuentes y compartir faenas y amistad con un sinnúmero de colegas de muchos medios. Pero reconozco que, sobre todo, me permitió ejercer un periodismo firme, valiente, preciso, incisivo, cuestionador, crítico, pero siempre respetuoso y profesional.

Además, La Nación me dejó imprimir en mi trabajo un estilo particular –quizá incómodo para algunos–, pero el cual hoy extraigo de estas páginas y me lo llevo como un gran tesoro y que, creo, me permitió intentar marcar diferencia como reportero, como redactor y, en los últimos ocho años, como coordinador y editor de Política del díario.

Estas páginas me dieron el chance de impregnar en mi trabajo los principios que me inculcaron mi padre y mi madre, quienes, estoy seguro, hoy están en el Cielo, orgullosos de su hijo.

Nunca los defraudé y estando en esta empresa los vi partir, vi crecer a mis dos hijos y, aunque no me percaté en qué momento, hoy observo al espejo cómo mi pelo negro y frondoso de hace 20 años, se tornó gris, casi blanco, y rebelde. Señal de los años.

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Me voy de La Nación orgulloso de la labor efectuada, de mis compañeros mayores y menores, de la huella que los primeros me dejaron y de la que intenté dejar en los segundos. Cruzo la puerta de salida, orgulloso de mis valores.

Dios mediante, espero pronto estar golpeando un teclado, abriendo un micrófono, mirando a una cámara o dando orientación con lo poco o mucho que he aprendido. Siempre llevaré a mis lectores y a mis compañeros en el corazón. A mis fuentes las tendré en la memoria y en la agenda.

Cuando usted lea esto, espero haber comenzado ya a tejer la otra mitad de mi vida. ¡Nos vemos!

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