El Acuerdo de París lleva a debates energéticos en un contexto ya de por sí cambiante

 5 junio

Ha dado inicio una nueva etapa de acción climática impulsada por nuevos liderazgos. Gobiernos, empresas, científicos y ciudadanos apoyan hoy una gran transición energética a favor de fuentes renovables. En este contexto, el presidente Donald Trump anunció su propósito de retirar a EE. UU. del Acuerdo de París. Aunque esto no ocurriría formalmente hasta el 2020, la señal política ya fue enviada al mundo y ahora más que nunca es indispensable ponerla en su debido contexto.

Es posible hacer un análisis no centrado en el presidente Trump, sino más bien en un fenómeno común a cada país: la resistencia al cambio. Las renovables se han vuelto “imparables”, como lo decía el Financial Times hace poco, y esto tiene consecuencias.

Las empresas vendedoras de combustibles fósiles, incluso las más grandes, se sienten amenazadas, a veces más de lo que admiten. Los combustibles fósiles han dominado la infraestructura energética desde la Revolución Industrial y esta gran disrupción crea ansiedad. ¿Qué pasará con los trabajadores? ¿Qué pasará con las ganancias? ¿Qué pasa si China o la India ganan en renovables y mi país pierde? Son preguntas legítimas.

Además, cabe notar que el Acuerdo de París lleva a debates energéticos en un contexto ya de por sí cambiante, dado el ascenso de países emergentes como China y la India. Eso suma a la ansiedad, sobre todo en EE. UU. No hay fórmula para enfrentar una transformación de esta magnitud. Pero sí requiere líderes políticos, empresariales y civiles valientes y audaces, pues la solución no será negar la realidad ni la ciencia. Tampoco la solución es aferrarse al petróleo, al gas natural y al carbón y descarrilar la transición a las renovables. En cada país, ese aferrarse es también generacional.

Coaliciones ganadoras. Las transiciones requieren alianzas entre líderes de diversos campos. Ante la resistencia se deberán demostrar los beneficios de un modelo anclado en fuentes limpias. Ante la insistencia de que son “caras” se deberá insistir en datos que derrumben mitos. Ante el cortoplacismo, insistir en las tendencias como las crecientes economías de escala que abaratan las tecnologías limpias cada año.

No estamos en un mundo lineal, y por ello las proyecciones energéticas, por ejemplo de petróleo, requieren un ojo escéptico dado que siempre concluyen que el mundo seguirá sin cambios.

Una apuesta por la salud. La acción climática anclada en renovables protege la salud humana. El cambio climático puede acabar con vidas de inocentes. La contaminación del aire por el transporte sucio multiplica las muertes prematuras. La quema del carbón crea riesgos para sus trabajadores. El fracking (para extraer gas natural) puede dañar la vida cotidiana de las comunidades aledañas.

La nueva agenda urbana. Entre los grandes aliados del Acuerdo de París están los campeones de modelos de ciudad sostenible: más caminables, con ciclovías y transporte público, con vehículos y buses eléctricos y resilientes a impactos climáticos.

Hoy, el desafío de esta década para los políticos será rendir cuentas por sus prioridades: si dicen que no hay fondos para descongestionar la ciudad ni para invertir en transporte público, ¿por qué sí buscan fondos para proyectos muy caros y extractivos a favor del petróleo o del gas? Cada vez más ciudadanos dirán: ¿Por qué no usar esos fondos primero para un tren o un metro?

Compatibilidad. Los planes energéticos de una nación deberán ser compatibles con las metas del Acuerdo de París (y los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con energía y clima) y que sea de forma explícita no simbólica.

De igual forma, las relaciones bilaterales y las propuestas de atracción de inversión extranjera directa deberán contribuir a los objetivos de forma que se tome en serio el acuerdo climático con la formalidad que se toma uno comercial.

No nos centremos en Trump. El joven presidente Emmanuel Macron ya simboliza un nuevo estilo de líder sin titubeos ante el reto climático. China resguarda el Acuerdo con una inversión de $360.000 millones en energías renovables. Ángela Merkel persevera con una reforma energética sin precedentes, Energiewende.

Se suma el presidente Modi con el anuncio insólito de que la India venderá solo autos eléctricos en 13 años. El gobernador de California, Jerry Brown, y Michael Bloomberg, exalcalde de Nueva York, han propuesto ideas innovadoras para cumplir con el Acuerdo de París a pesar del Gobierno federal.

Nuestra compatriota Christiana Figueres hizo una defensa impecable del Acuerdo ante los medios internacionales. El presidente Solís también se mantuvo firme. Estamos en medio de una gran disrupción y Costa Rica tiene mucho que ganar si la aceleramos.

La autora es economista, especialista en desarrollo y cambio climático.