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Los acueductos de la vida

Actualizado el 09 de enero de 2013 a las 12:00 am

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Los acueductos de la vida

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Un acueducto es un conducto artificial para trasladar agua para consumo humano de una fuente a las viviendas, comercios, escuelas y otros. Un sistema de abastecimiento es más complejo; en algunos de ellos se necesitan equipos de bombeo para impulsar el agua a los tanques de almacenamiento y de estos a la red de distribución para abastecer nuestras vivienda. Lo más importante es que el preciado líquido esté libre de microorganismos y sustancias químicas tóxicas que afectan la salud de los usuarios.

La construcción de los sistemas de abastecimiento de agua se inició en el año 700 A. C., por Senaquerib, rey de Asiria, quien mandó a construir un acueducto para que abasteciera su capital Nínive. En el continente americano, los indígenas construyeron acueductos para suministrar agua a sus centros de población; los aztecas, mayas, incas y huetares elaboraron sofisticados acueductos; el último grupo se ubicó en Costa Rica: digno ejemplo de lo realizado es el acueducto de Guayabo en Turrialba.

A pesar de la construcción artificial de estas obras, al estar constituido el planeta Tierra y la mayoría de los seres vivos por más de 70% de agua, la madre naturaleza ha diseñado y elaborado acueductos naturales. En forma de analogía, hemos establecido varias comparaciones entre los acueductos artificiales y los acueductos naturales internos de nuestro organismo, los cuales, guardando sus diferencias, funcionan con gran semejanza. Podemos citar como ejemplos los sistemas circulatorio y nervioso; el primero tiene como fuente de abstecimiento la sangre, un 83% de agua ubicada en la médula ósea; un excelente equipo de bombeo, el corazón, que trabaja con electricidad para impulsar la sangre por las arterias o “tubos madres” hasta las arteriolas que sirven como “previstas” para llevar la sangre y los nutrientes a las células de los diferentes órganos del cuerpo.

El segundo acueducto es el cerebral o del mesencéfalo, conocido como el “Acueducto de Silvio”, que comunica el líquido cefalorraquídeo, entre el tercer y cuarto ventrículos cerebrales, proceso esencial para el funcionamiento del cerebro y nuestro cuerpo humano.

En las analogías expuextas en estos dos ejemplos, entre un acueducto artificial y un acueducto natural, quizás lo más importante como colorario es que, dependiendo de la forma como funcione y de las características del líquido que conducen, así será la salud de la población abastecida en el caso de los sistemas artificiales; y, con respecto a los acueductos naturales, de esto dependerá la salud de nuestro organismo. Ambos tipos de sistemas pueden conducirnos hacia la vida o la muerte. Es decir, en óptimas condiciones, son los acueductos de la vida ya que su mantenimiento preventivo y operativo mejorará la salud pública y la calidad de vida de los seres humanos.

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