Opinión

¿Por qué acepté la candidatura a la vicepresidencia?

Actualizado el 19 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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¿Por qué acepté la candidatura a la vicepresidencia?

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En una época en la que se duda de la existencia de personas que quieran servir de buena fe a su país, y no servirse, y en la que entrar en política es, per se, motivo de sospecha, ¿por qué alguien en su sano juicio aceptaría cambiar su vida privada por una sometida al escrutinio más feroz –a veces morboso– y al descrédito público gratuito?

Las razones para semejante decisión pueden ser de diversa naturaleza, pero solamente mencionaré las que me motivaron a mí a aceptarle a Otto Guevara su petición de acompañarlos a él y a don Thelmo Vargas en la papeleta presidencial del Movimiento Libertario.

Me motiva, primero, el amor. Amor a Dios, que me ha impulsado siempre a esforzarme por dar lo mejor de mí en cualquier ámbito. A mis hijos, porque quiero para ellos un país donde haya oportunidades de trabajo y de desarrollo individual y social. Al prójimo, porque deseo contribuir en lo que esté a mi alcance para que todos tengamos la mejor calidad de vida posible. A mi país, por el cual estoy dispuesta a luchar por mantener nuestra paz social, una democracia cada día más representativa y la defensa de nuestra soberanía, que se ha visto gravemente violentada.

Me resisto a ser una simple espectadora, a permanecer despreocupada y pasiva cuando parece que en Costa Rica el tiempo se ha congelado, que el reloj del progreso se ha detenido, y, en algunos aspectos, camina para atrás.

Me motiva la coherencia entre el discurso y la acción. He creído siempre, como dijo Gandhi, que uno mismo debe ser el cambio que quiere ver en el mundo. Si permitimos que otros decidan y actúen por nosotros, no podemos esperar los resultados que queremos, sino los que esos otros quieren o pueden dar. Pasar de la palabra a la acción, si se tiene la oportunidad de hacerlo, es un imperativo de congruencia.

Tengo claro que ese cambio no lo puedo lograr sola ni con un puñado de personas. Por eso, si la decisión de una ciudadana común como lo soy yo, de sumarse al esfuerzo por reconstruir este país, sirve para motivar a otros ciudadanos a hacerlo, cualquier sacrificio valdrá la pena.

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Me motivan también mis convicciones democráticas. Creo que la alternancia en el poder es requisito fundamental de una democracia saludable y funcional. Me parece muy peligroso que un solo partido político monopolice el poder por más de dos períodos, y dejemos pasar por alto los escándalos de corrupción, las condiciones de rezago económico, el deterioro en infraestructura y la caída en los índices de desarrollo humano y social en que ese partido ha sumergido al país.

Por otra parte, estoy convencida de que, para recuperar la credibilidad del poder político y su capacidad de gobernanza, Costa Rica requiere mayor participación ciudadana en la toma de decisiones fundamentales y una reforma del sistema político electoral. Y el Movimiento Libertario está dispuesto a impulsar el consenso nacional necesario para lograr esa transformación en un plazo razonable.

Es un honor y un privilegio poder trabajar desde un alto cargo de gobierno, como es una vicepresidencia. Pero no da igual hacerlo con cualquier equipo, agrupación política o ideología. Por eso acepté promover el cambio dentro de un partido joven, dinámico, pujante, que desde su nacimiento ha crecido consistentemente, abriéndose campo en medio de los dos grandes grupos que dominaron la escena política hasta hace unos años, y que está claro que cumplieron su ciclo de vida útil. Le dieron al país lo mejor que podían darle y ya es hora del relevo.

Es hora de darle el poder a un partido que no vea al Estado como un fin en sí mismo, sino como un medio fundamental al servicio del ciudadano, un partido que tiene la dignidad del ser humano como centro de todas sus acciones, y cuyos militantes tienen una fuerte vocación transformadora y una mística que les ha permitido fortalecerse y crecer ante las derrotas. Que no temen admitir cuando se han equivocado y han aprendido de las experiencias. Una agrupación que, con el crisol del tiempo y de varias contiendas, ha comprendido que nuestra nación está fracturada y necesita que se construyan puentes entre los diversos actores políticos y sociales.

Por último, y no por eso menos importante, me motiva ser, junto con don Thelmo Vargas, la compañera de lucha de Otto Guevara en su empeño por transformar a Costa Rica en el país más desarrollado de América Latina, y en el mejor país para vivir. En este momento crucial para nuestra nación –porque es definitorio para el progreso o para el retraso–, además de buenas ideas, buenas intenciones y buenos equipos de trabajo, necesitamos una persona madura, audaz, perseverante, competente y con metas claras, un líder con las destrezas y la preparación necesarias para gobernar. Y ese es Otto Guevara.

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Es hora de dejar atrás el pesimismo y la apatía, pues en este país hay abundancia de ideas y de iniciativas valiosas. Y sé que este es el partido dispuesto a dar oportunidad a los liderazgos nuevos, y es el idóneo para recoger y materializar esa pluralidad de aportes en beneficio de todos los costarricenses. Por eso estoy dispuesta a participar con entusiasmo e ilusión en esta gran oportunidad que a partir de hoy se le abre a Costa Rica.

Acepté la candidatura a la vicepresidencia porque creo que Otto Guevara y el Movimiento Libertario son el único equipo capaz de producir el cambio que quiero para Costa Rica.

Abril Gordienko López, candidata a la vicepresidencia por el Movimiento Libertario.

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