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Actualizado el 22 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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Durante los debates de los candidatos electorales, en varias ocasiones, don Otto Guevara afirmó que el gobierno del expresidente Abel Pacheco había cerrado con “superávit fiscal”. El señor Rodolfo Piza dijo que lo había dejado en “equilibrio fiscal”, aunque a veces le adjudicó superávit. Don Johnny Araya guardó silencio.

El año 2005, último año fiscal de la Administración Pacheco de la Espriella, el déficit del Gobierno central fue del -2,1% del PIB. En el año 2006, primer año fiscal de la Administración Arias Sánchez, gracias a algunas decisiones de Hacienda, logramos reducir ese déficit al -1,05% del PIB. La mejora recaudatoria que tuvimos ese año, la aplicamos a bajar la deuda; no la usamos para aumentar el gasto.

En el año 2007, tuvimos el primer superávit fiscal en muchos años: 0,57% del PIB. Y ya estábamos financiando el programa Avancemos , mejorado las pensiones no contributivas, dimos dinero a municipios, a las asociaciones de desarrollo, a la cultura, y a otras inversiones. Capitalizamos al Banco Central.

En el 2008, experimentando la crisis económica, cerramos por segundo año con superávit del 0,19% del PIB. Seguimos financiando aquellos programas y, además: empezamos a mejorar los salarios de los profesionales del Gobierno central, a pagar deuda a la CCSS, capitalizamos los bancos del Estado y financiamos un programa nacional de alimentos.

Para el 2009, último año fiscal del gobierno de don Óscar Arias, cuando vivimos los efectos completos de la recesión, cerramos con un déficit del -3,4% del PIB, cifra levemente superior a la negociada con el Fondo Monetario Internacional (FMI), un -3,2%.

La suma de los cuatro años de la Administración Arias Sánchez da un acumulado del -3,69. Esto permitió bajar la deuda pública del 55,1% del PIB, en diciembre de 2005, al 42,5% del PIB, en diciembre del 2009. Casi 13 puntos menos, y en medio de la mayor crisis económica, después de la Gran Depresión de 1929.

Otra historia. El 2010, primer año fiscal de la Administración Chinchilla Miranda, y producto de decisiones de la política hacendaria, cerró con un déficit de -5,14% del PIB. Destaco dos aspectos sobre este particular. Primero: desde la precampaña, durante la campaña y en los primeros meses de su gobierno, doña Laura dijo que no haría una reforma fiscal, y perdió tiempo. Segundo: en el último trimestre de ese 2010, el Ministerio de Hacienda autorizó gastos adicionales por un monto cercano al 1% del PIB.

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Obviamente, esa cantidad de dinero no se puede gastar en tan poco tiempo. Los registraron como gastos del 2010, y los gastaron en los años posteriores. Los recursos quedaron registrados en la caja única. La Contraloría lo detectó y les dio, como se dice popularmente, un “jalón de orejas”.

A veces pienso que tomaron esa decisión para registrar un déficit abultado y, así, justificar el cambio de posición del Gobierno sobre la necesidad de la reforma. Terminó enviando, no uno, sino dos paquetes, y el año pasado sacaron el “diálogo fiscal”.

En el 2011, se cerró con un déficit del -4,07% del PIB. El año siguiente cerró con un déficit del -4,41%; y el 2013, último año fiscal de la actual administración, cerró con un déficit del -5,4%. Por lo tanto, la suma de los 4 años de la Administración Chinchilla Miranda da un acumulado del -19,02, un enorme contraste con nuestros resultados. Igual situación tenemos con la deuda pública que subió del 42.5% del PIB (que dejamos en el gobierno de don Óscar) al 54.6%, en diciembre del 2013. Cerca de 12 puntos arriba de como la entregamos y, lamentablemente, muy cerca del resultado que dejó el gobierno de don Abel.

Don Otto y don Rodolfo usaron las cifras equivocadamente, o no dijeron verdad: los superávits fiscales se vivieron por dos años seguidos en el segundo gobierno de don Óscar Arias. Don Johnny, repito, no habló, tal vez porque no conocía estas cifras, o quizás porque quiso excluir al arismo de los logros del partido, por lo menos al principio de su campaña. Quedó atrapado.

Si tres candidatos a la presidencia de la República ignoran la información, es necesario recordársela a ellos, y desde luego, a los demás compatriotas. Estos son los datos. Pasadas las primeras elecciones, es un buen momento para aclarar la confusión.

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