Opinión

Se acabó el bloqueo

Actualizado el 07 de enero de 2015 a las 12:00 am

Opinión

Se acabó el bloqueo

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

El 10 de octubre de 1961, un grupo de costarricenses, entre quienes se encuentra mi madre –que entonces no había llegado a sus 20 años–, publicó en un “campo pagado” una carta pública al presidente Mario Echandi.

Dice el texto:

“De regreso a nuestra patria, después de recorrer toda Cuba, de convivir con su pueblo y de haber podido palpar la gran obra de construcción material, intelectual y moral que está llevando a cabo el Gobierno Revolucionario de ese hermano país, queremos ratificar nuestra opinión de que el rompimiento de relaciones diplomáticas de su Gobierno con el de Cuba, tomando como pretexto el fusilamiento de cinco criminales de guerra, es uno de los actos más injustificables de la diplomacia de nuestro país.

“Esperamos, señor Presidente, que su Gobierno no favorezca las corrientes antihumanas que están promoviendo una nueva agresión contra Cuba, la que conduciría a un inmenso sacrificio de sangre, ya que todo el pueblo cubano está dispuesto y preparado para repeler cualquier agresión o morir en defensa de su patria, como murieron nuestros abuelos cuando la agresión yanqui a nuestro territorio en 1856.

“Al pisar suelo tico, declaramos que haremos todo lo que nos permita la Constitución y las leyes, para dar a conocer nuestras experiencia de la gran revolución cubana y que haremos esfuerzos para que se vuelvan a establecer relaciones diplomáticas normales entre ambos países”.

Habían sido invitados por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, y, ante la noticia de futuros grupos que viajarían a Cuba, el Gobierno advirtió –según noticia de prensa– que “vigilará todos los movimientos de los viajeros a su regreso a Costa Rica”. Consecuencias nacionales de la Guerra Fría y el bloqueo a Cuba, en uno de sus puntos más álgidos.

El tiempo fue pasando. En el país, cada año se anunciaba el fin del régimen cubano. Berta Gerli regaló la emblemática gran campana del Movimiento Costa Rica Libre, para anunciar la caída de Fidel Castro, que nunca llegó a sonar.

Mientras tanto, yo crecí oyendo sobre Fidel: lo guapo, inteligente y buen orador que era. También las añoranzas de mamá de esa Habana que nunca volvió a pisar, y, en especial, del malecón y del –inconfundible y delicioso– olor a tabaco.

Cada cual tiene sus ideales y sus ídolos de juventud. Fidel ha sido el ídolo permanente de mamá por más de medio siglo. Por eso, para mí, el término del bloqueo y el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba conlleva múltiples alegrías: es otro muro que cae, pero también es poder vivir con mi madre su anhelo de juventud hecho realidad: el respeto a un pueblo que decidió una forma de gobierno político.

Guardo la esperanza de que, en este siglo, sigan cayendo, uno tras otro, los muros de la intolerancia y el irrespeto.

  • Comparta este artículo
Opinión

Se acabó el bloqueo

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota