Opinión

Un acuerdo posible

Actualizado el 30 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

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Pienso que he sido sumamente afortunado en mi vida al haber logrado acuerdos de gran importancia para la humanidad. El Plan de Paz que firmamos los cinco presidentes centroamericanos en agosto de 1987 no fue una tarea fácil: implicó un enorme esfuerzo de mi parte convencer a los militares, a las cancillerías y a los gobernantes que dependía de nuestra voluntad y de nuestro coraje cambiar la historia de Centroamérica, a pesar de la presión que ejercían las superpotencias para que el Plan de Paz no se firmara.

Acuerdos. El otro gran acuerdo es el Tratado sobre el Comercio de Armas que entrará en vigencia el próximo 24 de diciembre. En la década de los noventa, la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano redactó un código de ética sobre la transferencia de armas, cuando contemplamos cómo el armamento que enviaron los países industrializados a las partes en conflicto en nuestra región quedó finalmente en las manos de los jóvenes que integraron los ejércitos y los movimientos guerrilleros.

En 1997 convoqué a varios premios nobel de la paz en la ciudad de Nueva York para solicitarles el apoyo para dicho código. De igual manera, buscamos el apoyo de innumerables organizaciones no gubernamentales de gran prestigio. Con el tiempo, nuestro código de ética se convirtió en un tratado sobre el comercio de armas. Cuando los costarricenses me honraron eligiéndome presidente por segunda vez en el 2006, introdujimos dicho tratado en el seno de las Naciones Unidas para su discusión y eventual aprobación. Nunca me imaginé entonces que, siete años después, la Asamblea General de la ONU lo aprobaría y que hoy ha sido ratificado por más de 50 países.

Durante mis dos administraciones también tuve la fortuna de alcanzar acuerdos importantes que contribuyeron a mejorar el bienestar de la familia costarricense con algunos partidos políticos de oposición. Un compromiso que adquirí durante mi primera campaña se convirtió en ley en los primeros meses de gobierno cuando se aprobó el Banco Hipotecario de la Vivienda, gracias al apoyo del Partido Unidad Social Cristiana. Igualmente, durante mi segunda administración, la aprobación de las 14 leyes de implementación para que el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica, los Estados Unidos y la República Dominicana pudiera entrar en vigencia se logró con el respaldo que recibimos de los partidos de oposición: Movimiento Libertario, Unidad Social Cristiana y algunos otros minoritarios.

El Partido Acción Ciudadana, que desde su fundación ha predicado el exigirles a los partidos políticos que ganan una elección cumplir con su promesas de campaña, porque es corrupción no hacerlo, lamentablemente no me facilitó el camino para lograr las aperturas en telecomunicaciones, seguros y generación eléctrica, que fueron parte de mis compromisos con el electorado.

Recordar algunas cosas. Con motivo del debate que se ha suscitado en torno a la aprobación del presupuesto para el año entrante, vale la pena recordar algunas cosas. El déficit fiscal del último año de la administración de don Abel Pacheco fue de un 2,1% del producto interno bruto (PIB), el cual lo logramos reducir al 1,1% en el 2006. Gracias a la confianza que logramos infundir y a que, tal y como lo habíamos ofrecido, pusimos a Costa Rica a caminar de nuevo, en el 2007 y en el 2008 alcanzamos elevadas tasas de crecimiento económico que nos llevaron a transformar el déficit en un superávit del 0,6% y 0,2%, respectivamente. Con las medidas que adoptamos en el Plan Escudo para enfrentar la profunda crisis económica que vivió el mundo a partir del 2008, terminamos el 2009 con un déficit fiscal del 3,4% del PIB. La deuda pública del Gobierno Central, que en el 2005 llegó a representar un 38% del PIB, la logramos reducir paulatinamente hasta el 25% en el 2008, subiendo de nuevo, con la crisis, al 27% y 29% del PIB en los años 2009 y 2010. Como se puede ver, la reducción del déficit y, consecuentemente de la deuda pública, fue sustancial.

Y todo esto lo logramos habiendo capitalizado al Banco Central con ¢84.934,2 millones, habiendo firmado en el 2007 un arreglo de pago con la Caja Costarricense de Seguro Social por ¢185.110,2 millones que se cancelaría del 2008 al 2020, habiéndole transferido cuantiosos recursos a las municipalidades para su fortalecimiento y, finalmente, habiendo capitalizado a los bancos del Estado, en plena crisis, con la suma de ¢64.904,7 millones.

Una propuesta. Hoy, cuando debatimos, una vez más, entre imponer nuevos tributos y recortar gastos del presupuesto que debe aprobar nuestro Parlamento para el 2015, quiero, respetuosamente, hacer una reflexión y sugerir una propuesta. La idea del Gobierno de enviar el proyecto del IVA en diciembre y una reforma al impuesto sobre la renta en el 2015 no la considero viable. ¿Querrán los señores diputados aprobar hoy nuevos impuestos indirectos y dejar para el futuro la aprobación de nuevos impuestos directos que hagan más progresivo, como es necesario, nuestro sistema tributario? ¿Qué sucede, si, eventualmente, en el 2015 no se acepta la modificación del impuesto sobre la renta? Entonces, quedaríamos con un sistema tributario más regresivo e injusto, lo cual es inaceptable.

Mi propuesta es la siguiente: disminuir el déficit durante los próximos 2 años (2015 y 2016) en un 5% del PIB, donde un 3% se obtenga con nuevos tributos y el otro 2% con reducción del gasto. Para adquirir este compromiso, el presidente de la República debe integrar un “grupo de trabajo” con representación de los partidos políticos, del sector privado, de los sindicatos y del Gobierno.

Costa Rica requiere un “Pacto de la Moncloa”, como lo hizo España en la transición. Un pacto que satisfaga a los dos bandos: los que solo quieren nuevos impuestos y los que únicamente pretenden reducir gastos. Creo que esta solución salomónica sería no solo un triunfo para el Gobierno, sino también para Costa Rica. Este es un acuerdo posible.

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