Debemos establecer un programa de austeridad que permita racionalizar el gasto público

 27 septiembre, 2016

El presupuesto del Gobierno creció en ¢3,64 billones entre el 2014 y el 2017. El próximo año el servicio de la deuda y los intereses absorberán el 33% del presupuesto total y el incremento del pago de obligaciones va a ser del 20%.

Del total de los egresos del Gobierno en el 2017, el 46% se va a financiar con más deuda. De no racionalizarse los gastos y buscar nuevos ingresos, se recortarán las compras públicas y la inversión irreversiblemente.

El presupuesto presentado al Congreso para el 2017 tiene un incremento de un 12%, con una inflación proyectada de un 3% a un 4%, lo que va a significar un aumento real de un 8% a un 9%.

Esta expansión del gasto público por mas de ¢1 billón para el 2017 está acelerando un mayor crecimiento del endeudamiento y del déficit fiscal, que superará el 6% del PIB.

Con una deuda pública del Gobierno que alcanzará el 50% del PIB en el 2017, se encenderán todas las alarmas de las calificadoras de crédito, lo cual producirá una reducción de la puntuación. Como consecuencia, las fuentes financieras externas nos cerrarían las líneas de crédito o aumentarían las tasas de interés por el incremento de los riesgos.

Ante esta situación, el gobierno se verá obligado en el 2017 a recurrir al mercado interno estrujando al sector productivo nacional.

A esta crisis fiscal debemos agregar el actual problema de gobernabilidad, un desempleo que supera el 20% en jóvenes de 19 a 25 años y el 31% entre los jóvenes de 15 a 19 años y una grave crisis de liderazgo político y credibilidad que nos impide llegar a acuerdos como sociedad.

Graves carencias, disfuncionalidad y duplicidades de cientos de instituciones que hemos creado en los últimos 25 años y las preocupantes señales de casos de corrupción del pasado generan una creciente deslegitimación de los partidos políticos.

Juventud y trabajo. No podemos quedarnos con los brazos cruzados ante la desocupación tan preocupante de nuestra juventud. Algo esta mal en nuestro sistema educativo cuando solo el 40% se gradúa de secundaria. Poseemos más de 150.000 jóvenes que no estudian ni trabajan. Tenemos que cambiar nuestro modelo educativo para lograr incorporar a más muchachos en las nuevas oportunidades que ofrece el mercado laboral.

No debemos aceptar los intolerables índices de paro, con la creciente frustración para un importante sector de nuestros jóvenes, que ven malogradas sus expectativas laborales y esperanzas. No podemos invertir el 7,8 % del PIB en educación y no exigir calidad, austeridad y pertinencia.

No debemos seguir generando profesionales, técnicos y egresados de colegios técnicos y académicos que por carencias de otros idiomas o habilidades profesionales no encuentran trabajo.

Hay que hacer contratos de profesionalización y aprendizaje ligados a nuestro actual modelo de desarrollo. Tenemos que crear un enfoque práctico e innovador e incorporar encuentros de los jóvenes y las autoridades educativas con los empresarios.

Es relevante aprobar el proyecto de educación dual para muchos jóvenes que aprenderán nuevas destrezas para incorporarse al sector productivo.

Hay que reformar el aprendizaje, reforzar la movilidad de los jóvenes, incentivar el emprendimiento con un acompañamiento reforzado y formar jóvenes para que trabajen en esta economía tan cambiante que requiere mucho esfuerzo y capacitación. Algo no está bien cuando más del 50% de nuestros jóvenes lo que aspiran es a incorporarse a trabajar en el sector público.

Transformación del Estado. Tenemos que buscar cómo transformar nuestro modelo de Estado. Es necesario dar nuevos aires a nuestra sociedad, que exige renovación, eficiencia, ahorro, ética y solidaridad.

Necesitamos actuar urgentemente en buscar acuerdos para evitar caer en una grave crisis económica, social y política. No debemos satanizar los acuerdos políticos transparentes y participativos de los partidos.

Hay que rescatar los valores y la legitimidad de la política y no calificar a todos los políticos de corruptos. Tenemos que romper el actual statu quo de los partidos políticos, abriendo el camino a una nueva forma de hacer política e incorporando nuevas ideas, valores y espacios a las nuevas generaciones.

Hagamos una hoja de ruta como nación, que nos indique adónde queremos ir y lo que queremos ser. De algo tenemos que estar claros: mientras no tengamos una meta o proyecto colectivo se van a perder las oportunidades y las esperanzas por un país mejor. Un país que ofrezca soluciones en donde prevalezca la solidaridad a todos los grupos sociales.

Nuestros problemas como sociedad solo serán resueltos a partir de la recuperación de la confianza mutua y nuestra capacidad de sumar fuerzas para lograr fines colectivos.

Hoy nos toca reinventarnos sin olvidar nuestras raíces, principios y cultura. Encontremos una nueva estrategia que no solo resuelva el actual problema fiscal, lo importante es buscar soluciones sostenibles e integrales.

Pacto social. Los partidos políticos y sus líderes tienen que recuperar la confianza de la sociedad, que se logrará con mayor transparencia, mayor cohesión social y mayor responsabilidad. No podemos aceptar que la brecha social se siga ampliando, tampoco el creciente mercado informal y el alto desempleo juvenil.

No debemos aceptar que sigamos endeudándonos para mantener los actuales privilegios de unos pocos empleados en el sector público. No propiciemos instituciones que no tienen vialidad y eficiencia, en la actual realidad social y económica. No podemos seguir gastando más de lo que producimos. Tenemos que establecer un programa de austeridad que permita racionalizar el gasto público.

Parece que el 2016 será un año perdido. La desocupación, la informalidad, la deuda creciente, los problemas fiscales y la falta de acuerdos no se visualizan en el Congreso.

No podemos dejar que ingresemos a una crisis como la de los años 80, cuando la pobreza se triplicó y la producción se contrajo aceleradamente. No deberíamos aceptar que el mercado termine ajustando la estructura del gasto y seguir estrujando al sector productivo, que es el que genera riqueza. Hay que dejar de estar aumentando irresponsablemente el gasto público y la deuda alegremente.

Tenemos que aprovechar los bajos precios del petróleo e intereses para hacer los ajustes. No podemos aumentar el gasto público para estimular el crecimiento de la demanda interna.

Es improbable que los factores externos favorables se mantengan por muchos años. Si el Estado no disminuye su déficit, será imposible sostener el tipo de cambio y cada vez habrá menos recursos para el sector productivo. No podemos seguir en la actual fiesta de privilegios que al final absorbe todos los recursos.

Las reformas importantes tienen un gran costo político para quien las implemente, pero debemos hacerlas, de otra forma tendremos otro año perdido. No podemos decir alegremente que estamos creciendo un 4% anual sin crear más y mejores empleos. Tampoco podemos hablar de crecimiento sostenible si no resolvemos los actuales problemas de competitividad.

El autor es ingeniero.